Skip to main content

Full text of "nin_-_estudios_sobre_jesus_y_su_influencia_1906_"

See other formats


NIN BÍ$3S> 

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE MONTEVIDEO 

Estudios sobre Jesús y 

su influencia Noviembre IS06 

,'C02Í Ülí PROLOGO de JOSE E. BOBO) 




La presente obra está sujeta a los derechos derivados de la Ley de Propiedad Intelectual. La 
FBVMC ha intentado localizar a sus titulares, herederos o causahabientes del autor, y a la 
editorial donde fue publicada, pero el resultado ha sido infructuoso. Si algún usuario de la 
BVMC tiene noticia de la existencia de los titulares de estos derechos, le rogamos que se 
ponga en contacto con nosotros para proceder a solicitar las correspondientes autorizaciones. 



1)U DlCTIONNAIUE INTERNATIONAL DES ECRIVAINS DU MON- 
DE Latín. 

Littérateur ct critique, journaliste et professeur, a re- 
vélé, dans son jeune age, un rare talent, un esprit original 
et une érudition peu commnne. 

Né á Montevideo, il a fait son éducation en Angleterre, en 
Belgique et en Suisse, se formant á Técole critique et positíve 
des Taine et des Carlyle. Mais son positivismo n’est jamais pe- 
simiste: sa visión de beauté ctde vérité 1’ emporte toujours: “j’ai- 
me lesuggestif” dit-il; la suggestion du bien, la suggestion du 
beau, íont de ce jeune liomine, un intellectuel exquis. 

II a fondé á Montevideo la Société Cervantes, et il travaille 
avec touteson ardeur á relever le niveau intellectuel desonpays. 
La critique littéraire a accueilli avec entliousiasme les premier s 
essais de ce jeune et puissant littérateur, qui semble destiné a 
jouer un role considerable et bienfaisant dans 1’ Uruguay, 

Sur les traces de ces deux maitres Renán et Taine, il 
atteindra á son toar les liautenrs. 

On lili doit aussi un essai en Fraileáis sur la religión de Taine 
(1900), un essai sur Cero antes 1 900, áToccasion de la création de la 
société litteraire Internationale de cenom; mais surcout des “Ensa- 
yos de crítica é historia y otros escritos” (1902) 309 page$. “Nue- 
vos ensayos de crítica” (1904) .250p^es.Alafindecetmtéressant 
volunte, se trouve une bibliographie complete des écritsdecejeune 
et brillan t littérateur en voie de devenir á son tour un maitre. 

On lui doit en plus TArbre, livre de lecture pour les écoles 
primaires de sonpays, en vuede la propagande pacifiste. Ce li- 
vre est pieuseument dédié ti la mémoíre d’Elisée Réclus et á la 
sympathie pour son írére Onésime, deux auteurs favorita du 
jeune écrivain. 

En outre il a publié cette année 1906: Etudes sur Jesús 
et son influence, 120 pages; Essai sur la vie de Tétudiant et 
ses rapports avec la morale qui a été le sujet d’une con- 
térence donnée á TUniversité de Montevideo (1906); en ce 
moment il prepare un volume avec ses meilleurs essais edi- 
té par la maison Sempere de Valence, (Espagne); et un étnde 
sur le celebre styliste et penseur uruguayen, L E. Rodó. 

Ajoutons qu’il y a quelques jours le grand journal argentin 
“La Nación” a publié un article lort important de Nin Frías. Or, 
chacun sait avec quel soin l’organe de Buenos-Aires trie les 
trovan x qui lui sont remis. Accueillir Voeuvre de Nin Frías 
cMast un non vean et serienx Itommage qui lui a été rencln, 

Home , HHHi 



INTRODUCCIÓN 


Si se me pidiera una fórmula que caracterizase en bre_ 
ves términos el espirita del autor de los “Nuevos Ensayos 
de Crítica literaria y filosófica”, diría simplemente; “Al- 
berto Nin Frías es uno de los pocos orientales con quie- 
nes se puede mantener una conversación que dure más de 
diez minutos sobre puntos de filosofía, de literatura ó de 
arte.” Me explicaré, para que no se atribuya á mis palabras 
un sentido que no tienen. No significa esto negar que exis- 
tan, y basta abunden, entre nosotros, en relación con lo 
limitado del ambieute, los espíritus capaces de conversar 
con conocimiento, discreción y gracia, sobre esos ó pareci- 
dos temas. Lo que falta es la persistencia del interés. Si 
se inicia una conversación con un espirita criollo, por culto 
que sea, sobre cuestiones de tal índole, al breve rato la 
inevitable tangente elude el círculo de la conversación con 
esta fuga desconcertadora:"— Y á propósito: ¿qué ha oido 
Yd. decir de Mariano Saravía?...” ó bien;" — ¿Quien se lle- 
vará la senaturía por el departamento de Tal?” “—¿Qué 
liarán los blancos en Noviembre?” etc. etc. 

Alberto Nin Frías habla poco de Mariano Saravia y de 
lo que harán los blancos en Noviembre, y en cambio habla 
mucho, y muy bien, de libros nuevos; de ideas literarias, fi- 
losóficas y religiosas; de obras artísticas; de recuerdos de 



viaje, y de otras cosas de que no suele hablarse en los fo- 
gones de los campamentos ni en las tertulias de los clubs 
políticos. 

No hace mucho tiempo que, comentando otro libro de 
Nin Frías, señalaba yo lo diferente, y aun opuesto, de nues- 
tros respectivos puntos de partida, en nuestra orientación 
ideal. El procede (decía) del protestantismo, yo del helenis- 
mo; pero después de notar esta diferencia, agregaba que, á 
pesar de ello, nuestros espíritus se aproximaban más cada 
día y convergían á un misino término, porque toda gran 
ruta ideal, no importa cuál sea, lleva en dirección á la armo- 
nía, á la amplitud, á la comprensión de todo lo bueno, á al 
amistad con todo lo hermoso. 

. Y he aquí qne ha llegado la ocasión de que luchemos 
juntos; porque esta es la hora en qne me ha tocado asumir, 
contra ciertas tendencias, la defensa de la tradición cristiana 
y del ideal cristiano, á pesar del paganismo de mi ima- 
ginación y de mi gusto artístico. 

He explicado recientemente cómo cabe participar sin 
contradicción de ambas devociones. La obra de Grecia perdura 
en lo mejor de nuestra mente: es el sentido de lo bello, la in- 
vestigación metódica, el pensamiento libre. Sin la persistencia 
de esta obra, el cristianismo sería un veneno que consumiría 
hasta el último vestigio de civilización. Las esencias más sa- 
lutíferas, los específicos más nobles, son terribles venenos, to- 
mado sin medida ni atenuante. Es una gota de ellos lo que sal- 
va; pero no por ser una gota, deja de ser la parte esencial en 
la preparación en que se les administra. Lo que en la redoma 
del farmacéutico da el olor aromático, el color, la eficacia 
medicinal, la virtud tónica, es á menudo una gota diluida en 
muchas partes de agua. El agua fresca y preciosísima, el agua 
pura de la verdad y la naturaleza es loque Grecia ha sumi- 
nistrado al espíritu de nuestra civilización. Agradezcamos es- 
ta agua; pero no desconozcamos por eso la gota de quinta esen- 



III 


da que la embalsama y le da virtud de curar y la guarda de 
que se corrompa. 

Ambos principios han llegado á reunirse en la comple- 
xidad de nuestra alma, en nuestro concepto de la vida; pero 
no sin conflicto frecuente, no en síntesis perfecta y estable 
sino más bien como mezcla que sólo se consigue por la 
tenaz agitación del vaso en que los dos elementos se con- 
tienen. La concordia definitiva, la unión íntima y segura, 
¿es asequible y se producirá alguna vez? Cabe esperarlo de 
esta misteriosa alquimia que tiene por laboratorio el tiempo 
y por material las ideas y los sentimientos humanos. 

Uno de los conductores : de almas, que en nuestro am- 
biente, pueden cooperar con más eficacia á esa tarea es, 
sin duda, Nin Frías. Pertenece al escaso número de los es- 
critores que, en nuestro idioma, tratan con. amor y conciencia 
el problema religio so, (así lo lia .reconocido Unárauno) 'y suyo 
■¡es principalmente el mérito de haber atraído á ese alto objeto la 
atención de nuestra juventud. Su interpretación y comprensión 
del cristianismo es amplia, delicada y profunda, y no excluye 
un vivo, y justo sentimiento .del espíritu clásico. Este cris- 
tiano sabe el modo de sacrificar,, sin inconsecuencia, en el 
altar délas Gredas. Tiene un hondo sentido moral y religio- 
. so, y tiene además un clapo sentido de lo bello. Forma parte de 
ese simpático grupo evangelista que cuenta en nuestra juventud 
con espíritu? tan generosos y bien dotados como los de Santin 
y César Eossi. Martínez Quiles, Nin y Silva, Emilio Gülardo, 
etc. Bien sabe Nin Frías— y no hay porqué callarlo aquí— que 
yo no creo en el acierto y eficacia de este movimiento, tal como 
está encauzado T y supeditado á una ortodoxia religiosa. Com- 
prendo y aplaudo el fondo cristiano; pero no me explico el 
apego á dogmas que constituyen una u impedimenta" entrampa- 
ra la propaganda racional, ni me place la vinculación con el 
carácter protestante, que creo que no se adaptará jamás — por 
razones étnicas invencibles— al ambiente de nuestros pueblos, 



y que, históricamente representa ana tradición contraria a las 
raíces de nuestro espíritu, al genio de la raza, á las voces 
que gritan desde cada gota de la sangre de nuestras venas. (1) 
Mucho más me agradarla un cristianismo puramente humanita- 
rio, á lo Channing ó á lo Tolstoy. 

Pero como quiera que sea,Nin Frías y el grupo á que perte* 
nece, constituyen una tuerza positiva y fecunda en el conjunto de 
nuestras energías intelectuales y morales. Tienen un ideal, un 
rumbo firme y generoso; y esto los dadereeho al respeto y la sim- 
patía de todos los que también aspiran á tenerlos. Hombres nue- 
vos de entusiasmo é ideal necesitamos; hombres capaces de apa- 
sionarse por ideas y de convertir este entusiasmo en voluntad 
perseverante. Así habrá luz y fuerza en el espíritu de la juventud; 
lo mismo cuando la pasión del idealsepersouifiqueen el socialista 
Frugoni que cuando se encarne en el evangelista Niu Frias. 

Yo, que no me considero extraño en ningún campo 
donde un sentimiento desinteresado vivifique cualquier alta 
concepción del bien y la verdad — porque debajo de estas 
“cortezas de las almas” que llamamos ideas, busco lo hondo, 
que es la voluntad y la intención y la té,— entro hoy en el tem- 
plo de paredes desnudas y escucho con recogimiento el coro de 
creyentes* 

Josrc EhrIque Podó 


(1) del autor -No concordamos con el ilustre crítico en 
esto, pues si ello fuese cierto el Catolicismo no se avendría 
tampoco con el espíritu inglés, norte-americano y germano. 
Toda idea asbolnta tiene en sí el germen de algún concepto 
erróneo. Y la idea irreductible de dividir á la humanidad 
en razas cerradas, ofrece amplio tema para discutir. Hoy 
día esta cuestión de las razas ha entrado en un período de 
rudos ataques, y con razón, pues se ha abusado dejlos elementos 
simples para generalizar de una manera equívoca y falsa. 

A. N. F. 



DATOS BIOGRAFICOS DEL AUTOR 

POK 

CÉSAR Iu ROSSI 

Nació en Montevideo, el 9 de Noviembre de 1879. El 
puede repetir, respecto de sus antepasados, la frase de Marco 
Aurelio, el piadoso Emperador Romano:* “recibí de mi abuelo 
costumbres apacibles, paciencia inalterable; de mi padre, vi- 
gor; y de mi madre, instintos piadosos, generosidad; no 
solamente no hacer nunca ] el mal, sino que tampoco 
pensarlo siquiera.” 

En 1887, su padre, el doctor Alberto Nin, Presidente 
entonces del S. Tribunal de Justicia, fué nombrado Encar- 
gado de Negocios en Inglaterra, trasladándose á ese país 
con toda su familia. El joven Alberto continuó allí sus estudios 
primarios. En ese ambiente pintoresco, poético, se deslizó 
la sonadora infancia de Nin Frías. La influencia del me- 
dio, de que nos habla Taine, — el gran maestro de Nin 
Frías, — determinó en éste una admiración muy pronuncia- 
da por las bellezas de la Naturaleza — de la cual ha sido 
siempre un observador amante y sagaz. Espíritu esencial- 
mente religioso, las serias cuestiones del destino humano 
tenían un lugar preferente en su pequeña vida intelectual. 

A los 14 años liifeo un viaje á Italia, en compañía de 
sus padres. Varias veces en íntimas confidencias, nos ha ha- 
blado de ese viaje, y siempre notamos que guarda un re- 
cuerdo dulcísimo de aquel magnífico país: su libro de viaje 
es la mejor prueba de ello. Y notamos también que aunque 
muy joven todavía, ya observaba las cosas de una manera 
séria á la vez que picaresca. Sin duda esas circunstancias 



tuvieron una gran influencia para su amor por la Historia 
y el Arte. 

Algún tiempo después, volvió con su familia á Monte- 
video; donde permaneció seis meses. De nuevo en Europa, 
ingresó al Colegio Internacional de Ginebra (Suiza), don- 
de hizo sus estudios de francés y .siguió el curso de ba- 
chiller en ciencias. Pasó luego á Berna para estudiar el ale man, 
y continuar luego sus estudios superiores en Alemania — Su 
conversión al protestantismo es una de las páginas más 
interesantes del libro de su vida, tan rico en experien- 
cias morales é intelectuales. Las primeras manifestaciones 
que de la libertad para elegir el camino de su salvación 
eterna recibió, fué en Windsor, donde conoció la Biblia. *— 
Es, sabido que en las escuelas inglesas las clases comienzan 
por la lectura de las Sagradas Escrituras. 

Mn Frías, en su carácter de católico, tué privado de 
asistir á esas clases; pero él halló el medio de anular esa 
disposición, yepdo á escuchar, detrás de la puerta, los cur- 
sos bíblicos de , sus jóvenes condiscípulos. ' Su joven imagb 
pación sintió ansias de esa lectura, y llanto habló de ella á 
sus padres, que estos concluyeron- por -tolerar ^ sus inclista- 
cioncs la Biblia: regalándole un -ejemplar* de la Vulga- 
ta, — ejemplar que- nuestro ^distinguido amigo conserva como 
un precioso tbsóro- de su infancia. Nos cuenta que su ocu- 
pación preterida, : su diversión más amada, -consistía en reu. 
n ir, los domingos, á sus pequeños hermanos y enseñarles la 
historia del pueblo de Israel y los cánticos sencillos y con- 
movedor es de lso hymnarios evangélicos. 

Quizás' sea por la comunión de ideas, pero podemos ase- 
gurar qué 1 la íáz más interesante de este “joven filósofo” (pomo 
lo ha sancionado la. crítica) la vemos en sus ideales religio- 
sos. ¡Cuántas veces nos extasiamos, sonando en cosas lejanas, 
al escuchar á Nin Frías en sus conversaciones sobre el 
“más allá”.... sobre su inmensa fé en una vida futura!... 



Vil 


Los gérmenes de protestantismo recibieron su sazón 
en Lerna, donde asistió con frecuencia á la Iglesia refor- 
mada; haciéndose bien pronto un evangélico convencido- 
Desde entonces, el espíritu de San Pablo y Latero.- — esa 
fortaleza de carácter que solo el cristianismo puede generar, 
— han impreso un sello característico en todos los numero- 
sos y profundos escritos de Nin Frías. 

En aquella época, su padre había sido nombrado Minis- 
tro Plenipotenciario de nuestro país en Bélgica y Suiza, 
además de Inglaterra; pero ciertas circunstancias de orden 
privado determinaron al doctor Nin Frías k regresar al 
Uruguay. 

Nin Frías, que había ingresado al Colegio de San Luis 
de Brnxelas, so vio en la precisión de abandonar sus cur- 
sos y seguir á su padre á América. 

El Director del colegio Internacional de Ginebra había di- 
rigido poco antes de abandonar la Suiza, al doctor Nin una 
carta que hemos leído y constituye una profecía, hoy her- 
mosamente ampliada, sobre lo que sería el talento y el ca- 
rácter de nuestro biografiado. 

Definitivamente en su patria, Nin Frías lia ocupado 
distintos puestos, revelando en todos condiciones excepción 
nales. Ha sido encargado de sección en el Museo Pedagó- 
gico y hoy desempeña el puesto de Bibliotecario en la Cá- 
mara de Representantes, Profesor de idiomas en la Facul- 
tad de Comercio y sustituto de Filosofía en la de Prepa. 
rato ríos de nuestra Universidad. En éste, primer centro de 
enseñanza, Nin Frías es justamente muy solicitado: formó 
parte del tribunal examinador en el concurso para llenar la 
cátedra de Francés y se le llama para todas las mesas exa- 
minadoras de Idiomas y Filosofía. 

Es socio corresponsal del Ateneo de Guatemala; corres, 
ponsal del “Mundo Latino”; de la Sociedad Heleno-Latino de 
Roma; del Ruskin Hall de Oxford; de la Revue Positiva de 



VIH 


Méjico; de la Revista de Derecho, Letras é Historia, de 
Buenos Aires, etc. etc. 

Ha publicado varias obras de aliento, entre ellas un 
“Ensayo sobre la Sociedad Cervantes” (de la cual es inicia- 
dor); “Estudios críticos, históricos y filosóficos” y un estudio 
sobre la religiosidad En Taine; dos volúmenes de Ensayos 
de Critica é historia, varios estudios en la Revistas más 
importantes de Sud América y finalmente uaa conferencia 
sobre la vida del Estudiante y la moral y otros muchos 
escritos en los que campea su maravilloso espíritu de pensador 
y observador. 

Publicado en el “Trabajo” de Canelones 

Año I, Núm. 9. 



ÍNDICE 


Página 


PREFACIO i 

Jesús y la admiración det mando 5 

El testimanio de la juventud intelectual 21 

La juventud de Jesús 3i_ 

La retí ovación en Cristo 37 

Reileciones sobre la fé 43 

La juventud dei cuerpo y del espirita dada por Jesús 47 

Un filósofo moderno y el Evangelio 52 

El Evangelio v la poesía moderna 61 

La resurrección de Jesn-Cristo y la vida eterna 65 

El culto del hogar 73 



Salamanca, 13 de Diciembre de 1906 

Señor Don Alberto Niu Frías 

¡Ay nú buen amigo, y en que torbellino me veo me- 
tido. He de dar dos clases diarias, despachar el rectorado, 
atender á colaboraciones fijas como la de la “Nación” de 
Bu en os Aires, y luego una correspondencia que cada dia 
crece, sobre todo con americanos y añada que preparo tres 
libros, el primero de versos. Y paseo á diario, gracias á lo 
cnal y á esta excelente constitución física con que Dios me 
regaló', resista todo ello sin resentivme.! Como quisiera po- 
der escribir largo y tendido á cala uno de ustedes los 
que han despertado mi simpatía. Ahí solo en Montevideo, 
tengo tres amigos de los de primera, de aquellos con quie- 
nes me gustaría departir de largo, que son: don Juan Zo- 
rrilla de San Martin, don José Enrique Rodó y usted. 

Pero hagan cuenta que hablo con mis amigos en mis 
escritos públicos y en mis libros “La vida de Don Quijote’ ’ 
pongo por caso les habrá hablado de mí. 

Con usted querría departir — á ver si llego á ir por esas 
tierras que lo deseo— muy en especial del Cristianismo en 
esa América. 

Yo no sé por qué el protestantismo histórico no acaba 
de satisfacerme y me parece poco adecuado para los pueblos 
que llamamos latinos. Cierta estrechez de criterio y por mu- 
cho 5 que quieren sacudirse de ello siempre conservan un 
supertieioso culto á la letra, Talvez en el fondo sea el 
católico más racionalista por ser más pagano, que el pro- 
testante que es mas íideista. Los cristianos educados en el 
catolicismo, cuando dejan este siguiendo cristianos están más 
prontos á aceptar los resultados de la exégesis libre. 

Lo que creo, se prepara es un cristianismo á secas, 
un cristianismo amplio y universal, igualmente elevado sobre 
catolicismo y protestantismo sin dogma católico ni protesta 



protestante, algo á que confluyen la tendencia del abate Soisy — 
cuyos (los preciosos libros “IJEvangile et TEglise” y “Autour 
d’iin petit livre” conocerá usted— y de Harnack de otra parte 
por ejemplo. En todas partes se camina á algo que es'á modo de 
una sintesis ó una depuración de las distinta? confesiones cristia- 
nas en aquello en que se asemejan. Y si el catolicismo tiene que 
dejar todo lo específico, suyo que es digamos como un 80 por 100 
de su contenido también el protestantismo tiene que dejar del su- 
yo aun que solo sea un 20 por 100. Tiene que dejar el literalismo 
y la doctrina de la inspiración verbal de las Escrituras. 
Hay que ir al cristianismo puro dejando hasta el dogma 
de la divinidad de Jesús en que no creyó Jesús mismo. 

Hasta otra — Sabe es su amigo afectísimo 

Miguel de Unauuno 


Contestación del altor a la carta 

Del Sr. M. da Untan uno sobre el Crist ian ¡urna 

Montevideo, 15 Diciembre 1905 

Sr. Miguel de ünamuuo, Salamanca 
Estimado maestro y amigo: 

Su carta no podía llegar más oportunamente. Cuanto 
tengo de intelectual está al servicio del estudio de Cristo y 
su sistema ñlosóñco-moral. Jesús es mi tema de todos los 
días y de toda? las horas. Cuanto más le estudio tanto 
más ante él me descubro reverente. Su personalidad no ad- 
mite limitaciones como Vd, piensa, y respeto profundamente 
su juicio, porque le sé filósofo y sincero. Divino es el bio- 
grafiado de lo? Evangelios. En un próximo libro "Jesús y 
su influencia” trato el tema ampliamente. 

El Cristianismo es una causa trascendente de la cual 
emergerá, y en ello Yd. coincide conmigo, la futura Iglesia 
Universal. Algo muy grande se prepara para las ideas que 
Jesús amó y enseñó. Aun resta á las grandes comunidades 



1 1 1 


que se disputan en. su nombre el imperio moral y religioso 
de ia sociedad — mucha de la juventud eterna que recono- 
cía en sus palabras. El reino del Señor de Nazaret está 
dividido, pero en los países más civilizados las barreras van 
cayendo poco á poco y ese movimiento de entente cristiana 
ha de ganar á todas las naciones donde el Cristianismo se 
lia iinleutificado con el progreso de la raza. No cabe duda 
que los que están divididos van á unirse. 

Ultimamente la lectura de tres preciosos libros lian vigo- 
rizado y embellecido mi concepción del Cristianismo: u By 
lie 0 onnie Briav Bash” de I an Mudaren; Imago Ohristi” del. 
l)i‘. Staker y ^La Samantame' 1 de Ros tan d; libro de esce- 
nas de la vida escocesa, el primevo; volumen de teología, 
el segundo; joya de poesía, el tercero. 

Cristo aún después de veinte siglos es el tema más su- 
gerante para el tiloso ío. el poeta y el hombre en general. 

En América es un hecho negativo. Los intelectuales 
hacen de cuenta que no existe; entra en la categoría de las 
instituciones admirables del pasado. No se le estudia no se 
le conoce; solo existen prejuicios á su respecto. 

Si viniera por mis lares, grande seria su decepción en 
lo relativo á este asunto de inagotable interés para él 
pensamiento y el corazón humano. No tengo mayor tristeza 
mental que este abandono inconsciente en que se tiene á esa 
admirable «cetrina que ha arrancado á Goethe, tan hondos 
pensamientos; á la literatura inglesa, obras elevadas; á 
Loisy: en Francia, á Iiarnaek: en Alemania, á Fogazzaro; en 
Italia; á Tolstoi, en Rusia; á Vd, en España tan hondos es- 
tadios y á toaos los hombres que se estremecen al contac- 
to del misterio de la vida, como Yd. diría. Si fuera á citar 
la focan la literatura evangélica lanzada anualmente en Es- 
tado'» Unido q en Inglaterra, en Alemania y en la misma Fran- 
cia no acabaría de escribirle ni en dos días enteros. No. El 
Cristianismo no ha muerto; su honda carta; su cavilosa preo- 



I V 

capación de sus magníficos y eternos destinos en todas sus 
producciones, .son de ello un signo acabado y convincente 
para mí que lo siento en lo más profundo de mi ser. Como, 
escritor há tiempo que me impuesto la tarea de hacer cono- 
cer la alta, la insuperable, la honda concepción de la vida que 
otrece el Evangelio, aún despnés de lx racha del materialismo 
del siglo de ios Enciclopedistas; de los ensueños de Comte; del 
agnosticismo de Spencer y del Panteísmo de Hegel y Taine. 

Mi gran maestro humano, HipólitoTaine comenzaba ya 
en el bello ocaso de su vida á mirar salir el sol de la be- 
lleza y de la vida, por el lado d.d Cristianismo, sobre el 
cual escribe las más sentidas páginas. 

Los hombres pasan, vienen y se van pero el Cristianismo 
continúa para siempre, para siempre .... La Humanidad se 
ya; Cristo permanece. 

Las grandes almas son silenciosas: es al precio del divi- 
no silencio que el Dios que está en nosotros, avanza y dic- 
ta su ley. Por eso Cristo solo nos dio los grandes linca- 
mientos, la base del edificio cristiano. 

Su espíritu omniprevisor sabía harto bien dónde la vida, 
la evolución conduce á las doctrinas y religiones cerradas, que 
fenecen cuando cesan de obrarlas circunstancias que los motiva- 
ron. A fin de que sus ideas pudieran amoldarse á todas las épocas, 
no limitó su aplicación, ni dió prescripciones de código para fijar 
la manera de adorar á Dios, por ello el árbol que el plantara, allá 
en el Gólgota, aún solo conoce la primavera hermosa .... 

¡Oh maestro! ¡olí amigo! mi respeto por Vd. ha crecido 
desde que conozco su alto amor hacia Cristo y esa doctrina 
que amo despojada, como Vd. la supone, de la aureola de 
la divinidad, es todavía la futida maní testación de lo divino 
en el humano hogar. 

Lo saluda con su más elevada amistad. 


Alberto Nin í'rias 



PREFACIO 

La Pascua que encierra tanto símbolo hondo y bello 
ha venido y sn íntima filosofía ha conquistado mi espíritu 
á la mejor de las vidas. Desde que de mí tengo recuerdo, 
sé decir que Jesús fuá el objeto del culto á lo superior; 
hombre, no le hallo reemplazante, sigo queriéndole como en 
los dias candorosos en que constriña altarcitos para ado- 
rarle. El ha sido mi ideal ; es él mi ideal. 

Ha sido íáGil á mi espiritu encontrar palabras para 
revelar la admiración, la fé que tengo en su vida y en su 
influencia, pero luego de anotar el eco augusto y sublime le- 
vantado en mi por el Evangelio, he buscado afanosamente 
penetrarme de cuanto había pensando de El, —la humanidad 
superior. 

No puede ser más elocuente ese laudo. No temen los 
que confiesan su nombre, si poco le estiman en la tierra 
latina, cuna del indiferentismo, El vive y El reina aun so- 
bre millones de súbditos y honra decirlo, ellos se cuentan 
entre los hombres más avanzados del planeta. No tardarán 
en llamarle los estadistas, pensadores, filoso tos y artistas 
latinos. El malestar por que atraviesan estas nacionalidades 
está por acabar y entonces. El será el príncipe de la nueva 
era. Que I 03 que le amen católicos, protestantes y espiri- 
tualistas trabajen por que su reino advenga y sea de este 
pequeño mundo, donde todo el fausto, esplendor, lujo y ri- 
quezas no valen lo que un dia de vida en Cristo Jesús. 

' £ Ei culto de lo bello engrandece á la humanidad” y 
conduce, y podría ' haber agregado el filosofo que esto 
dijera, á .la vida superior del alma. 

También dejando á un lado toda vanidad personal, se 
han transcrito algunas opiniones favorables á mis tendencias 
con el fin de hacer más digno este esfuerzo en la propaganda de 
io ideal y más eficaz este testimonio: 

Albeuto Nin Frías 

Montevideo, Pascua de Itcsurección de 1906. 




“Señor ao permitas que ignore el significado ni la moralidad 
de lo que leo. Hazme respetar tanto mi meato que no ose 
Jeor aquello que no posea sentido ni moralidad, 

Ayúdame á escoja 1 con igual cuidado á los amigos y á los 
libros, porque ambos son para la vida. 

Enséñame que así como sucede con el vío 7 en la lectura 
las profundidades encierran mas fuerza y belleza que las par- 
tes bajas. Muéstradme el valor del arte sin cegarme por ello 
al pensamiento. Consérvame mas en el amor de la lectura 
plácida é instructiva que en el mucho leer aquí y allá; que 
estime en más el libro que los libros. 

Hazme poseer un concepto tan ideal del leer que solo 
me incline á la lectura de lo mejor y cuando ello sucede 
dame el poder de participárselo á otros y luego que me 
complazca en decir con el intelecto disciplinado: un amen lleno 
de gratitud”. 


La oración del lector 
J)r. llenry Van JJyke. 




I 


Jesús y la admiración del mundo 


u Todos los hombres serán religiosos, cuando se reco- 
nozca que la religión no ataca el libre examen y que todos los 
hombres verdaderamente religiosos respeten la ciencia que 
dá por sentada la existencia de una religión universal. 1 ’ 

Ftipkas Leoi 

Si, soy cristiano. He llegado á reconocer que lo 3 liom" 
brea y las mujeres que siguen los preceptos de la Iglesia 
en su mayoría, se encuentran al abrigo de los desórdenes 
morales descritos en mis novelas y que son casi inevitables, 
cuando los hombres se dejan guiar por sus sentidos, sus 
pasiones y debilidades. 

Durante muchos afros como la mayor parte de los jóve- 
nes de las ciudades modernas, no lie tenido fé, pero he 
sido conducido á las id?as actuales por el sentimiento, 
siempre creciente de la responsabilidad que corre el que 
ejerce influencia sobre los demás. 

Doquier el Cristianismo está floreciente, las costumbres 
se enaltecen; doquier languidece, ellas se rebajan. 

El Cristianismo es el árbol en el cual florecen las 
virtudes humanas sin cuya práctica las sociedades están 
destinadas á perecer. 


Paul Bourgat. 




lííe preparaban escribir sobra la flojedad de nuestro 
estado religioso cuando, como si algún ser invisible hubiera 
querido obsequiarme con testimonios de la intensa vitalidad 
de Cristo en el mundo, me llegaron dos opúsculos religio- 
sos: uno de Alemania, otro de América. 

Yo también iba á interrogar á estas multitudes y pre- 
guntarles: ¿qué saben del hombro ideal y de su vida? 
Porque fuera de la Iglesia Católica poco ó nada significa 
la personalidad de Jesús, en los países latinos. MI pensa- 
dor, el moralista, el hombre superior apartado de la Iglesia, 
olvida todo símbolo religioso. Otra cosa sucede en las luicio- 
nes donde la religión se ha vivificado en contacto del sen- 
cillo Pvaugelio: allí todo agnóstico conserva cierto misticismo 
que mantiene los caracteres del espirita religioso sin las 
costumbres de la té. 

Rodeo el cuarto don tío escribo y pienso de cuanto ha- 
laga (d sentimiento de lo bello y deqderím por la belleza, 



el sentido moral. Antas de fijar mis ideas me he dirigida ít 
todo lo que tuve la diciia de tener por guía en la vida 
del pensamiento. Posé la mirada llena de arrobamiento so* 
bre el busto de Narciso, que para el adorable Heleno fué 
el símbolo de la introspección, de esa facultad maravillosa 
que consiste en observarse minuciosamente y vislumbrar 
á psyquis. 

El perfecto adolescente en actitud pensativa, la hermo- 
sa cabeza baja, está representado frente al lago, en 
que su divino cuerpo se refleja. El dia en que el hombro 
comenzó á pensar filosóficamente, fué desgraciado, surgió la 
duda y con ella, nació la soberbia. La vida entera de 
Grecia con toda la belleza de sus templos relucientes, de 
sus gimnasios, de sus atletas filósofos y artistas surgió de 
pronto; visión sublime que resume el busto de Narciso. La 
Hclade se perdió sobreponiendo en cierto modo, la forma a¡ 
espirítn. Y así, si la Humanidad se helenizara, sólo viviría 
para el cuerpo y sus necesidades: el placer y 1o» hermoso 
serían la única norma de todas las acciones. Esta es acaso 
la Grecia de las multitudes y no la de Sócrates y Platón 
á la cual admiro como lo más grande, pero no es la patria 
♦le la filosofía, la que apasiona á la sociedad, sino, aque- 
lla otra, albergue de Calícrates. Para el sublime sentido de 
la vista no hay patria más hermosa que Grecia. A ella 
busco cuando quiero soñar con la belleza sencilla y la har- 
monía. Ella es mi compañera en los días “de la encantadora 
adolescencia del hombre pensante.” ¡Belleza plástica-, expre- 
sión de alma con salud, un entusiasta, os saluda! 

Aparto mi vista de esta visión de “la primavera del 
mundo” y me atrae un cuadro donde aparece el Dante: la 
escena ocurre en Florencia, cuya belleza es tan grande qn e 
un arquitecto moderno la propone como modelo para la ciu" 
dad futura, el grande hombre al atravesar el marmóreo 
pnentc de la Trinidad, so llalla con Heatriz, la virginal 



9 


doncella á quien ama como al través de un ensueño. Dante 
queda estático frente á su amor, teme profanarlo, si se acer- 
ca; semejante á Narciso ante las aguas tranquilas, vé en 
Beatriz reflejada su propia alma, oculta tras aquellas formas 
gráciles y tiernas. Piensa en la forma, pero más todavía 
en el espíritu. Hé aquí otro símbolo, otra gran ruta ideal 
trazada para la humanidad, en la Edad Media. Luego pasé 
la vista por otras imágenes: Spencer, Ramón Cajal y 
Taine. El primero me sugería una vida estoica, la satisfac- 
ción fría del deber cumplido como finalidad moral de la vi- 
da; el sabio español señalaba el microscopio, dirigido sobre 
un cuerpo donde la vida ha dormido para siempre; Taine 
en actitud de mirar como quién teme deslumbrarse, parece 
atisbar algo oculto que, no vista en la juventud, se dibu- 
jaba en su mente cuando en el crepúsculo psíquico, la sa* 
biduría suprema descendía sobro su serena frente. Jesús 
venía hacia ellos cuando cansados de la pesada vida y de 
la ingratitud do los hombres, se acostaban para dormir el 
sueño sin amanecer. Spencer no quiso saber de Dios, pero 
le apellidó lo Incognoscible. Taine habla con tal grandilo- 
cuencia del Cristianismo que un arzobispo ilustrado, le lia 
citado en plena catedral. Preguntado el filósofo como habían 
de enterrarle, contestó: U cual protestante” es decir, cristia- 
namente. Y así, duerme en Cristo rodeado de los Alpes 
majestuosos, muy cerca del hogar donde tranquilamente, con 
sus compañeras, la soledad y la naturaleza, pensó sus obras 
Paul Bongert, su discípulo bien amado cual el hijo que 
corona la labor del padre, es creyente y miembro de una 
religión positiva. Heriberto Spencer exhala el último suspiro 
oyendo el w Avem María” de Ofounod. El célebre pensa- 
dor, que quizá precedió á las doctrinas de Darwin so- 
bre “el origen de las especies” pasó los últimos veinte 
años de su vida como delicado artista, ocupándose de 
Leopavdi, de Moyerbeer, el compositor de “La Africana” 



v cosa rara, n ¡loro preeUamoiito como el poeta iuúóir-o; 

i.- i i - 1 

Oliopin. 

Retirada en “el principado do Monaco inglés” Brigliton 
allí donde el esplendoroso azul del firmamento, el aire tibio 
y el glauco mar no combinan para encarcelar casi perpe- 
tuamente á la grácil primavera -organinibn todos Ion dias 
en su hogar, pequeños conciertos. Siempre tuvo predilección 
por el autor de Fausto y t'ué su A\vem María” sobre el 
primer preludio de Bach. tocado con devoción sobre un 
violín acompañado del arpa, que lo despenó de la vela 
tonca. 

En aquella hora de angustia fúnebre que delirante sú- 
plica, no sugeriría esta melodía que asciende con la suavidad 
del volar de un ave hasta terminar en acordes llenos de 
majestad. 

Al llegar al “ . . . . mine et in hoe ” ' l r¿ si 

natural, vibra coa la intensidad convulsa de la desespera- 
ción ” moríais .... n ostras . . ” 

Henderte Spenoei' cesa de. existir; las últimas notas 
acompañan el “amen . . . amen . . . amen.” ¿Puede morirse 
más cristianamente? Sócrates v desús, Gracia y el Cris ida- 
nismo panuca trabar tunlúud y ¿uñarse. El caerlo del pon- 
sudor es dado á las llamas, como en los dias, en que el 
mundo era joven; concluye en el “Older’s Groen- Oremaío- 
rúmi” y las cenizas ingresan á la paz eterna, en ei Cemen- 
terio de High-gate. 

.... Abro el harnumium é interpreto á IRiendcl, Bach, 
Boefchoven, Mélml, álendelsolm, Wagnor, y en alas del más 
absorbente éxtasis abandono el mundo objetivo y creo estar 
do “RIA el divino está. Todos estos genios le amaran y su 
inspiración servía para exaltar su persona sin igual . . . 

Crecí junto al ideal, y ia belleza rodeó mi juventud* 
Siento íacU repetir con Franz Sp coman, estudioso que halla 
en El todo lo bello esparcido sobre el mundo por el libro. 



11 


el lienzo, la estatua, la música, y la vida de sin discípu- 
los. Viví la mayor parte de mi vida en “la ciudad de loa 
libros’ y mis goces más intensos se confunden con su lec- 
tura. Nunca pudieron ellos apartarme del amor á Jesús, 
por el contrario: todas las confesiones íntimas de los espi- 
ritas bellos con una estatua griega que son Goethe, Dante, 
Milton, KIopstock, Miguel Angel, Mainel, Palestrina — embe- 
llecieron mi amor. Viajé por Italia, la hermosísima: sus ciu- 
dades con los duomos opulentos; los museos donde cuelgan 
las telas que representan todas las escenas de la vida; la 
naturaleza sonriente y severa, cuadro de la gran civilización 
romana y universal; el éter luminoso y trasparente en que 
la incomparable Ñapóles, se baña; la majestad de San Pe- 
dro; el asombro producido por el Vaticano y sus tesoros 
—todo me dijo: Jesús ha sido el supremo objetivo de estos 
hombres, El fué la fuente de toda esa belleza. Dentro de 
la realidad objetiva los arquitectos de esa civilización no 
realizaron la alta idealidad cristiana, mas la consideraron 
el desiderátum y á ellos la gloria de haber lijado claro su 
rumbo. Ese ideal transparentado cu el arte, único refugio 
de la aristocracia humana en sus tiempos, preparó el Rena- 
cimiento cnvíi ftmiHtkal i Jé hermanar el Cristianismo con 

•y 

el Helenismo; en Italia se volvió á Grecia, en Alemania, 
á Judoa. Da Biblia por un lado había de llenar todas has 
aspiraciones del alma, colectiva; los modelos ideales de Fi- 
dias y Praxitcles deleitarían los sentidos. A la fisonomía 
ideal del Cristo se agregó una nueva perfección, pero es 
oMíí tan expresiva que generación alguna logra reconstruir- 
la por completo. 

El Renacimiento y h», Reforma, fueron seguidos como 
todo movimiento, de reacciones acaso regresivas. El Cris' 
tiauismo pareció tambalear cuando Francia y el mundo 
se ex t remecieron con la revolución francesa. Volvió la so- 
ciedad al Evangelio y él hizo amistad con todas la& grandes 



cuestiones sociales. AiRe el anarquismo él e^ la tuerza del 
ideal y de la razón. En literatura equivale á belleza pura 
y honda. Junto al arte crea el gótico y el greco -romano» 
sugiere á William Bonrgcrsan bellezas plácidas; á Henner 
trágicas hermosuras; á Burile Jones altos ideales caballe- 
rescos; á Bockiln ensueños dantescos; á Doménico Morelli 
reconstrucciones arqueológicas; á Rodin poemas bíblicos 
en que natura aparece en su sincera desnudez; á Gustavo 
Doré, grabados deslumbrantes y vigorosos; á Tissut cuadros 
perfectos y al evangélico Millet escenas donde se revela 
la confianza cristiana y la infantil té del creyente que adora 
al ser Supremo doquier asome, aun en la perezosa beldad 
del día durmiente. En Norte América, tierra poca afano- 
sa del ideal, según algunos, ese arte se ha deleitado en 
propagar á Jesús y su sublime vida, mediante reproducciones 
infinitas. Maravilla hojear sus libros para la enseñanza 
gradual de la Biblia. Arte, literatura, exégesis, bellezas de 
ayer, heroísmos de to las la 5 épocas, todo cuanto logre un 
conocimiento perfecto de las cosas santas, está allí. Es en- 
tonces que se presencia el convergir de todas las fuerzas 
más sutiles de la humanidad á formar de Cristo y su ideal, 
la piedra angular, el punto medio de todo y el fundamento 
para todas las cosas. “Quien no le conoce, no se conoce á 
sí mismo y nada sabe del mundo” gritaba Pascal, abisma- 
do en la grandeza del maestro. También con su seductora 
insinuación ha penetrado el arte de Beethoven: sus sonatas 
expresan los sentimientos más elevados, los conflictos más 
complicados del alma en lucha coa las pasiones, á quienes 
vence el ideal cristiano; Haendel comenta musicalmente la 
existencia del Mesías; Mozart y Rossini le glorifican en sus 
misas; Berlioz compone el poema musical de su infancia; el 
abate Poro si vuelve á ilustrar con sentidos acordes al Evange- 
lio; en Inglaterra surge un viril talento, el organista Elgar 
AVirlor, Leféburc Wellv. Saint Saéns, (hulmán t., Fowler 



Stahier y F armar arrancan al órgano sublime, bellezas del 
misterio de la otra vida. Abrid un hinmario de la Iglesia 
Anglicana ó del Metodismo, hallareis melodías á cual más 
eápiritualmente liermosa: cuántas v^eces me lie conmovido 
al cantarlas! Me han avecinado á mi Ideal. 

En Inglaterra, rica y severa, en cuarenta mil iglesias 
se levanta el sacerdote invitando al hombre á una vida 
más bella y más honda, en su nombre y ejemplo. En Ale- 
mania, treinta mil hacen lo mismo. En Francia el clero 
eatóLieo, honra al Catolicismo y allí, en aquella gran nación 
todavía diez millones de almas no reniegan de Cristo. El 
Evangelio es ovo del más puro en labios del pastor Wagner, 
cuya influencia moral se extiende de país en país con su 
“Vio Simple y Jeunesse,” contando entre sus admiradores 
á Rosevelt; en el ginebriuo Franck Tilomas, evangelista 
admirable. Cerca de mil médicos cristianos soportan la 
vida penosa de Oriente y Africa para predicar de 
su santa palabra y llevar el auxilio de la ciencia. El cris- 
tianismo católico y reíormado envía á miles de sus preclaros 
representantes para predicar el Evangelio al mundo pagano. 
En el esforzado Japón miles condesan el nombre de Cristo. 

En su nombre el Kaiser Guillermo rige el Imperio que 
columpia progresos sorprendentes. Roosevelt gobierna á Es - 
tados Unidos como un apóstol. Por doquier retoña el prin- 
cipio evangélico; la 5 naciones donde florece mejor son tam- 
bién las más prósperas y hermosas; su superioridad en el 
mundo está en razón directa de la práctica de e3te ideal. 
El día en que el ti 1 ego de esa íé se apague en el Occi- 
dente, esa hora señalará el dominio dei Oriente y enton- 
ces la historia retrocederá mil quinientos anos. El culto 
de Cristo engrandece á la humanidad. Si el aserto es de- 
masiado aventurado mirad á Francia, nuestra madre inte- 
lectual. Honda crisis trabaja á la primer nación del mundo, 
Francia e-stá en el zenit de su gloria y de su prosperidad 



do Ja cual todos leemos maravillas; mas Francia la amada 
no ama á Cristo: quiere desterrarle de la escuela, del lle- 
gar, del arta, de la literatura y hasta del espíritu humano. 
Ha divinizado al hombre; ha sustituido el ideal religioso 
por el humano; á causa de ello aunque rica como Cavfeago 
y lujosa como Alejandría, está á sus fronteras el enemigo: 
la molicie del lujo, el enervamiento del oro y la indiferen- 
cia glacial de la sin fe. Porque digasmoslo sinceramente: 
la gran campana anti-católica en Francia, es en resumidas 
cuentas, un ataque al Cristianismo cuyos intereses mal ó 
bien representa. El catolicismo es superior al ateísmo 6 al 
indiferentismo absoluto. Como en Ja Alemania moderna, 
puede éste mediante la evolución servir, bajo formas más 
intelectuales ia causa de la civilización superior. Sin aban- 
donar sil fe, los católicos alemanes se han vuelto ciudad dan os 
civilizados y conscientes de la grandeza moral y material 
del Imperio. Leed una preciosa revista editada en. Munich 
titulada *‘Hochland” (Tierra alta), y pronto veréis cuan 
lionda es la demarcación entro el catolicismo á la española 
y el germano. En Inglaterra lo he observado personalmente. 
“La animosa minoría” hugonote es harto pequeña para in- 
tentar en Francia un movimiento hacia Cristo; esa tarea 
está reservada, á lo^ católicos como Bonrget, Coppée, Muys- 
mans, Loisv v’ otros. Para inculcar al niño las ideas mora- 
les sólo existe un vehículo: la religión. Esa observación 
profunda sugiere á Lichtenborg, inspector de escuelas, 
el estudio prolijo de la educación laica. El atestigua que 

para la mayoría, junto con la enseñanza religiosa teda 

instrucción moral lía desaparecido; casi en todas partos 

la enseñanza de la moral está muriendo ó sino, ya 

no existe. Una memoria dirigida en 1888 por los ins- 
pectores de los talleres y factorías de Paria al Pre- 
fecto del Sena contiene estas observaciones, penosísimas 
de leer; 



vr> 


Memo í ilutado con dolor la carilucia do cune ación mo- 
ral o (i nuestros jóvenes empleado 3 

Fs para nosotros un deber desagradable, informar al 
señor Provecto qué por falta do educación moral la ninez 
está perdiendo toda noción de respeto y del deber, habi- 
tuándose á usar el lenguaje más obsceno. Su conducta en 
las caHes públicas os aincmido escandalosa. 

. . . lía sonado la hora de oponerse a osos dejas tres 
m:)niie.> n 

Las casas de corrección están repletas de criminales 
juveniles, lía 1888 los reincidentes sumaban 8J.871. EL¿>r. 
Uuillot, unos de los mejores jueces de Francia, llamaba 
la atención, sobre el alimento alarmante de la criminalidad 
juvenil y sus estrechas relaciones con los cambios efectua- 
dos en la instrucción pública. 

VA jefe de las ruerna s policiales de París, Si\ Gustavo 
Macé, so expresa en estos términos sobre la ha/ de aecu- 
larisaciúu: redorma mal concebida y practicada de una ma- 
nera. .inaplicable .... Se corre inmenso peligro al querer 
despojar al niño de todo temor, (significando con ello el te- 
mo!- religioso). Julio Simen, el austero Sócrates de la Fran- 
cia Imperial se lamentaba que nuestras autoridades no tenían 
más poder que el concedido por la tuerza olida!” .... lí La 
autoridad natural, ia del padre y la de ía madre está desa- 
pareciendo ai mismo tiempo/’ 

“id! hombre interno se forma en ía infancia, y en el 
nombre do Dios” juzgad juito «loen* el mismo filósofo deísta 


y 

no es 

otra 

la en 

senauza 

toda 

del 

Nuevo 

y Anti 

gao 1 

Tes- 

t:i 

ni] unto. 











Por 

esa 

época 

Ӓ,o T 

omp.v 

’ el 

mas r; 

mpetabl 

es d 

e los 

P' 

.miódico: 

5 ir, 

mi ceses 

ponía 

m uy 

cu duda i a: 

ganancias 

del 

lo 

claco. 

■16 n 

seglar 

v se n 

mima 1 

};l á 

con úde 

raída c< 

orno 

una 

maldición 

y 

hasta 

tía p di 

gi-O p 

ara 

la nación. La 

lectura 

d 

1 X ola 

oo ni 

prueba 

cabale 

lüJl J ' 

io i 

asertos 

de la e. 

ñadí; 

stlca 



16 


a 3 Í como las lamentaciones de los moralistas. Francia no es lá 
única nación perjudicada por apartarse de Jesús. Las mis- 
mas causal traen los mismos efectos. Las colonias inglesas 
son nn campo fecundo de observación, para el mismo fenó- 
meno sociológico. Las leyes psíquicas son tan eficientes co- 
mo las físicas. 

Australia adolece de los mismos males: la cducaeióu 
secular lejos de disminuir el crimen, lo ha aumentado y 
sobrepasado ai crecimiento proporcional de la población. 
Mientras ésta última lia aumentado en el 30 por ciento, el 
crimen ha crecido en la proporción de 50 por ciento. En 
la gran isla-continente la infecundidad es un problema co- 
mo en Francia. 

En India el Gobierno Británico sigue la misma pen- 
diente fatal. Lo 5 hindú* se quejan amargamente del agnos- 
ticismo infiltrado por la ciencia occidental. En el decir de 
un Hindú ilustrado; Inglaterra les imparte una luz peor 
que las tinieblas. 

Lord Lawreuce, gobernador general de la India, des- 
pués del motín de los Sepoys no temía expresarse así: “Si. 
Inglaterra hubiese profesado sus principios cristianos en la 
India, el gran motín no hubiera ocurrido, ahorrándose 
de ese modo dos cientos millones de libras esterlinas y ríos 
de sangre. ISTo obstante cuanto el pueblo inglés ha benefi- 
ciado á esta inmensa posesión, los misioneros de Cristo han 
trabajado más que todos los otros agentes combinados” Je- 
sucristo es, en verdad, la luz del mundo. 

¿Sigue la próspera Alemania esta senda de decadencia? 

Esta nación adelanta cada vez más y pronto será la 
primer potencia europea. ¿En qué relación está con Cristo 
y su doctrina? 

Cuida prolijamente de la educación de todo niño, mucho 
de lo cual es sugerido por el Kaiser en sus manifestacio- 
nes religiosas. Su estricta organización militar mantiene muy 



17 


vivas la ley, el orden, la disciplina, el respeto por si mis- 
mo, la obediencia, la rectitud y el honor. El Estado obliga 
y provee instrucción religiosa para la escuela secundaria y 
primaria. En las escuelas primarias para niños menores de 
14 anos y hasta ese término, se dedican tres horas por se- 
manas á ese estudio. En las escuelas secundarias se dan dos 
horas semanalmente. El Estado reconoce al efecto solo tres 
comunidades: la Protestante, la Católica y la Judía; si existen 
niños en número suñciente como para constituir una clase, 
se imparte separadamente la instrucción religiosa por uno 
de los representantes de cada credo. 

Bélgica sigue el mismo sistema, con la diferencia de 
que estos cursos son dadGS fuera de las horas de clase. Nadie 
do ánimo sereno y corazón noble querrá se reproduzca cu 
su patria la historia infausta de la Francia anti-cristiana. 

No en todos los católicos ha producido violencia y odio 
la ley de separación, ley cuya trascendencia é utilidad re- 
sultarán de la manera amplia como se aplique. El Obispo 
de Orleans. Mr. Troehet ha dirigido al sacerdocio episcopal, 
elegido recientemente, estas admirables palabras en las que 
huelga el verdadero espíritu de Cristo . 

"Hoy no es la paz lo que existe entre el sacerdocio 
y la magistratura. Es la separación; y mañana será quizá 
la guerra. No es esto un estado social satisfactorio. Aun 
cuando la Iglesia esté separada del Estado, aun cuando de- 
biera , como muchos buenos espíritus lo prevean, permanecer 
separada del Estado, no es esta una razón para que ella 
viva con él en desconfianza, menos aun en batalla. En los 
Estados Unidos la separación existe, es perfecta. Pero el 
respeto mutuo, la colaboración misma de los dos poderes 
aseguran la paz á cuya sombra se desarrolla en magnífico 
y continuo progreso el pueblo americano 

Es un ideal al que hay que tender, monseñores. No temo 
señalároslo.” Cada dia vínculo mi mente con nuevas certi- 

2 



18 


dumbres. Entre el verdadero Catolicismo, reducido á su 
esencia íntima y entre el Protestantismo no hay los abis- 
mos supuestos por el fanatismo y una animadversión que 
nada tiene de cristiana. Allende el ceremonial y los ritos, los 
católicos se allegan á Dios por la intensidad de su íé. A pe- 
sar de la excesiva materialidad en que está sumido el culto 
por la abstracción se llega á la adoración de Dios en es- 
pirita y se ingresa así entre los que conciben la eurytmia de to 
das las creencias hacia un mismo fin* Ante el Supremo todas 
las denominaciones caen; pava El, solo existe el alma que 
se entrega á sil ley y á su carino. Cuando reza el que de 
veras cree, cierra sus ojos para orar y, cuanto más honda 
es su plegaria, mayor es su abstracción del ambiente. En- 
trados en la paz de Jesús ¿qué importan para esa alma, 
en comunión con Dios, las exterioridades? Uno y otro cre- 
yente están en el mismísimo caso; en ese momento no sabria 
distinguirse al evangelista del católico. 

Para mí sé decir que esta esta es la genuiua enseñanza 
de Cristo al respecto. Deseo comprender, no odiar. Si con 
criterio tan amplio y sereno se juzgarán los asuntos reli- 
giosos ¿cabría la lucha, la intolerancia, el odio entre las 
diversas comunidades cristianas? Es ante los matrimonios 
mixtos que surgen con más fuerzas esas consideraciones, 
Pegude en realidad el tierno principe de la paz, desunir á 
pos jóvenes que le aman y en cuyo nombre desean unirse 
para cumplir' sus preceptos? 

¿Puede ser otensivo ese connubio á cualquier Iglesia que 
día á día casa á su juventud con incrédulos é indiferen- 
tes? ¿Cuál es mejor á ios ojos del clero: un cristiano ó un 
agnóstico? El amor es todo poderoso. Acaso es cerca de 

esas virgencitas puras, de áureos cabellos y tranquilos ojos 

* 

que muchos se concillan con la Iglesia y por ende con su 
inspirador: Jesús. Esta, amistad amorosa puede abrir las más 
halagüeñas perspectiva. Con todo el poderío frascinado de 



19 


su edificio y de su dogmática, ella no puede sofocar esa fé 
sencilla, esa piedad sincera y suave. 

En resumen ¿qué diferencia cabe entre esta joven que 
necesita de la imágen para concebir lo infinito y otro joven 
que pasándose de la forma, dialogue con Dios, en los mis* 
mos términos y creyendo en los mismísimos misterios sa- 
grados. 

Si el pensamiento sereno y cristiano como la dorada 
luz se posara sobre la cuestión religiosa, llegaríamos á con- 
siderar al Catolicismo, á la religión reformada como ramas 
de un mismo árbol, cual hermanos de un mismo padre, se- 
mejante á discípulos de un misirib Maestro, haces de una 
misma luz salvadora, cuyo antagonismo estriba más en loa 
hombres que los sustentan que en la intimidad esencial de 
las cosas. 

Toda forma religiosa es pensamiento elevado, manifes- 
tado por un cerebro que, á semejanza de un tamiz solo 
deja pasar de la Divinidad y de su gloría, aquello que 
permite su estructura especial. 




81 testimonio de la juus-ilud intelectual 

“Estás obligado á creer porque los Dioses no dan prue- 
ba material alguna” 

Goethe 

“Nadie puede desconocer el valor positivo de los carac- 
teres formados por los que poseen la luz interior. 

Tienen paz, alegría y una harmonía consigo mismos que 
os inquebrantable.” 

Kant 

Doscientos años hace que se íué Jesús, pero no está ausente 
para miles de vidas ;para la vida de todo aquel que se ha 
apropiado el espíritu de su existencia, Cristo vive otra vez. 

Roberto 8 peer 

“El ideal sano para un joven es fundar una familia, 
un hogar imperecedero, crear y gobernar.” 


Taino 




Es la época otoñal: las hojas caen marchitas y la fe- 
cunda seva se prepara á dormitar hasta el nuevo renacer, 
bajo los rayos suaves de la prima /era. Hasta mi ventana 
llega el rumor melancólico de las hojas que el viento 
lleva sin piedad..- Asi como las hojas, atisbo el alma ame- 
ricana; ella es conducida en alas del viento de lo fi ivote 
y ligero. El otoño, ese preludio del sereno invierno se ha 
fijado en los espiritas como en la naturaleza. He mirado 
con la intensidad del viajero que columpia el valle agreste 
y risueño y observa desde la cima, el panorama todo de 
esta sociedad novel. En sitio alguno lie visto el paisaje 
de la fé. Junto al taller donde la industria crea; cerca 
de los areópagos; vecino al templo; en la estancia, do el 
pensamiento se concreta y se emancipa en sitio alguno se 
ha refugiado la inquietud sutil del misterio. El sueño de 
la vida eterna, el malestar de la conciencia, la duda reli- 
giosa no han sido pensadas. ¿Será que sea propio de los 



pueblos las faces de la vi la individual y esté América en 
su infancia? Fuera que la multitud no se eleva á la con- 
templación sino cuando, cimentando su vida con el bienestar 
se serenan sus ardores para la lucha, descansa y suena? 
¿Sería acaso que el alma española ha perdido la virtuali- 
dad de creer? ¿Quizá al atravesar el europeo el Atlántico 
perdió la religiosidad que la tradición y las costumbres le 
impusieron contra su agrado? ¿Preparará América un nue- 
vo culto á lo invisible? La disolución de creencias á que 
asisto triste, me mueve á pensar que una evolución sana 
amanecerá ó de lo contrario nuestro único Dios será el di- 
nero y la religión: la persecución de la felicidad de los 
sentidos. 

A parte de algunos pocos, contados pensadores las cues- 
tiones religiosas no preocupan seriamente á nadie. Con ra- 
zón" sobrada no halla Miguel ITnamuno el hondo soplo de 
seriedad que tanto ama en la literatura, porque allí donde 
falta esa condición de la producción inmortal, el arte con- 
cluye. Rodó es una excepción del medio, pero su idealismo 
ha tomado los rumbos de la estética y de la moral de fru- 
yan ante quienes la inmensa multitud todavía no se estre- 
mece. Su “Ariel” es para la raza electa del futuro. Será 
oro de Golconda para la juventud en cuya frente se dibu- 
jen los caracteres intensos del “Penseur” de Rodin. Hoy. 
pocos jóvenes miran á Sirio; escasos son los congré- 
gales a una clase donde elevándose á la región de lo eterno 
bello, nn profesor explique el sublime símbolo do Shapes- 
keare. Obra de un esteta y de un filósofo “Ariel” es para 
los artistas y los pensadores. Vagaba así mi pensamiento, 
una tarde de Domingo en que el silencio y el tibio sol 
alegran, dando al espíritu el sentimiento de su libertad — 
cuando tras un golpe seco del cartero, me alcanzaron un 
librito blanco con franja dorada, artísticamente impreso. 
T.o abrí apresuradamente: recibir recuerdos del extrangero 



25 


es una sensación deliciosa. En la primera página leí: J. F. 
á su querido discípulo y amigo, recordando una íiel amistad. 
Domingo de Pascua 1906. Todos los años, por esa época de 
intensa vida en el mundo cristiano, reciño obsequios pare- 
cidos de Suiza, donde cuento con la amistad de dos gran- 
des educadores: Hermana Ldlmert y Julie Fetsclierin. Ella era 
quien me mandaba un librito, cuyo título me encantó: Del 
Renacer en Cristo ó del Renacimiento hacia Cristo. En él, 
un estudiante aventajado é instruido en la alta cultura mo- 
derna, Frunz Speeman, reflejaba en pajinas de belleza 
tranquila su testimonio cristiano. Me contó de una manera 
seductora como llegó á la teología después de haber di- 
vinizado á Goethe, á Voltaire, á Moltke y otros, cuya 
majestad marmórea de genio y carácter animó con la san- 
gre de sus pensamientos. 

Su conversión, su renacer en el Señor, como lo su- 
giere la poética portada de su librito, tuvo por ambiente 
la campiña en verano. Leía allí el Evangelio. Después de 
su lectura entonaba con un piadoso poeta aleman: 

“Jesús mi goce y placer,— 

Jesús, sol de mi ser— 

Jesús mi salvador — 

Jesús luz de mi vida” — 


Tan profunda fué la impresión, que no sabe decirnos 
como volvió á la vida de todos los días después de su éx- 
tasis. La vida parecíale un sueño, — se sentía como alguien 
ipie volviera á la tierra tras larga ausencia. Entonces co- 
menzó á comprender á Pascal, ... De vuelta á la ciudad 
halló á la humanidad pervertida y descubriendo el ideal 
del Renacimiento: construir, construir y construir — so pasó 
de Bach y Beethoven á la Teología para predicar, la re- 
novación moral del hombre por ios méritos de la cruoifi- 
xieión v rasuiT acción de Jesús. Lina vo esto deleitado v 



26 


me vinieron en mente triste juicios de la tierra en que 
vivimos, sin venerar las cosas espirituales. Responsabilizo 
á ello, de nuestro estado intranquilo: la autoridad solo se 
apoya en la fuerza y no en el fuerte espíritu del respeto. 
Por esa razón est« pais, esta America latina no entran 
en la paz como diría el filósofo de Salamanca si juzgase 
de estas cosas. 

Pocos dias después volvió á golpear a mi puerta otra 
mano piadosa para ofrendarme otra joyita religiosa. Esta 
vez se trataba de un Sud — Americano, mozo rubio, alto, 
de perfil ingles, apenas señalando el bozo diez y nueve 
años de estudiosa juventud. Vestido de luto riguroso, con 
sombrero de anchas alas, asomando por debajo cabellos 
ensortijados, me recordaba á un joven puritano de Pensyl- 
vania que un pintor inglés Seymour Lucas lia fijado con 
toda exactitnd en sus cuadros de esa época. Entregóme su 
obrita para leer. Su solo encabezamiento despertó en mi 
multitud de pensamientos: amo tanto á Jesús; és el mi mejor 
amigo. Mi corazón latía de goce. Cristo era admirado por 
un cerebro joven, apenas traspuesta la adolescencia que solo 
es activa para la asimilación. Su vida, había hecho pensar 
á una cabeza joven y á un corazón lleno de amor. La ple- 
nitud de la gratitud, la certeza, el deslumbramiento que 
produce en todos Jesús, le movían á escribir sobre la re- 
dención. Frente á la Biblia, acaso apoyado en la oración 
descubre y escribe de todas las bellezas del corazón, 
que tanto ha amado á los hombres. La admiración del 
Universo le lleva á la adoración de Dios y piensa 
cuando éste “era solo” y “bendecido en si mismo y 
por sí mismo. ” A la pregunta intrincada del porqué 
Dios creó el Universo — “tal cual se presenta ú nues- 
tra vista, encantador por su hermosura y aterrador por 
sus miserias y sus crímenes”- — contesta de este modo filosófico y 
estético: “Al contemplar estos misterios nos encontramos 



27 


todos como el antiguo sabio pagano, que, preguntado por 
su rey, ¿Qué es Dios? pidió un día para responder; expi 
rado el plazo, pidió otros dos, y cuando estos hubieron pa- 
sado, pidió cuatro, y así sucesivamente, hasta que se dio 
por vencido, porque cuanto más estudiaba el problema tan- 
to más difícil se le hacia la solución. Y no podia ser de 
otra manera, toda vez que la esencia de Dios y sus atri- 
butos, no son tan solamente un objeto de razonamiento, sino 
también de té, y cuando la fé falta, la razón vacila, titubea 
cae y muere aplastada bajo el enorme peso de la inmen- 
sidad!” 

Al recorrer estas cuestiones de ardua teología se evoca 
en mi el recuerdo de un cuadro que vi en Londres: un es- 
tudiante pasaba sus exámenes religiosos en la vetusta é 
imponente sala de un colegio de Oxford. Sus examinadores 
eran hombres austeros y graves. Sentado trente á ellos, an- 
te una Biblia abierta é iluminado por un rayo que le ser* 
vía de aureola, el joven parece anonadado y su actitud de- 
lante de la inmensidad de lo divino, se resumía en estas 
palabras: l)eo ilumínaiio mea . Bn caso semejante debe ha- 
berse hallado Scalarelli. Entiende, luego de meditarlo pro 
fundamente, que ni el interes, ni el deber, ni el amor son 
los móviles del Creador. “La bondad, fié aqui el fin de 
la creación”, prorrumpe. 

Otro momento solemne del novel escritor es al pronunciar- 
se sobre el concepto de Dios; son parráfos de un Heleno que 
luego de oir á Pablo, sobre el Areópago narra sus impre- 
siones:” El ama desde la eternidad á todas sus criaturas, á 
todas las visita con su gracia, á todas las sostiene con su 
poder; El está en cada una de sus criaturas yen cada uno 
de sus actos; El es testigo de todos los crímenes y hasta 
es el apoye de los criminales; El está muy cerca de las 
almas más degradadas, está en medio de las llamas de la 
eterna prisión, está en todas partes y todo lo llena con 



28 


su presencia, todo lo ve, todo lo oye, todo lo toca, sin que 
nada lo toque á él. Como los rayos del sol penetran en los 
más lúgubres reductos sin que pierdan nada su belleza y 
esplendor, así el Todopoderoso contempla y tolera el mal 
sin que le toque, ni sufra nada por la demencia, orgullo, 
impureza é incredulidad de sus criaturas; tanto que si, por 
una hipótesis, todas sus criaturas de común acuerdo se re- 
velasen contra Dios y llegasen hasta el punto de sumergir 
el universo en un abismo, esta catástrofe, que seria fatal 
para el universo, no sería nada para El. Dios es siempre 
el mismo, siempre inmutable, siempre infinitamente bienaven- 
turado. El mal ó el bien que causen las criaturas en el 
goce de su libertad, solamente redundan en daño ó provecho 
de las mismas.” 

Taine, que un criterio poco zahori lia tildado irre- 
ligioso, es autor de una página á la que por su emocio- 
nante belleza, ésta se le parece. Ante el misterio todos 
somos hermanos. 

Hermosas consideraciones brinda la explicación del 
misterio de la Trinidad. El hijo, dice M por el conocimien- 
to que tiene de si mismo, llega á ser una persona dis- 
tinta de la del Padre como el pensamiento es distinto 
del espíritu sin estar de el separado” Da segunda parte 
del opúsculo que me inclino á llamar un excelente sermón 
de Viernes Santo, se ocupa de la Tragedia Cristiana. El 
estilo es sencillo como lo es el mismo Evangelio v la son- 
eillez constituye 11:10 de lo s elementos de lo bello. En la 
primera parte hay más pensamiento y se comprende que asi 
sea, pues: la una es un comentario, la segunda una narra- 
ción. De ella sé decir que me llamó la atención, la incul- 
pación hecha por el autor á Juliano emperador. Ella es en 
mi sentir, un tanto injusta. El heleno emperador no odiaba 
tanto á Jesús, á quien solo es posible, amar si se \e com- 
prende como á sus secuaces que ya por aquella época des- 



naturalizando su doctrina, se habían transformado en una tur- 
ba de disputadores. Jai preocupación de Juliano, en cuyo 
nombre parecía condenar al Cristianismo, era la idea de la 
lucha entre el cuerpo, el arta (la forma) y el alma (los in- 
tereses morales). El sabio principe consideraba al Cristia- 
nismo estrecho y fanático, un enemigo del arte de los Griegos. 
La desconsagración de los templos, en que bajo las formas 
perfectas de Apolo, Diano ó Venus se adoraban las ideas 
y cosas más sublimes, era para el piadoso Juliano un cri- 
men de lesa belleza. Cristo no vino al mundo para destruir; 
su vida es alto testimonio de ello; sus prédicas tuvieron 
por escenario la sinagoga como el mar, la calle como el 
hogar. No era el sitio lo que exaltaba la sublimidad de sus 
decires, sino su personalidad que todo lo llenaba de gran- 
deza divina. 

El apóstol Pablo predicó sobre la colina de Marte en Ate- 
nas, junto á los magníficos templos y los augustos tribu- 
nales. 

La vida de Juliano abona mi afirmación y la lectura 
de ella lo confirma hasta la evidencia. Se puede no ser 
partidario de un hombre y sin embargo merecernos respeto. 
Ei genuino Cristianismo no es iconoclasta ni artistotobo. El 
maravilloso florecimiento de la arquitectura en la Edad Me- 
dia, el Renacimiento italiano, surgeridos y alimentados por la 
Iglesia Romana fueron inspirados por el Cristianismo. El 
punto central, el fundamento del arte griego era el desnudo 
como lo es el vestido, en el cristiano; el primero se dedicó 
ante todo á la naturaleza humana en el ideal estado del 
reposo y de la serenidad del pensar; el segundo lo expresa 
todo. Diez siglos de cultura han sido menester para conce- 
bir esa armonía de las cosas opuestas. Hoy día otro sería 
el concepto del varón más templado y noble que llevó la 
púrpura imperial 

De la lectura de esta simpática obrita he salido retem- 



30 

piado en mi té. Creo más en el porvenir del Uruguay por* 
que en él, algunos espíritus, por no decir un conjunto elec- 
to de ellos dibujan en la tela de sus vidas, trozos de esa 
vida superior que íué la del Maestro, la del Salvador, la de 
la luz del mundo. La fisonomía de Cristo, el príncipe de 
la paz, se esboza en la atmósfera espiritual de esta tierra 
elegido por Dios para ser en el Continente latino america- 
no la nación más seria moral é intelectual ya que no la 
más rica ni la más grande. 



1 1 1 


bñ jiiue™ ds jesús 


Los discípulos de Cristo no pudieron inventar semejante 
carácter. 

John Siuart Bell 

Fué el más puro y amable de todos los caracteres de 
la historia, 

Ernesto Viertan 

Je$u-Cristo es el ideal realizado de la humanidad. 

Herder 

“Cristo es nuestra religión — no el Cristianismo. Nuestro 
Señor no nos dio un sistema de ética. Vivió una vida. . . 
El ejemplo vale más que el precepto. 

... El mundo difiere en opiniones teológicas, pero los 
hombres de todas las edades, razas y religiones eoncuerdan 
en la estimación de una personalidad perfecta puesta á prueba 
por las dificultades más insuperables. 

La nobleza de espíritu, el coraje, la paciencia, la ter- 
neza, el sacrificio constituyen acciones entendidas univer- 
salmeóte ..... 

El que suscribe una fórmula religiosa puede faltarle el 
corazón y el valor de transformarse, mas el amor y la fide- 
lidad hacia una persona inspira lo mejor y la vida cuoti- 
diana se halla moldeada por ese amor.’' 


Anónimo. 




Juventud adolescente que estudias y trabajas, baja la 
írente, la mirada triste y lánguida,— levanta la cerviz y 
mira al joven de Nazaret — Jesús: está en el taller del 
carpintero José, su protector; la frente embellecida por un 
rayo de luz que lia ido á descansar allí venido de lo infi- 
nito. Su cuerpo dice salud y los miembros gráciles de su 
persona presentan el hogar más hermoso construido para 
alma alguna: trabaja y piensa en las cosas del Padre, 

El divino joven era completamente humano como su 
naturaleza plenamente divina; creció en saber, al tiempo 
que aumentó en estatura y fortaleza. 

Pilé un verdadero joven, lleno de vitalidad, rebosando 
de la energía propia para las cosas puras y nobles; ayuda- 
ba á sus padres y á sus conciudadanos, escudriñando las 
escrituras en los momentos de ocio. 

Evitó con cuidado cuanto quebrantara su salud, de- 
bilitando sus facultades mentales. 

Apenado porque los hombres dejen de sentirse atraí- 
dos hacia él, uno que deveras le quiere, buscaba el arte 
que le pintase sin las huellas de la anemia; sin estar 
encorvadas sus espaldas; sin el clásico ropaje de harapos 
y cola; ausente de su taz reverberante como el sol, el 
aire deprimente de humildad» 


3 



Yo cr^o á Jesús el más bello de los hombres, porque 
fué el más moral. 

Leed el viejo Evangelio que tiene, como todo lo grande 
el poder de no envejecer jamás: todo prueba allí que él 
era un hombre fuerte, alto, de aspecto imponente, reflejando 
el conjunto la más admirable imagen de la belleza física. 

Su fisonomía reunía, á los rasgos refinados del bello 
tipo hebreo las líneas más perfectas de la belleza humana 
tal como se presentó en Grecia. Se equilibraban maravillo- 
samente en esta cara todos los perfiles suaves de la mujer 
á los vigorosos rasgos del hombre. 

Si es verdad, como lo han adivinado los poetas, que el 
alma se refleja en la fisonomía como el sol en una superficie, 
entonces el espíritu complejísimo del Maestro debiera aso- 
mar en una faz en la cual la fuerza se uniría al poder; la 
la terneza á la simpatía; la firmeza á la intensidad y á la 
resolución, reflejando además las divinas facciones el amor 
y la compasión tan resaltantes en las acciones de esta vida 
incomparable. Agregúese á todo esto la expresión divinal 
reveladora de la luz interna. 

Ese era el joven Jesús; ese será su joven discípulo. 

El que siguiere mis pasos, diría al Maestro, pensando en 
el amado Juan, será hermoso, fuerte y viril como yo 
siempre agradecido ai Padre. 

Lo esencial de la belleza plástica es precisamente esa 
facultad de provocar la atención sugeriendo la meditación — 
escribe un esteta moderno: Paul Adam. 

En la entrada de la pintoresca casa de campo, que al- 
bergó á Tennyson muchos años de su vida, en la isla de 
Wight se leen las palabras. “La verdad contra el mundo*’ 
Nada puede resumir mejor la actitud mental del que dijo 
á Pilatos “Yo soy la verdad, el camino, la vida. ...” 

Al inaugurar su cíase de geología en el nuevo edificio de Ani- 
hersf CoIlege,el doctor Hitchcoek, dijo como exordio á una de 



35 

sus mejores conferencias, refiriéndose á las amplias clarabo- 
yas que servían de tedio al salón: 

“ Mis jóvenes amigos, toda la luz que tenemos aquí 
proviene de lo alto”. 

La Biblia y las cosas espirituales poseen una gloria y 
un encanto que le es peculiar. Pocos se preocupan de ella 
los que solo se dedican á las cosas terrenales y tal es su 
ignorancia sobre ese punto que poco comprenden las refe- 
rencias de los poetas y filósofos á su respecto. Aunque Je- 
sús no fuere un sabio, tenía su mente abierta á lo más im- 
perecedero, á las cosas del alma. Su vida señala claramente 
la diferencia entre el mero saber y la sabiduría. Su espí- 
ritu gobernó siempre á su cuerpo. 

Existe una estatua japonesa en la cual el alma está 
simbolizada por una joya fosforescente sostenida por una 
mano á fin de contemplarla piadosamente. 

El alma es el todo del hombre, ella moldea el carácter, 
el elemento primordial, incondicional de toda vida elevada. 
Despierta temprano Jesús en la juventud, pues el día que 
te ame, te comprenda, será el más bello de la vida. 

Cada día son más costosos y malsanos los placeres á 
que los jóvenes se dán. Si la naturaleza humana pide 
aire, luz y movimiento para subsistir y fortificarse, la parte 
moral exige calma, paz y sano entusiasmo para engrande- 
cerse. ¿Quien puede dárnosla mejor que El con los goces puros 
y profundos del hogar y de la salud? 

¡Rey de los jóvenes inmortales os saludo! 




[ia reiiouacidn en Cristo 


La personalidad del Cristo brilla á través de los siglos 
con la belleza de la claridad. Es ésta la razón porque los 
ojos de los investigadores de la verdad recorriendo el ho- 
rizonte histórico del mundo, descansan sobre El como su 
más perfecta y final encarnación. 

Jorge P. Boivard. 

El Nuevo Testamento explícitamente enseña que la 
conciencia dá á todos los hombres el conocimiento de la 
ley moral. Sin esto, el cristianismo no tendría base. Una 
religión Universal seria imposible. Admiro la obra y el ca- 
rácter de Brama — Contucio —Sócrates y sus semejantes, pero 
cuán lejos me dejan de la verdad que mi mente y mi espí- 
ritu hallan en Cristo y sus benditas enseñanzas! 

Jorge P . Homar d. 




¡'Alzaré mis ojos ¿ los montes, de donde vinie' 
Ta mi soco^TO ,, . Salmo 121 
Venid y rebosad un poco. S. Marcos VI 31 


WA día 31 de Enero de 1904 marcará en la historia 
de mi alma una fecha gloriosa: asistí por vez primera al 
culto de Cristo-Redentor. 

Tiempo ha que padecía de sed y el Señor como á la 
Saman tana me dió de beber el agua de la vida. Repetía de 
los más hondo las palabras de David en el admirable Sal- 
mo 42. “Como el ciervo brama por las corrientes de las 
aguas así clama por tí, oh Dios, el alma mía.” Recordaba 
lo versículos del apóstol San Juan V 11-37 “Si alguien tu- 
viera sed, dejadle venir á mí y beber.” No puedo expresar 
la expansión de todo mi ser al hallarme en el templo de 
mis entusiasmos más puros. Todo el profundo espíritu cris- 
tiano se me reveló, y al compás de los cantos sentidos y 
con las oraciones se iluminó nú corazón de la luz eterna. 
Mi ideal, aquel ideal que nació siendo yo pequefmelo y que 
continuó al través de muchos años de luchas y dudas, se 
había realizado era en aquel momento; ungido discípulo de 
Cristo. 

Inclinando la cerviz, baja la trente, los ojos entornados 
hacia lo invisible dejé á mi espíritu balbucear más ó menos 



40 

esta oración: Estoy con Jesús y con El hay paz, hay amor 
hay poder y saber. Oh, Maestro, estoy cansado, quiero re- 
posar cerca de tí que eres el sumo bien y la belleza que 
no decae. Deseo beber en la fuente de tus gracias infini- 
tas, amo el conocimiento divino; quiere conocerte para amarte 
y luego dar fé á los hombres de como ese amor trae la 
dulce paz y la felicidad tranquila y bella. Oh tú, que eres 
la luz, iluminadme; oh tú que eres lo único cierto, enseñad- 
me la verdad y el bien. Hazme puro y caritativo: que te ame 
sobre todas las cosas. 

Más tarde canté telicisímo los himnos conmovedores y 
escuché la lección que versaba sobre la pesca milagrosa. 
Las palabras del Evangelio me tocaban muy de cerca: en 
ellas Jésus aludia al ministerio, al engrandecimiento del rei- 
no suyo por la predicación. Recordé entonces muchas horas 
dulces de mi vida, evocando muchos domingos en que sólito 
frente al harmonium cantaba y oraba, improvisando un culto, 
— canté con ardor el himno tan poético en su música y en 
la letra: 

“Sol de mi ser, mi Salvador”. Sentíame renovada, y 
lo que acaso no habían logrado penosas horas de estudio 
y meditaciones, largas conversaciones con la ciencia y el 
arte — obtuve en pocos minutos la gracia toda potente del 
Evangelio. 

¡Cuan grandioso me parecía entonces el Evangelismo 
continuación de la Iglesia primitiva, modelo de todas las 
demás! 

De todas las palabras de la Escritura una me ha 
impresionado siempre mucho y es aquel grito enérgico de 
Job, en medio de despiadada aflicción: “Sé que mi Re- 
dentor vive y que al fin se levantará mi cuerpo sobre 
el polvo.” 

Tin capiián inglés, corazón cristiano y alma noble, me hizo 
notar la belleza de este texto que es un testimonio de 1a. té 



41 

más sincera. Repito ese grito del corazón, seguro de que es el 
mismo que elevan todas las cosas del Universo á la Supre- 
ma Energia que es amor y belleza. En el concierto eterno de 
las alabanzas y en la armonía de todo yo sé que Jesús oirá 
mi débil voz, yo tengo seguridad de que las notas de mi 
hymno porque es cantado con amor llegarán á las esferas 
de la ley y del poder, yo doy testimonio de que con la volun- 
tad ñrme y santa todo se vence, yo pienso que el Cristianismo 
es vida antes que íé, acción antes que idea. Vivid la calma 
vida que Jesús trajo, buscad lo justo y bueno en todo pensan- 
do, pensad: con optimismo y tendréis fé. 

Es admirable lo que puede la ié; como transforma á los 
hombres: de tibias hace á las almas, ardientes; de ignorantes, 
sabios; de indiferentes, entusiastas. La lectura profunda de la 
Biblia es para el alma sana una especie de inmersión en una 
agua de viua nueva, de existencia iluminada. Comprendo alio- 
ar todo el poder de ese libro santo, actualmente traducidos á 
más de 300 idiomas y dialectos. Sobre los humildes tienen una 
influencia especial las Sagradas escrituras; se sabe de miles de 
hombres que allí han aprendido á leer y con ello se les han 
abierto los horizonte? más honestos déla vida. 




Reüeciones sobre ¡a fé 


u Un día que le confesé mi admiración de que existie- 
sen tantas religiones, me dijo: Helena, hay «na religión uni- 
versal, la religión del amor. Amad con todas vuestras fuerzas, 
con toda el alma á vuestro Padre que está en los cielos; 
amad á cada uno de los hijos de Dios tanto como podáis y te- 
ned presente que hay más ocasiones de hacer bien que de 
hacer mal. 

Así tendréis la llave del cielo. Y su vida entera ha sido la 
demostración de esta gran verdad. En su alma toda nobleza, 
el amor y la ciencia se unían en el dominio de la luz. El 
Obispo Brooks no me enseñó ninguna ciencia particularmente 
definida, ningún dogma; pero me penetró de dos ideas: la pa- 
ternidad de Dios y la paternidad de los Hombres; me hizo com- 
prender que estas dos verdades eran la base de todas las reli- 
giones de todas las formas de adoración. Dios es amor, Dios 
es nuestro Padre, nosotros somos sus hijos; por eso las más 
densas nubes se disiparán, y si la justicia es demorada alguna 
vez su victoria no es sino aparente; el mal no triunfará defin i- 
tivamente 1 ’. 

Reí en Kcllcr . Historia de mi vida p. 157 




Como la tendencia de mi espíritu es la armonía al través 
de la reflexión, tengo fé reflexiva. Afirmar la no existencia de 
Dios, es tan insensato, como negar la cansa primera. 

En el confin de la especulación mental, la idea de causa 
aparece serena y eterna. Admito un mundo objetivo: la materia ; 
otro subjetivo , alterno, psíquico. Por nuestra mente comunica- 
mos con él; la idea seria una estadía en ese mundo invisible, 
pero por ello no menos real; la acción, su manifestación. La 
materia con su tendencia destructiva, pues está condenada á 
la muerte, vale decir transformación, nos llevaría al mal, si 
nos fiáramos demasiado en sus solicitaciones. El espíritu por el 
cual existimos para el otro mundo, nos conduce al bien. De 
esa dualidad en la materia organizada con vida humana, ha 
surgido las religiones como lazo de unión. Las religiones son 
explicaciones más ó menos exactas de una realidad, no negada 
por espíritu alguno. 

Cada cual se refugia, durante la cruel tormenta de la du- 
da, en alguna doctrina ó religión, pero ello no implica que 
crean en ella á ciegas. Por mi parte he ido al Protestantis- 
mo por hallar allí á mis más amado maestros y amigos. Taino 
con sus obras, que son un gesto helénico, me lia llamado al 
Partenon, — pero solo existen ruinas suyas. Para poderlas 
admirar siquiera por una rendija del mundo moderno, lie idoá 
la religión déla Reforma. He hallado en ella, á intelectuales 
que, si bien como yo, no saben bien definir á Dios ó causa 
eugendradora, le sienten al mirar el cielo las noches estrelladas; 



al contemplar al sol, ocultarse, tras las fantásticas nu- 
bes ó al elevarse por entre los tules vaporosos del aire hú- 
medo; al astítar las olas del infinito mar; al sentir la magnifi- 
cencia de los paisajes, la majestad de la ciencia, la belleza al 
través de la prosa de un Guyau, los versos de un Shakespeare 
ó de un Leconte; la grandeza tranquila de la estatua griega; 
al éxtasis musical, la voluptuosidad de los sentidos; Inacción 
heroica; el pensamiento bondadoso; un corazón noble ó una vida 
armoniosa .... — entonces sé que mi cuerpo es un templo de Dío s 
viviente y que los cielos anuncian su gloria . Mi alma es una 
orla de la inmensa vestidura de la Divinidad, un pliegue de 
su infinita frente, un suspiro del alma universal. Durante ese 
arrobamiento, no ya yo vivo sino ella, — eterna energía, mis- 
teriosa creadora, inescrutable justicia. 

Evohé, Abracadabra, Luz, Jebová, Pallas Atenea, Jesús 
— todos los pueblos lian sabido balbucear su nombre. 

¿Le conocemos aun bien? No. Las ciencias mentales y 
aun la propia que estudia la materia y sus fenómenos, nos van 
acercando al santuario, pero duda que ruedas rodarás por si- 
glos, hasta que la prueba aparezca y entonces el hombre trans- 
formado de gloria en gloria volverá á verse cara á cara con 
su causa. ¿Qué es vuestra vida efímera, frente á la eternidad? 
¿Nuestro cerebro, enriquecido cada vez más, ante la mente 
de las mentes? 

Amemos, estudiemos las acciones bellas,— ellas levantarán 
para nosotros el orden del divino velo; otras generaciones lia- 
rán lo propio y así hasta que contemplemos á Dios en su exis- 
tir deslumbrante que acabará por absorbernos. 



VI 


ha juventud del cuerpo y del espíritu dada por jesús 

Con fé robusta en la razón hay que buscar la razón de 
la fé. La ciencia de la religión es lo único que emancipará á 
los pueblos latinos de su esclavitud relijiosa ó antí-religiosa; 
la meditación racional á la vez que cordial del Cristianismo 
Evangélico es lo único que les arrancará de las garras del 
paganismo que los enerva. 

Miguel de Unamuno 

Para llegar á ser sabio se necesita primero la íé, luegt 
la íé y seguidamente y siempre la íé. 

Daclüux. 

Podemos experimentar la unión con algo más amplio que 
nosotros mismos y en esa unión bailar nuestra mayor tranqui- 
lidad de alma. 

Wüliam James 

Yo amo los símbolos: en ellos ha fundido la humanidad 
pensante como el escultor en su bronce ó en su mármol sus 
ideas más sublimes. Los amo aun porque ellos evocan en mi 
mente mil sueños de grandeza; hablan al alma. 

Alberto Nin Frías 

Los que por su situación social, su cultura 6 las funciones 
que tienen á su cargo están llamado i á ejercer la más lijera 
influencia sobre la opinión, no tienen el derecho de ocul- 
tarse ó de refugiarse en equívocos. 

Tienen la obligación de hablar. 

G cor <jes Lejjues. 




jJó venes! venid, venid á trabajar en la vina del Señor. 
Ei vino que obtendréis es aquel que da larga vida al cuerpo 
y una eternidad al alma; es aquél prometido á la Samari- 
tana cuando el Maestro Supremo de la Juventud Cristiana- 
Jesús, le dijo: “sólo has de adorar á Dios en espíritu”. 

Tenemos alma, tenemos cuerpo. ¿Cómo conservarlos en 
juventud, vale decir, activos y sanos? Alma y cuerpo se 
influencian uno al otro; lina elevada espiritualidad disminuye 
las pasiones de los sentidos; un agudo materialismo nos 
vuelve escépticos. El desiderátum cristiano es arribar á la 
salud corporal y al bienestar moral: mens cristiana in 
corpore sano . Para gozar de esta vida en todo io que ella 
ofrece de bueno y hermoso, es necesario ajustarse á cierta 
higiene. Es saludable el pensar bien; estimula el vigor cor- 
poral. Los sentimientos de rabia, odio, envidia y sus congé- 
neres, desarrollan secreciones mortales. La labor mental es 
de tanta necesidad como el ejercicio fisico. El pueblo griego 
maestro en muchas cosas, se acercó más que otro alguno 
á este equilibrio al cual parecen también llegar los norte- 
americanos. Solón, Sófocles, Píndaro y Jenofonte vivieron 
hasta los ochenta y hasta entonces trabajaron bien. Al 
morir el sublime autor del Fausto, los médicos descansa- 
ron su cuerpo descubierto sobre una mesa y Sheífler, uno 
de ellos, exclamó llorando: “Es el cuerpo de un dios griego.” 
Pocas señales había en ese molde magnífico del desgaste 
de la vejez. Goethe había pensado y sentido con serenidad 

4 



toda «ii vicia. Miguel Angel escribía versos á los noventa 

y nueve y el célebre Tixiano casi llegó a la edad de 

cien años; su último ruego tné que pudiese vivir aun para 
terminar cierto fresco. Estos genios eran jóvenes á pesar 
de su avanzada edad. David, aquel rey hebreo que tuvo 
una juventud tan espléndida y (pie Miguel Angel lia sabido 
esculpir con contornos tan bellos y viriles, dice en una 
de sus oraciones al Eterno J\)oei: — Dios — ■ LL \ r tu juventud 
será renovada como la del aguila” En otra parte se ex- 
presa de. esta suerte enérgica: “Como saetas en manos de 
valiente, así son los hijos Imbuios e:i la juventud” Por 

hijos debemos entender toda la actividad desplegada en 
esa edad. 

La vida virtuosa conserva esta juventud que es al 
go más que el tener pocos años. Decíase de la célebre 

Mme. de Ueniiuier: “no es anciana, sino joven desde lar- 
gos ufios”. Eñi vida mantiene la alegría y cuan grandio- 
so es su poder: olla es á la salud, lo que la luz á una 
rasa. Leyendo una revista inglesa que encierra el sumo • 
de la sabiduría práctica para el bien vivir, hallé estos 
consejos, reglas áureas de la juventud que tanto amamos: 

“Evitad frecuentar á personas mórbidas, cínicas y de 
espíritu crítico,. .Id á la gente contenta, por el bien de 
vuestra mente. Absorbemos el pensamiento de los demás.” 

Escupid compañeros que tom n la vida por su Lulo 
optimista... Leed libros saludables... Cuando os sintáis dé- 
biles, meditad sobre la tuerza. Ordenad vuestra conversa- 
ción, de manera que el bailar defectos y criticar sea 
para vosotros uu hábito del pasado. Perdemos nuestra tuer- 
za mental por usarla mal y dirigirla peor. Lo semejante 
atrae lo semejante. EL pensar bien de los demás, hace que 
se piensa así de nosotros mismos. El vivir con las cunlida- 
de.j de jóvenes — altruismo, salud, belleza, curiosidad, en- 
tusiasmo— nos perpetuará en la encantadora juventud. 



La tuerza omnipotente, cayo cultivo sujerimos, tiene 
un empleo vastísimo en la causa del Evangelio. 

¡Qué inmensas son nuestras ventajas, jóvenes! Todos 
nuestros medios están llenos de esperanza. 

A la obra, juventud, en las horas mejores de la vida. 

Caminemos en la luz de aquel qne otrece en cambio 
de nuestra virtud, la juventud perenne. 

Hacia el alma por el Evangelio, la ciencia y la be- 
lleza. 




VII 


Un filósofo moderno y el Bvangelio 

Amigos mios vivirnos en un mundo de labor. Justo es 
que trabajemos y tengamos que trabajar con fuerza. Ser 
industrioso es la condición normal de la mente y del cuer- 
po. Vivimos en un mundo inquieto pero ni es juicioso ni 
es piadoso permitir que esa inquietud nos invada y que 
nos vuelva desase-gados. 

Esa inquietud interior, tal intranquilidad de alma trans- 
forma a .1 mundo en un purgatorio, coloca á la verdad más 
allá de nuestro alcance, pone un halo de ilusión alrededor 
de todas las grandes verdades de la vida y de la eterna 
existencia. 

J)r, Parkursi. en el 
B mi ncs > World . 

“La ciencia ejerce actualmente, á causa de los errores 
de una vulgarización, imbécil á menudo y odiosa, uua in- 
fluencia doble y funesta sobre los hábitos intelectuales, mo- 
rales y físicos de la humanidad.” 

Taine 

“IVexperience 11’a prise aucune sur les questions dVs- 
sen ce et d ? origine. JAttré . 

“Je n’ai jamais été athée, je n’ai jamais nié Texistence 
de I)ieu....Je crois que la tliéorie de l’Evolution est tout á 
fait compatible avec la croyance en Dieu. . . . L’imposibilité 
que ce grand et etonant univers, avec nos mot consciente, 
á pu naítre par hasard, me parait etre le principal argument 
pour l’exístence de Dieu.” 


Darwim 




t T no (lelos testimonios de la superioridad del libre exa- 
men es sin duda, la vigorosa intelectualidad que sustenta. 

Alemania, la nación sabia por excelencia cuenta con 
muchos teólogos, pero de ellos, ninguno otrece un conjunto 
de cualidades tan felices como Adolfo tíarnack, autor de “La 
Esencia del Cristianismo.” 

Cuando un libro nos impresiona fuertemente, sentimos 
misteriosa simpatía bacía el autor y curiosos de conocer el 
alma maravillosa que la ha pensado, recurrimos á las bio- 
grafías. lie aquí algunos rasgos de la de Harnack. 

Los filósofos, romo los pueblos felices, tienen poca his- 
toria. 

Harnack cuenta actualmente 52 años y es profesor de 
historia eclesiástica en la Universidad de Berlín, que aunque 
de reciente formación cuenta con 487 profesores. ¡Que se- 
vero Ateneo lia de ser! 

Nuestro autor no es precisamente mi teólogo ni un ere. 
yen te ciego, es un pensador imparcial que piensa sobre ios 
orígenes del Cristianismo con simpatía, amor y justa cla- 
rovidencia. Esta característica de su claro talento ha sido 
fijado admirablemente por un crítico: 

Adolfo Harnack es un hombre de la más profunda y 
s incera vida espiritual: y si su credo no es grande por el 
número de sus artículos, influye vivamente en su vida prác- 
tica. Ks mi cris tuno lúe ¿míe que desea una alianza con to- 
do . •> ¡os soldados de Jilos. Xo esconde sus simpatías por los 



50 


perseguidos, por las sectas disidentes, por las iglesias no 
conformistas. Habla, con disgusto visible, de todos aquellos 

que persiguieron en nombre del Evangelio Personalmente 

es un hombre simpatiquísimo.... como conferenciante es muy 
interesante y siempre dueño del argumento.... Sus lecciones 
instruyen y “edifican” Hasta aquí el comentario del más 
intelectual de los periódicos evangélicos. Lo que he leído 
del hombre puede repetirse de sus lecciones que manifiestan la 
vitalidad fecunda de las ideas cristianas. 

El Evangelio es aún hoy después de sus veinte siglos 
de edad, un compendio de la verdadera civilización social; 
todavía un modelo a imitar. Goethe con todo su genio, ha- 
lló sublime la moral del Cristianismo. 

El juicio de Harnack es terminante en este punto: 
“Pienso que no tenemos nada que enseñar al Evangelio, 
sino mucho que aprender de él”. Y más adelante acudiendo al 
criterio ajeno para vigorizar su argumento, dice magníficamente: 

íf La aparición do Jesucristo, nota justamente nn histo- 
riador moderno, persiste como cimiento exclusivo de toda 
civilización moral. Según se apague ó resplandezca la her- 
mosa imagen, mengua ó se acrecienta la civilización moral 


de las naciones”. 

El gran Taine pensaba de la misma suerte. 

Todo el libro concurre ,á sugerir que tan sólo la reli- 
gión ■vivida pude ser sinceramente profesada* El autor es 
sincero en sumo grado y si su exposición del Cristianismo 
nos parece novedosa están solo porque le conocemos adul- 
terados en la mayoría de los casos “Conviene, pues” dice Har- 
nack, “aislar á la religión cristiana, que es sencilla y sublime , 
y que no se propone una sola finalidad: la vida eterna en la 
vida terrenal, bajo el poder y ante la presencia de Dios.”. 

Hay en este libro una lección muy directa para nuestra 
sociedad. Ella es la definición de la nación cristiana, una ves que 
Evangelio fuera un hecho: 



57 


“Y todavía conviene agregar, para que no se emp3ñe la 
sublimidad del precepto evangélico, que el discípulo de Cristo 
debe estar siempre en condiciones de abdicar todo cuanto esté 
comprendido en su derecho, y debe trabajar con empeño para 
que la humanidad Ucguc á ser una nación de hermanas , en la 
cual deje de afirmarse el derecho por la fuerza, y funcione me- 
diante la expon tanea obediencia de los hombres al bien; sea 
finalmente una sociedad, no sustentada gracias á instituciones 
jurídicas, sino gracias á la reciprocidad del deber y del amor." 
¿Verdad que esto es bello, estimado lector? pero al propio tiem- 
po entristece. 

¿Que lejos estamos los Americanos de tan grandioso ideal! 
Aun no hemos emprendido la ruta hacia la montaña santa. To- 
davía en la inmensa América, dos veces tan grande como Euro- 
pa, la guerra civil es un fenómeno social ante el cual deben 
resignarse las almas propicias á la más amplia civilización. 

“Xo escasean los hombres dotados de intuición depurada, 
“casi profética, que mantienen la vista y el pensamiento 
“fijos en el reino del smer y de la paz, el cual 
“no es yapara ellos más utopia Estas preciosas ideas de nues- 
tro autor, nos consuelan, pero no lo suficiente para abandonar la 
lucha que se impone cada vez más tenaz para la propagación 
del Evangelio. 

Quisiera que este libro lleno de “piedad sencilla y sincera” 
moviese los ánimos en ese sentido. Conviene á todos su lectura 
el sacerdote hallará en el argumentos y citas para sus sermones; 
el instructor de la escuela dominical vistas sugestivas y erudi- 
ción para sus lecciones y el laico, meditaciones profundas. 

No olvidemos que u cl reino' de Dios no admite más 
fuerzas que las morales y religiosas , ni más jundamento 
que el de la libertad 

El capítulo décimo quinto dedicado á la religión cris- 
tiana tal cual se ha desarrollado dentro del Protestantismo 
es de palpitante interés. Allí está analizado con prolundr 



dad, la transcendencia y objetivo de “La Reforma”. Léase 
con detención y recuérdese bien pues, no se puede dar idea 
más cabal del Protestantismo, que tanto amamos. 

Creo de corazón que Cristo y su vida interesan de nuevo 
á los hombres, que hartos de anarquía y de egoísmo, se encaminan, 
al bien. Católicos como protestantes dejan n memulo caer esos 
apelativos para llamarse sencilla y bellamente: cristianos. Pilo 
indica que el más elevado de los progresos cristianos está en 
evo I u c Lo ¡ i ráp id a: la toleran cía . 

Cuanto más amemos á Cristo, más estimaremos esa vir- 
tud y nuestro espíritu sereno amará mejor cuanto hay de 
hedió y de eterno en la religión. 



VIII 


Et maintonant c‘est, la fraielieur que je vois 
Car mon ame a seuti, de son ombre surpiim 
Eourdo, á floto de darte, la tentante promise! 
Jalifa, son roe d’amoiir et monte en jet de toi 
Et puis retombe en gnnttes d’espoir cliant. en nona 
Chant. et suspeud au lien d’une pousúere infecte 
Une pondré d’ean vive au a paréis ch man ame 


Mon 

Saos 


Bien Aimé — je Uai clierclié depnis Uaurore 
te trouver-- -et je te trmives et c'est le soir 


Mes quel bonheur! — il ne íait pas-tout a fatt noir 
Mes yenx encere pourront te voir . , . 


Js a Samar i tu iue, Kdmoud llovían d 




@1 evangelio y !a poesía moderna 

“LA SAMA RITAN A” 

Un drama basado en el Evangelio 

POR 

Hilan*» imI Ros t aml 

Una emoción divina ha atravesado nuestros corazones. Al 
son delaura voz de Bar ah y del suave ritmo de E)e Max, el 
Evangelio ha vivido. Ro stand no escribió este admirable poema 
lo soñó. Ha leído el más sugestivo de los libros y sin esfuerzo, 
su espíritu ático ha tenido la visión de Palestina; sus más re- 
cónditas bellezas han surgido como las gotas cristalinas de un 
c ántaro encantado. La emoción intensa sofoca e) pensar y de 
tanto sentir los escalofríos de admiración, de respecto, de espi- 
ritual belleza correr por las arterias, ardorosas, he quedado al- 
gún tiempo inactivo ante el papel que fija la impresión estética. 
Pero, si la belleza embriaga, es cierto que sugiere y es á la 
sugestiones que voy á dirijirme para reproducir el grato sueño 
mesiánico que se llama “La Samaritaine”. 

Abre su Evangelio Edmond Rostand con una escena que 
representa el pozo sagrado do otrora J acobo hallara á Raquel: á 
lo lejos se divisa un bosque y montes; es de noche y velan el 
sacro sitio las tres sombras de los profetas mayores. Estas tres 
visiones blancas recuerdan la majestad del drama griego. Esta 
escena constituye el prólogo de la obra. Las sombras huyen an- 
te la aurora que nace bella para saludar á aquel, que vendrá en 



nombre del Espíritu Universal, á enseñarlas leyes amorosas del 
perdón, de la regeneración y de la igualdad moral. Se suceden 
varios cuadros y finalmente llega la nota culminante. Entra la 
Sarali Bernhardt, envuelta su plástica figura en. los» undosos 
pliegues de una túnica que es una obra de arte. Va en busca de 
agua y entretanto, su alma frívola piensa en los ensueños de la 
sensualidad. Espera el amado, que será bello como el amanecer 
fuerte y vigoroso. Repite en tono distraído lo que el corazón 
siente y engolfada en su amia* terrenal, no percíbela visión de 
io alto, encarnada en Jesús. El está allí, sintiendo la amargura 
del desprecio. Ea Samaritana se va á retirar, cantando su can- 
ción amorosa, cuando el Profeta de los Profetas ie pide de 
beber. La pecadora reconoce en él á un judío y rehúsa com- 
placerlo; Su espíritu continua entregado á la frivolidad. Jesús 
medita, ie descubre su vida pecaminosa, y entonces, rendi- 
da, escucha la palabra de vida eterna. Este diálogo entre 
Jesús y la Samaritana es bellísimo, suave y sereno; toda 
la pieza está en él; es su Icit-Moltf Sarah pasó por una gama 
deliciosa de posturas plásticas á cual más admirable. 31 ax 
personifica al Señor de una manera honda que supone un 
estudio psicológico profundo. 

Todo es admirable en tiste cuadro. Al ocultar el telón 
este ensueño evangélico, la Samaritana cae á los pies de 
aquel que reconoce como el Mesias, mientras lentamente 
recita las divinas palabras de su canción que son mas ó 
menos así: “Tú eres el bien amado que buscaba desde la 
aurora al alba, suelta sobre el cuello la dorada cabellera...” 

La Samaritana ha sido tocada por el espíritu de Dios 
y en el cuadro segundo se hace la meiisagera del Bien 
Amado y su doctrina; se transfigura v balbucea las pro- 
testas acerca de la venida del Mesías, revelando las máximas 
sublimes del Nazareno. 

En esta escena la eximia actriz ge portó á la altura 
de la época en que para ciertos ciáticos era sin duda la 



fUJ 


reina del teatro. La voz de oru, el gesto, las po^e< plás- 
ticas que envidiarían el buril de Rodin. — Todo ello tué 
insuperable, es el desmentido más grande á la decadencia 
de Sarali. La juventud es perenne en ella: lia bebido Am- 
brosia. Fné en ese momento, el más hondo de la pieza 
que nos salimos con los ojos húmedos de emoción, i Qué 
halagador es el arrobamiento estético! 

En el último cuadro se ve como la fé de la pecadora 
ha encendido el entusiasmo comunicativo, logrando la siga 
toda la población de- Samarla. La procesión gloriosa sor- 
prendo la tranquilidad del maestro y sus discípulos. 

Es allí donde dice el Cristo sil palabra redentora: u Es 
menester que os acostumbréis á que los últimos sean los 
primeros". 

La apoteosis sigue su curso mientras por la fé los 
cieno s consiguen ver: los mudos, hablar; los sordos oir 
y los que no saben llorar, el llanto copioso. 

Espectáculos como este revelan y dignifican la misión 
del arte que debe ser una sugestión continua, de; lo gran- 
de noble v su!) lime. 




ba resurrección de Jesucristo y la vida eterna 


El día vuelve trayendo consigo el círculo enojoso de preo- 
cupaciones y deberes. Ayúdanos á soportarlos como hombres, 
ayúdanos á realizarlos riendo. Con sonrisa bondadosa, dejad 
que trabajemos alegremente. Permitid que ejercitemos nues- 
tros asuntos con el corazón lijero durante este día y que al 
llegar la hora del reposo nos hallemos cansados, contentos y 
sin deshonra y finalmente concedednos el don de dormir. 

Roberto Luis Si eveuson 


Por mucho que progrese la civilización, por mucho que se 
extiendan^ las conquistas del entendimiento humano, jamás 
será superada la sublimidad moral del Cristianismo. 


O < sitie 




la resurrección del fundador de la religión cristiana 
es un lieelio trascendental. Los teólogos le consideran como 
la prueba de la divinidad del Señor; los creyentes basan 
en ella la esperanza de un nuevo renacer en las regio- 
nes do el sol del amor y de la vida, nunca se oculta; 
los incrédulos lo estiman el punto de toque de la fé cris- 
tiana. 


La semana de dolor había pasado para Cristo; el 
más noble y glorioso sacrificio que hubo, jamás se había 
consumado y había sido llevado el cuerpo bello del Sal- 
vador á descansar en un jardín, cerca del monte Calvario- 
Cn sentimiento de espanto y de anonadamiento corría por 
las filas de creyentes. El rey de la vida estaba oculto. Para 
el pequeño ejército cristiano la muerte de Jesús era lo que 
para el planeta, el desaparecer del sol. 

Los primeros rayos del alba de esa mañana incompa- 
rable en que Jesús volvió á la vida tísica, iluminaron á 
varias mujeres que venían á llorar y traerle perfumes 
como homenaje de fidelidad. María Magdalena, la más 
conpiscua de ellas percibe la visión inesperada de una tumba 
vacía sobre la cual reposa, en todo su esplendor espiritual 
un ángel. Estas discipular corren temblorosas y sorprendidas 
á contar la nueva. Pedro y Juan ion los primeros en su- 



.68 


borlo. Van á la tumba y la hallan vacía. El Señor luego apa- 
rece á María, su primera mensajera y luego se suceden las apa- 
riciones y reconocimientos. 

Un célebre pintor lia lijado en colores ía mañana ele Pascuas 
es un cuadro muy sugestivo: dos ángeles en las formas aereas y 
bellas que los representamos, vuelan por la colína del Calvario 
en actitud de mirar el más glorioso de los amaneceres. Nunca 
Febo doró cuadro que tanto emocione al que sabe por la agen- 
cia de la fe, sentir su belleza. 

Todos los años al avecinarse la época en que los pueblos 
cristianos acostumbran á recordar la Pascua irreno cable, pero 
recordable, me siento como en la primavera invadido por una 
tuerza vital misteriosa que me impulsa íi ascender en la escala- 
de las cosas espirituales, hermosas y nobles de la vida -y, Muer - 
te, donde está tu aguijón? 1 ' grita el apóstol y, parece que esa es 
la exclamación del creyente al recordar el acto divino, acaecido 
diez y nueve siglos ha. Place el vivir, gusta la vida cuando en 
ella se experimentan todas las sensaciones, todos los sentimien- 
tos, todas las ideas (pie la prolongan on el delicioso estado de 
salud, y de armonía tísico-mental. Cuanto más vemos con los 
ojos del alma y olmos cotilos oídos del espíritu, entonces el 
efímero sueño de vivir los setenta años, señalados por David 
se desvanecen y nace la idea de una vida larga, centenaria, mi- 
lenaria, eterna. 

En la resurrección vemos como en la superficie de un lago 
ó de un espejo, esa perspectiva tan solemne que más no puede 


Cristianos, hombres de bien, corazones abiertos á las gran- 
des ideas, si habéis dudado jamás de que nuestra alma esté li- 
gada á la Divinidad por las áureas cadenas de la inmortalidad 
meditad en el relato del Evangelio y dejaos seducir por ese- 
sueño de ventura, veréis á vuestra alma triunfante de la mate- 
ria v sus limitaciones. Lo que no ven nuestros ojos, ni escu- 
chan nuestros oídos, ni acaso anhelamos, eso será nuestro 



por el sacrificio «le los placeré s malsanos, de las satisfaccio- 
nes ficticias y de loa vicios degradantes. 

David Strauss, el autor de la Vida de Jesús, que com- 
batió como mejor pudo la divinidad del Señor tuvo la pre- 
caución de proyectar todo lo relativo á sus últimos momentos. 
Pidió se cantara ni coro de Lsis de la Flauta encantada, 
de Mozart, en su funeral y para su ático ataúd dispuso 
ios laureles de los (rejegos. 

A pesa i- de su escepticismo sombrío, sintiendo cercano 
su fin quiso oir la lectura del Phaedon sobre la inmorta- 
lidad del alma. 

Xo pudó ir á descansar; con la misma placidez que los 
animales son llevados al matadero y apesar suyo llegó hasta 
él, la voluptuosidad de la luz. 

“Si Cristo no lia resucitado, vuestra fé es vana” dice el 
apóstol á los Corintios. Kxplicar el misterio es sin duda 
imposible, dado el conocimiento imperfecto que tiene el hombre 
de las leyes de. la vida y de la muerte pero, cualesquiera 
que ellas fueran, tenemos que, aceptar la resurrección como 
un hecho incontrovertible. Con ese acto no solo quiso Dios 
mostrar su poder y terminar el sacrificio, que le había 
impuesto la encarnación, sino revelar al mundo la innior- 
tialidad del alma. ¡Qué prueba tan convincente es de ella, 
la resurrección! 

Xo hay más, si Jesús resucitó, nosotros resucitaremos 

* 

el mal, el sufrir, la maldad solo podrán esclavizandos mientras 
vivamos en el cuerpo pero, triunfaremos de ellos. 

Cuando el anciano doctor Fausto, cansado de vivir, 
enfermo de duda quiere apurar su vida envenenándose, 
suenan gloriosas las campanadas de Pascua. Como ondas de 
un mar de júbilo le llegan las voces angélicas: “¡Cristo lia 
resucitado! Regocíjete el mortal que se consume aquí aba- 
jo en los lazos de los vicios y de la iuiquilidad!’' Fausto 
desde entonces se siente atraído por la vida; la juventud 



se le vuelve á representar encantadora y el amor, como un 
ravo de belleza, le deslumbra. 

Con respecto al misterio de la otra vida, existen dos 
cuentos que solo pueden ayudarnos á comprender mejor el gran 
hecho. Se festejaba alegremente en el palacio de un rey 
normando, cuando atraído por las luces, sin duda, un gran 
pájaro penetró en la sala. Al entrar pegó contra el techo 
se horrorizó de la luz y luego de dar grandes revoleteo» salid 
de nuevo á perderse en la noche y en la tempestad. “Asi 
es la vida” dijo un bardo que allí * con su canto, embe- 
llecía la tiesta, “el hombre viene al inundo de donde no 
sabemos; el dolor y la labor le añijen y últimamente vuelve 
al seno de la obscuridad, dolorido y atemorizado hacia donde 
no le podemos seguir con nuestros ojos.” 

Una vez que el célebre Galileo se había quedado tra- 
bajando durante toda una noche, al amanecer entró un ruiseñor 
a-1 cuarto por una ventana situada al oeste. El astrónomo 
observó al pájaro Entre tanto los rayos de la aurora iban 
iluminando el cielo azul; el animalito los percibió por la 
ventana oriental y aprovechando la claridad voló hacia 
afuera. Gal ileo siguió mirando al pájaro que ascendía cada 
vez más las regiones luminosas. Lo comtempló hasta que 
perdiéndolo de vista podía ola cada vez más débil la hermosa 
melodía que cantaba. 

“Lo mismo sucede con nuestra vida observó el tiloso- 
fo. Venimos de una región desconocida. Nuestra vida, es pena 
y dolor; mas al tin vemos la luz, que buscada, se encuen- 
tra después de sobrellevar las pruebas que señalan núes" 
tra estadía en la tierra. Y asi como la luz solar disipa 
las brumas, también la lumbre de la verdad desvanece ef 
error y nuestras almas siu cuidado, cantarán de alegría 
para siempre.” 

Jorge Sand, la vigorosa novelista, á quien no se pue- 
de tildar de fanática, escribió estas lineas hermosas y hondas: 



71 


“Sólo conozco una creencia y mi refugio: la te en Dios 
y eu nuestra inmortalidad... Es extraño y casi doloroso 
tener que defender esas doctrinas: ellas hicieron la gloria 
de la hnmanidacl... Sin ellas los pueblos no son sino tro- 
pillas, combatiendo por la existencia, según las fórmulas 
de Darwin, devorándose los unos á los otros, comiendo, go- 
zando y reventando en vez de morir.” 

Resumamos en las palabras de nn apologista científi- 
co de la té, que es nuestra delicia y nuestra gran esperanza. 

“El alma existe, ella piensa, ella es pues libre; luego 
ella es inmortal”. 

Es el mensaje que nos debe traer esta conmemoración 
y si al salir del templo por la noche pascual, hemos 
logrado hacer nuestra esa verdad, entonces podremos estar 
seguros de regresar un dia al seno de la Divinidad, da 
donde salimos v á donde iremos. 

1/ 




€1 cuito del hogar 


;t Siento una gran satisfacción ai encontrar en Buenos 
Aires representantes de la Asociación Cristiana de Jóvenes. 
Durante unos cuarenta años he estado lürado con ella cu el 
estado de Nueva York, siguiendo luego con interés su or- 
ganización y difusión por todas partas de los Estados Unidos. 

La he visto figurar eu todo el mundo y creo que es una 
de las asociaciones más benéficas y útiles de las socieda- 
des modernas. 

La liberalidad de su espíritu, el criterio práctico y sano 
de su organización, la forma como persigue sus altos idea- 
les y su influencia amplia, dado su carácter independiente 
y tolerante,, desde que no admite cuestión de sectas, la ha- 
cen desempeñar un pa el importante y útil en todos los paí- 
ses del mundo. Representa las virtudes fundamentales de 
todo sistema de moral y religión. Ureo también que ha ejer- 
cido la influencia más poderosa conocida en beneficio délos 
jóvenes do todas las clases sociales y me satisface mucho 
ver extendida esta asociación en la América del Sur, siguiendo 
el ejemplo de Estados Unidos, Canadá, la Europa y también 
del Asia.” 


Palabras de Ehhm lío o i. 




A mis queridos hermanos, con todo el corazón. u La 
poesía no está en las cosas: está en nosotros. Es menester 
imponérsela á los objetos como el escultor impone al már- 
mol, su ensueño”. 

El culto cristiano es el culto del hogar ó de lo contrario 
es, formulismo y hueca exterioridad. La ventaja de los hogares, 
á quienes el título de “evangélicos” cuadra como el marco be- 
llo al cuadro, consiste en el culto en familia y en armonía, 
enjen drada por la oración, desús diversos miembros. 

La familia es el tipo ideal de la humanidad: es esa gran- 
de ola reducida á su estado primordial, casi atómico. Ella es 
también el núcleo candente del centro social*, solo ella es capaz 
de producir bien-estar, prosperidad y belleza en un pais. La 
familia es la célula madre de la patria, el protoplasma primi- 
tivo al cual se reduce la vida animal en su esencia física. 
De ahí que toda reforma debe dirijirse á ella. Las familias 
unidas y honestas en cuyo seno se forman los grandes cardo 
teres, las voluntades templadas y los corazones bondadosos 
son los instrumentos de Dios para reformar á la sociedad que 
vive fuera de su esfera salvadora. 

Desearía brevemente dar á conocer mi concepción del 
hogar. 

Mis ideas arrancan de la impresión indeleble que conservo 



de Inglaterra, país de '‘dulce hogar de mis recuerdos": de la 
lectura de su literatura edificante y del estudio apasionado que 
llevo haciendo de la reducción de la belleza, de la serenidad 
del encanto y del espíritu de Dios-Hijo en las relaciones de los 
¡seres y de la constitución del “homo : \ 

[ n templo es la casa en que vivimos: embellecerla es un 
deber moral. Jesús al encarnarse glorificó el cuerpo humano; 
eorrespóndenos pues prepararle una digna morada donde el 
aire sea puro y agradable: donde percibamos objetos que 
sugieran sin cesar nuestro alto destino: donde nuestras ma- 
nos hayan dispuesto de todo con amor, previsión y esmero* 
MI ambiente tísico influye sobre nuestro estado moral y se- 
gnu las circunstancias en bien ó en mal. 

No debe faltar en una casa, el piano, ó el harmonio m; 
con ellos la familia bel glorificará á Dios ya cantándole 
alabanzas, ora para sentir tan poéticamente la vida como 
lo sintiera Beethoven, Haendel, Scbuman ó Gounod y ese 
ejército de vigorosos compositores que pusieron música á 
nuestros sentidos hymnos. 

La música contribuirá al desarrollo do sentimientos delica- 
dos é intensos; ella hace presentir y tener visiones del más allá- 

No será sentido, hermoso é intensamente cristiano el 
comenzar el día fijándonos en Dios? 

Nuestro mas puro sentir es para el que en nuestro 
sol y refrigerio. Con caras matinales le saludaremos. Jcsiu 
estará presente en este hogar que lo presenta sincera y 
desnudamente sus debilidades para que él las remedie. V 
si el gefe de la casa, invocando el nombre augusto y casi 
i mombrable de Dios le dirijo con voz conmovida la plegaria 
en que expone todas las necesidades de aquella asociación 
entregada á la solicitud de su fuerte amor? Y sí enseguida 
se repiten pausada y concien temen te el Credo, el Padre- 
nuestro y el Gloria seguidos de un liviano arrancado con 
mano piadosa al órgano: 



‘‘Duerme tranquilo ' 1 querido, decimos ameimdo 
Xo poseyendo encantos para alejar 
Tristes ensueños que penetran nuestros párpados; 
Mas nunca tornará ese pesar 
A des turnar el feliz ensueño cuando 
El dé descanso á sil bien amado. 


El rocío divino cae silencioso sobre la colina 

Las nubes navegan serenas arriba 

Mientras el hombre, sobre la tierra siembra y recoje; 

Más suave que el caer del sereno 
O el bajar de las nubes en el cielo, 

EL dá á su amado reposo" 

Dios, Jesús, los Angeles, la humanidad santificada se 
regocijarán de la unión del cielo y de la tierra. El Salva- 
dor será sin duda el huésped permanente. Acaso no todo 
le sonreirá en el mundo, á esta familia espiritual mea te feliz, 
pero puede esperarlo cuando silenciando toda ambición te- 
rrenal tiene para si lo mas elevado y hermoso: la faz. la 
serenidad, ía ti Utilidad de Dios? Xo es la perfecta tranquilidad 
de ia conciencia, esa alianza de lo divino con lo humano, 
una riqueza y una felicidad incomparables? Las personas de 
altas condiciones morales y grandes alcances espirituales no 
pueden aspirar ni poseer caudales: y ello lo comprenderán 
los que participen de esas ventajas. Junto al trabajo, frente 
á < la dificultad, delante la desgracia, cara, á cara con ia 
muerte, ignorados por los hombres, el hijo de ese hogar 
será feliz, sereno y paciente, comprendiendo que todos esos 
sufrimientos suyos son poco precio pava las cosa-; infinita- 
mente bellas y los goces perennes que procuran. 

Para el cristiano todo sufrir es santo; todo dolor es 
provechoso. Por él solo se llega á lo eterno justo, á lo siem- 
pre bello y á lo infinito bueno.... 



78 


Cae la tarde melancólicamente, y es hora de cenar: án* 
tes de comenzar, mediante una oración alguien pedirá la 
bendición de Dios para los alimentos. Llegada la hora en 
que nos es dulce el sueño, la familia se volverá á unir. 
Cuanto referirá el bueno del padre en la oración para que 
sus hijos se empeñen mas y mas en ser perfectos como lo 
es nuestro Padre que está en los cielos. 

El cuida de los pájaros y de los árboles con amor; para 
con nosotros apasionada ternura, es su amor. 

Dejad que cada pequeña vida tenga su belleza peculiar. 

En mi entender cada familia debe tener su calendario. 


Habrá dias de íntimo regocijo y también tendrán cabida los 
dias en que se conmemoren hechos tristes. Navidad y el Do- 
mingo de Pascua se festejarán alegremente. En los cum- 
pleaños se buscará que cada cual regale imponiéndose para 
ello algún sacrificio; modo sabio de inculcar el altruismo y 
la reciprocidad. 

Toda familia deberá tener su lema, legado por sus a ir 
tepasados, creado por su actual sostenedor 6 sacado de la 
Biblia ú otro libro que contenga la sabiduría humana. Por 
mi parte he compuesto éste, síntesis de mis aspiraciones y 
esfuerzos: “Hacia el alma por Cristo, la ciencia y lo bello’ 1 
A pensar en otra, sería este: “ser, construir, embellecer”. 

Las reuniones en familia, —aunque más no fueran sema- 
nales, donde cada cual revelara sus habilidades para el canto t 
piano, recitado ú otra ocupación recreativa— serian poderosos 
lazos de unión y reciproca simpatía. No basta nacer hermanos 
para serlos en verdad; para ello se necesitan la tolerancia' la 
solicitud y cuanto puede perfeccionarnos y volvernos felices. 
Para ser comprendidos, se necesita comprender; amad y sereis 
amados- La alegría, el buen humor, el cariño, la paciencia, la 
abnegación son los elementos positivos de la vida fraternal. 

El rol paterno es semejante al del sol sobre e’ planeta; 
luminar y velar por el desarrollo armónico del pequeño mundo 



79 


entregada íi su tutela, su más noble y elevada misión en la 
tierra. 

Cada niño es un caso particular; un mundo en sí. No pa- 
rece ser una ley de la naturaleza, la igualdad absoluta. Lector, 
busca en tí mismo la poesía de un alma y vívela en tu hogar; 
no pases el santo hogar sin desechar todo mal pensar, toda 
perversidad de corazón y toda terquedad de la voluntad. In- 
gresa! á tu casa como á una iglesia, con el ánimo sereno, ol- 
vidando todo rencor y entonces lo mejor de tí, aquello que 
nunca perece, irradiará luz, prosperidad y alegría ai ambiente 
en que vives. 

A iberio Nin Frías 

Montevideo, 29 de Julio 1906 


FIN 




Opiniones p juicios 


iWtos 


SOBRE EL 

y sus otsas 


La publicación de estas páginas tie- 
Ue por objeto agradecer de este modo k 
ios qué se han ocupado de las obras del 
•autor con tan honda simpatía. Muchos 
de estos juicios son páginas literarias 
de primer orden y como pertenecen á 
personalidades representativas de la li- 
teratura americana, el autor, ha querido 
^co n ellas ofrecer á lo $ críticos europeos 
y americanos, una antología de nuestra 
interesante literatura nacional. 




Opiniones sobre las últimas obras del autor 


De Oliseo Recius 

(París, en voyage) 

6* XL 04. 

Mon cher camarade et ami; 

J\ai bien re$u le livre que vous me signalez dans votre 
lettre et je yous remercie fcr6s cordial ement. J’ai déjá, ln 
les passages que vous me signalez et je vous remercie íort 
les sentiments que vous y exprimez pour moi; je suis henreux 
dn bonlieur qui m’a éfcé domic de pouvoir suscitar des amis 
lointains qui travaillent avec tnoi pour le bienéfcre physíque 
et moral de la grande famille liumatne. . . . 

Tres cordialement k vous et á tonto canse vraiment hu* 
mame. 


filis ée Ueclus 


Dg Madatr.g Dsnuslls H. Taine 

París, 20 Mars 1903 
Monsienr 

Vetúllez oten ser le retará de eette lettre; j’ai trouvé 
Votre livre au refcour d\m lorig séjour en Afrique. J ai été 
trés tonché d3 la dédicace que veas avez voulu y mettre 
pour moi et des pages si pénétrantes et si sympathiqnes 



4 


que vous avez consacrées á l’ceuvre de mon mari. Ce sont 
mes grandes joies, les seules qui me soient encore permisos, 
de voir sa mémoire pieusement conservée, á Ffttranger córame 
en Flanee, par tant de penseurs distmgués, amis de sapen- 
sée, admirateur de son talent, disciples de ses doctrines. J’en 
reqois journellement de précieux témoignages, le votre me 
venant de si loin, de cette Amériqne latine qui doit étre une 
de nos ailiés natural les 7 et un membre de notre íamille, m’a 
été doublement précieux. 

Veuillez, agréer, monsieur, ¡'expresión de mes sen tímente 
de gratitude et de liante considération. 

Demudíc H, Taine 


De Angelo de Guhernaíis 

Presidente de la “Sociedad Heleno-Latina” en Roma. 

“Mi querido joven amigo: 

He recibido los “Nuevos ensayos” y me complazco y ale- 
gro vivamente con usted, que tiene tan bien encendida la tea 
del más puro ideal y de la verdadera caridad y fraternidad 
cristiana, entre sus conciudadanos y nuestros hermanos del 
Uruguay, “Peroje, generóse pner” (id adelante generoso jo- 
ven) solamente que tengo mas fe en la luz heleno-latina que 
no en las tinieblas nórdicas délas cuales usted parece aca- 
riciar el misterio, — Su añino. — Angelo De Grubernafcis”, 



5 


De la Destara ID. Práxedes IDuñoz 

'‘En una carta da usted, (Sr, M. Madueüo) que tengo á 
la vista, me hablado la juventud pensadora de estos países, que, 
sin mayores estímulos, presta diario contingente al arte, creando 
obras recreativas y también de alta cultura intelectual. No quie- 
ro, pues, terminar esta correspondencia sin decirle siquiera sea 
dos palabras del libro de nuestro buen amigo el señor Nin Frías 
titulado: Nuevo* estudios da crítica c historia . 

Es un autor muy original el señor Nin en nuestra socie- 
dad moderna tan anárquica y descreída. Reverente y entusias- 
ta con su maestro querido Taine, nos revela al mismo tiempo 
con encantadora naturalidad la fé tranquila y celeste que él 
abriga para con otro maestro, mucho más superior y univer- 
sal: el Cristo, ese ideal soberano de los espíritus selectos. Mo- 
ralizadory de alta tendencia espiritual, el libro del señor Nin, 
seria de desear hiciese camino entre la juventud estudiosa, 
para despertar el culto al ideal, el amor sencillo de la na- 
turaleza y el criterio filosófico, cualidades que posee el joven 
autor y que hacen destacar en él todo un carácter.'* 


De Miguel de Unamuno 

RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA 

Salamanca, 13 de Octubre de 1903, — Señor don Alberto 
Nin Frías.— Mi querido amigo: — Recibo tristes noticias de esa 
su patria; Dios la tenga de su mano y aquiete los espíritus ins- 



pirándoles inquietudes más íntimas y más fundamentales que 
les aparte de esas luchas que no proceden sino de íntima 
ociosidad espiritual. El que no lucha con el misterio de la 
vida y de la muerte, para lo cual hay que recogerse, se 
desparrama en estériles luchas exteriores, por preeminencias 
de teatro 6 apetitos de sensualidad y poder. No me cabe du- 
da sino de que á estos pueblos, á los que en vez de habér- 
seles dado una luz, la del Evangelio, para que con ella se 
abriesen camino, por sí mismos á través de la cerrada sel- 
va de la vida, se les metió en el desvencijado carro de la 
Iglesia y se le lleva en él á oscuras, por caminos que no 
conocen, como la quietud les daña se entretienen en reñir 
unos con otros por cualquier menudencia. El habernos dado 
el dogma hecho nos ha hecho díscolos .... 

Estoy muy contento, contentísimo, por que, creo haber 
escrito mí obra capital comprensiva, aquella en que be pues- 
to más alma, más pensamiento y más vida, y á la vez un 
ensayo de genuina filosofía española y no esos miserables en- 
gendros escolásticos. El caso es que hará cosa de dos meses 
coji un día el Quijote y una cuartilla de papel, encabecé 
éste así: “La vida de don Quijote y Sancho, según Miguel de 
Cervantes, explicada y comentada por M. de U.” Abrí aquel, 
y empezando por su primera línea, fui entretejiendo con sus 
pasos y pensamientos culminantes, mis libres meditaciones, y 
trabajando en ello á diario y hasta cinco horas, algún dia, he 
terminado mi labor, que redondeo ahora. Me lia resuelto 
una filosofía y más bien una teología á la española, á la ge- 
nuina española. Estoy muy sastifecho de todo ello y en 
especial de mi comentario á la aventura de los galeotes 7 
cuyo tema es que no se debe ni puede castigar sino p ira per- 
donar; que el fin del castigo es el perdón y no se perdona 
gratuitamente para que el perdón adquiera con el castigo va- 
lor y precio. 

También he quedado satisfecho de nú comentario á la 



7 

aventura de los batanes, y es que Sancho cuando es de no- 
che y no tf vé” la causa de los temorosos ruidos, tiembla y 
se acoge al caballero de la fe, á Don Quijote, mas cuando 
ya de dia ve los batanes se burla del caballero y su fe, Así 
hacen los que se llaman hombres de ciencia sin advertir que 
volverá la noche, pues noche y dia se suceden sin cesar, ha- 
brán de acudir á la fe para no temblar. 

Me he detenido en comentar la ejemplarisima muerte del 
caballero, entretejiéndola con pasajes de la “La Vida es sue- 
ño” y nosotros, los soñadores de la vida, ¿no seremos dueño 
de Dios? 

Allí los comentarios se elevan y ahondan y acaban con 
una oración. 

No sé como caerá mi obra en este pobre país, que pa- 
rece encallecido para lo que más debía importarle, pero se 
que hay muchas almas en esta España que empiezan á des- 
pertar al cuidado del misterio. 

— Ahora me preocupa el buscar el hondo pensamiento es- 
pañol, el que apuntó en los místicos y ahogó la Inquisición, 
el que circula por debajo de nuestros mezquinos comentado- 
res escolásticos. — Quiero que mi obra resulte obra nacional. 
Deseo ver su libro en la, Biblioteca Samperc .... 

En un discurso de Cartagena, ha ya dos años pronto, le 
cité. Vuelvo 4 citarla en una larga nota que he enviado á 
“La Lectura”, acerca de un libro chileno sobre Chile — el del 
señor Vicuña Subercaseaux. 

Espero con verdadera ansiedad trabajos suyos porque 
usted tiene para mí, en la literatura americana, el actrac- 
tivo de un “merle blanc” es usted un caso único, por su 
sentido religioso y cierta orientación espiritual que ahí falta 
de ordinario. Y como yo, según voy haciéndome viejo — voy 
corroborándome en mi manía por los estudios religiosos, de 
aquí lo que de su obra de usted me interesa .... 

.... A esta literatura americana le hace falta un so- 



8 


pin <!e honda seriedad y de preocupación por las grandes 
inquietudes íntimas de la conciencia. Del ordinario y tosco Ca- 
tolicismo á la española lian pasado á un indiferentismo demo- 
ledor y esterilizador. Usted puede hacer mucho y espero que 
liará .... 


Inútil decirle qne sus “Nuevos Ensayos” me ofrecerán 
ocasión de decir ciertas cosas apoyándome en las que usted 
diga. Usted es uno de los escritores que más me conviene exa_ 
minar, porque usted me da pie, como muy poeos r para las re- 
flexiones de fine más gusto. A la tarea, pues, y Dios le dé 


salud. 

¿Como va ese pobre país? 

¿Entra, al tin, en paz? 

¡Sabe cuantío su amigo es. 

Miyucl de Unamwio 


w En su nueva obra Alberto Xin Frías cuyo espíritu se 
aparta por completo de las frívolas corrientes literarias que 
impone la moda, se nos presenta como crítico de juicio re- 
posado y sereno, que comprende todo el alcance de su divisa: 
“elevaos y elevad á los demás” que para cumplirla estudia y 
trabaja sin descanso, dando alto ejemplo de una laboriosidad 
provechosa”. 

El Slylo N.° 1215 Año XLI. 


La importante dei libra na es el estilo, sino el fondo. Hay 
en el saludables orientaciones. Retrata la modalidad peculiar del 
espíritu joven que lo ha producido: espíritu innovador, proli- 
jamente cultivado, movido por el ansia del bien universal. 

En ese sentido, la obra de Nin Frías merece contarse en- 



<) 

tro las mejores de las que lian aparecido en nuestro país en 
estos últimos tiempos, y deja bien fundada la esperanza de 
libros futuros, en que eL autor asentará su personalidad de 
pensador y de esteta. 71 . 

El I)¿a Año XVI níun. 4b 6 A 


“Los ensayos de critica de Alberto Nm Frías forman una 
serie de monografías sobre obras literarias uruguayas y ex- 
tranjeras. Son ei fruto de una inteligencia nada vulgar y de 
un espíritu cultivado, condiciones que se ponen de manifiesto, 
á pesar del prurito de frondosa erudición que las empaña”. 

De La Nadan de 22 de Setiembre de LJü4. 


La borrasca política no impide que el pensamiento filosó- 
fico germine. La aira especulación mental, es una concentra- 
ción para ios espíritus que se sienten rechazados por el medio 
ambiente. 

De ahí que en mello de la angustia de la guerra, la 
producción intelectual siga su curso. 

Alberto Nin Frías, acaba de publicar un libro titulado 
‘-Nuevos ensayos de crítica”. El joven escritor es autor de va- 
rías obras, alguna de las cuales han tenido resonancia en las 
grandes revistas europeas. Es un espíritu formado de medi- 
tación y de estudio. Su mentalidad modelada en los liceos de 
Europa, se ha abierto á los grandes horizontes bajo el cielo 
de la patria, pero conservando el sello indeleble del dog- 
matismo inglés. Peregrino impenitente á través de las filoso- 
fías de todos los tiempos: dílettante de todas las teorías hu- 
manas, su alma comprensiva ha caminado á tientas por la senda 
incierta del pensamiento moderno, y al fin se ha orientado 
hacia la filosofía cristiana. 


Su filiación artística está en Grecia, su espíritu helénico 


mira hacia el Acrópolis, y asi como un gran músico me de- 



10 


cía no ha mucho, que su teogonia la realizaría recon Huyendo 
el Parten on. y colocando en el templo las estatuas de Beethoven, 
Chopín y Berlioz, él eolo caria sobre el pedestal de los dioses 
la cabeza pensativa y austera de Taine. 

Nin Frías es un místico. Sus libros expresan claramente 
el trabajo interior que se opera en el seno de este espíritu 
lleno de luz y de esperanza, que ama la vida y que tiene 
confianza en el porvenir. 

Y estos, frutos sinceros que florecen en el medio ambien- 
te calcinado por el ardor de la lucha, son un consuelo, y ha- 
blan al espíritu de esperanza y de fé. 

Baúl Montero Bus turnan te 

En La Brema de Buenos Aires. 


De La Revista Positiva, N. 52 

1." de Homero de 117. 

Libro interesante y sentidamente escrito, es el del jo- 
ven escritor uruguayo Alberto Nin Frías. En él palpitan 
los sublimes sentimientos del hispano-americauo consciente 
de las cualidades y defectos de su civilización, y de las 
aspiraciones juveniles, y por tanto nobilísimas, del alma an- 
siosa de luz para todas sus almas hermanas. Nin Frías, es 
hombre religioso , como lo somos los positivos, pues ve en 
la religión una de las condiciones de existencia de la socie_ 
dad. Su religión es teológica, el protestantismo, y la nuestra 
humana; la suya se refiere á lo absoluto, y la nuestra á 
lo relativo. No obstante estas divergencias coincidimos en 
ideales respecto del sendero que deben seguir las naciones 
ibero -americanas, para que sean respetables y respetadas, y 
por eso reprodujimos con íntimo placer en el núm. 35 de 



11 


esta Revísta, el etrnyo del Sr. Nin Frías, que tnta de la 
difusión de la cultura española y de la lengua divina que 
sirvió á Cervantes para escribir su obra inmortal. Cuando 
la sinceridad de la convicción ilumina las páginas de un 
libro, el libro engendra simpatías por su autor, y este es el 
caso del simpático escritor uruguayo, pues escribe con el 
alma sincera del apóstol* 

El libro de Nin Frías á que se refiere esta nota, se 
distingue de la mayoría de los libros de ios escritores his- 
pano -americanos, en que procede principalmente de las me- 
jores cepas inglesas. Ama y admira su autor á los grandes 
hombros de Inglaterra y le felicitamos por su gusto, que 
nosotros calificamos de exquisito, quizás porque también lo 
sentimos. No quiere decir lo anterior, que Niu Frías no po- 
sea personalidad de escritor, no, pues la posee y bien defi- 
nida y altamente simpática. Lo que queremos expresar, es 
que su personalidad literaria es reveladora de su culto á 
los grandes escritores ingleses. Alma como la de Nin Frías 
encontrará deleite incomparable si lee á los positivistas in- 
gleses: al Dr Congreve, al Dr. Bridges, al Dr. Ingram, á 
Cotter Horiaou, y á los Profesores Beesly y Harrison, Su 
amor á lo grande y á lo bueno, á lo verdadero y á lo bello, 
hallará en los libros de esos maestros , el más substancio- 
so estimulante. 


pE LA JpOETISA JA AípA jpUGEEÍA y AZ pESRRElPA 
Estimado amigo; 

En la bulliciosa falange de los “nuevos” en su mayoría 
picaflores del pensamiento, sutiles divagado res de la idea, me 
ha sonado á oro vuestro último libro. Aún recuerdo la im- 
presión novedosa que me produjo el otro por su acerta- 
da selección de ideas, por su amplia erudición, su invitación 



constante á todo lo que es noble, y, sobre todo por su 
alto eclecticismo moral. Hoy persistís de nuevo en esos 
ideales, en toma mas primorosa y exquisita. 

Leyendo vuestros libros no paeio meaos qae recordad 
un cuento bello y simbólico: era un país surcado de sendas 
trabadas por un genio protector, que conducían, en todas 
las ramas humanas, del punto de partida á la meta final 
y á aquellos de sus habit¿mtes que acertaban siempre á 
escoger la senda mejor, se les discernía el título de maestros 
de almas, y guiaban después á las irresolutas muchedumbres. 

Si v<‘3 hubierais nacido allí, seguramente que hubierais 
sido uno de ellos. Sois oriental y os educaron en Ingla- 
terra: esto explica quizá el conjunto íeliz de vuestras cua- 
lidades; ser idealista, espiritual, sensible, como los latinos 
siendo fuerte, pujante y sano como los sajones-.... que 
ideal! Las cosas antagónicas pueden extinguirse ó comple- 
tarse; y en vos, temperamento propicio á la paz y á la 
armonía, el consocio de las razas se multiplica en una 
floración de virtudes; así, sois inquieto en la investigación, 
sereno en los problemas, curioso en ia filosofía, contem- 
plativo en la belleza; sentimental y estoico, romántico, ri- 
sueño, indulgente y austero. Si hubiésemos que trasladar- 
nos al país de mi cuento, yo aceptaría que fueseis mi 
maestro, sólo que en una de las sendas no quisiera seguiros lias, 
ta el fin; en aquella donde la fé incondicional tropieza con las 
exigencias de la moderna ciencia. No por eso intentaría retene- 
ros conmigo, no; por mi, podríais proseguir el áspero camino, 
cruzando los valles luminosos y las selvas sombrías; podíais 
escalar como águila las cimas, las cúpulas y los astros, buscan- 
do los pros y contras del “ultra” rebelde; yo me quedaba al bor- 
de del camino, atrás, muy atrás pensando que quizá; 

“Tous ceux humbles qui sont aujourd’hui les derniers 

Finiront, Dieu La dit, pour étre les premier s” 
y acariciando á la blanca paloma de las dulces misivas. . , 



Por fortuna, pese á las posteriores rebeldías de vuestra re- 
ligión bebemos en la misma fuente; vos amais mucho á Cristo, 
no podía ser de otro modo puesto que sois artista y 
la suprema bondad es la suprema belleza. Sabéis que “al- 
truismo”, “caridad” y “amor” son palabras clásicas que no 
mueren, sabéis que, como entre las multiformes tentativas 
de los artifices modernos perduran las melodías impecables 
de los viejos maestros, entre todas las sectas, entre todas 
las innovaciones, resonarán siempre, inmarcesibles y serenas, 
las divinas armonías de Jésus, de ese gran poeta de corazón 
autor y actor del poema único y eterno. Pero el castigo de 
los incrédulos es debatirse en el arduo problema, en la te- 
rrible “question” que hacia monologuear al pensativo “Hani- 
let” y hará monologuear aun á mucha» mentes ilusas, tan 
poderosas como ingénitas, empeñadas en comentar la insu- 
ficiencia de la lógica celeste .... ay! todos quieren ser 
dioses!, aún ignoran el mecanismo de los círculos y quieren 
usurpar el gran secreto, y ante el varia lo kaleidoscopio de 
los prismas se enredan y se confunden mientras Jésus, con 
I03 ojos poblados de recuerdos, los mira tristemente desde 
sil crucifijo. . . . 

En el “Ensayo sobre la revolución....” lleno de sabias 
exhortaciones, cifras y ejemplos ilustrativo*, palpita el since- 
ro horror que os inspira la guerra; el “crimen colectivo ’ 1 
que persiste después de tantos siglos de lucha civilizadora. 
La humanidad es fuerte, pero lo es aun con la fuerza de los 
débiles, cuya entidad superior, dominada por el instinto, ei 
hábito ó el prejuicio, no es capaz de exteriorizar lo que re- 
suelve en el inviolable y recóndito tribunal interior. Muchas 
veces mirando á la turba uniformada alejarse al compás de 
las emocionantes marchas militares, como otras tantas espe- 
ranzas que se van, llevándose consigo su único caudal de 
suspiros, de quejas y de lágrimas, evoco una visión del por- 
venir; me parece ver las salas del futuro, adornadas con 



14 


Rabies y tambores, trofeos de “nuestra” barbarie, como ha- 
cemos ahora con las flechas envenenadas y los penachos 
multicolores de los salvajes.... pero quizá esto es tma ilusión. 
Quien, nos dice hasta cuando marcha en ascenso el ciclo de 
la vida terrestre? hasta cuando les será permitido esperar á 
los que sueñan con las supremas perfecciones? quien nos dice 
aún que no sean átomos de su esencia esos toques sombríos 
de la tragedia universal, donde, activa ó pasiva, perceptible 
ó secreta, cada uno de nosotros encarna una figura? No 
será fatalmente preciso amar la gracia épica de las luchas 
bizarras? no son de un altruismo virtuoso, digno de consis- 
tencia, muchas de esas ofrenda* voluntarias de la vida, que 
nos conmueven con tristeza de hermanos y admiración 
artistas? No seré yo, ciertamente qiien me atreva á arrojar 
la primera piedra sobre esos héroes que van á ooultar sus 
hazañas en las tumbas solitarias y agrestes, sin mas laure. 
que alguna flor silvestre, tributo del sol y de la tierra, pa- 
dre y madre imparciales, sin odios ni rencores, que e.itre la 
vasta prole humana reparten por igual sus caricias y sus 
consuelos, en la gran apoteosis de la primera luz y en el 
seno piadoso de la última sombra .... No os enojéis; 
divagar es mi eterna costumbre desde mi intrincada 
selva, ya sabéis cuanto alabo el “sursum corda” de vues- 
tras prédicas, y si me hubiese cabido la misión de apóstol, 
sembraría como vos, á manos llenas el germen de la santa 
esperanza. 

Otro día conversáronlos de la muerte, la pálida “qui- 
mera” á quien dulcificáis en tan hermosas páginas; páginas 
consoladoras, donde enseñando con qué calma evangélica su* 
pieron despedirse de la vida muchos espíritus esclarecidos, 
tendéis á unificar las almas en una luminosa idea de resu- 
rrección; conversaremos del “homo”, que con rasgo con- 
ciso y maestro sabéis sugerir; el “sweet-liome” con sus 
muros tapizados de láminas artísticas; con sus mesas orna- 



das de libros con los que amais meditar junto ú la griega 
estatua de líneas musicales y entre el vago perfume de las 
“dores de Otoño” mientras el órgano sonoro interpreta los 
cantos del Norte magestuoso y sereno ó solloza el piano las 
melancólicas mazurcas donde danzan los sueños del lírico 

Oliopin Pero no quiero terminar esta impresión sin aludir 

á la dedicatoria de vuestro libro- “(Jiiéranme siempre 1 ’ 
decís á vuestras amadas hermanas, qué súplica tan bella! 
e:i esta época de decadencia afectiva la ostentación de un 
vínculo sagrado es obra de valientes. Pero no, no quiero 
pensar que seáis un solitario sentimental, ni aun un ves- 
tigio de aquellos grandes corazones que inspiraron pági- 
nas inmortales; pretiero esperar que e*a delicada prueba 
de simpatía fraternal pertenece al material con que se 
elabora el progreso del alma lutura... Y por último, no 
olvidéis obsequiarme siempre con vuestras estimables ofren- 
das, á mi, que amo vuestros mismos ideales y os auguro 
un puesto de honor entre los que, con las luminosas viden- 
cias de su espíritu, ennoblecen y glorifican el pensamien- 
to de América. 


Notas sobro un libro 

“NUEVOS ENSAYOS DE CRÍTICA” DE NIN FRIAS 

Acabo de cerrar, después de leerlo con avidez, el libro 
de un autor joven que apostoliza sublimemente sobre lo que 
Williams James llamara, en una célebre obra, a los ideales 
de la vida”. En el frío y lento descenso de este criipúsenlo 
casi hiemal, una ráfaga del libro me trae la nostalgiada ti- 
bieza del “Lome”, en el cuál los cerebros meditativos, hechos 
á las dolorosas abstracciones del pensamiento, pontifican. 



Nin Frías habla del hogar con ana ingenua adoración 
infantil. El gabinete de trabajo, en el que suenan las almas 
apacibles de los libros dilectos, tiene, para este evocador de 
los Pórticos, la severa configuración y la maj estática noble* 
zade un sanctnario. En las elegantes hornacinas, las efigies 
de los grandes helenos, talladas de perfil en bloques de más 
puro pentélico, erigen en la penumbra perfumada la impecable 
euritmia de sus ademanes . . . Nin Frías ha dialogado con Pla- 
tón, monologa io con Taino, polemizado con Renán. Estos 
dos galos amables, que fueron también griegos de adopción, 
le han enseñado el secreto de pensar con serenidad aun en 
este nuestro mundo de tristezas y de reino vedoras agitaciones, 
El don de Ja elocuencia sincera que hubo en ellos, lo ha he" 
redado este nuevo discípulo del Acallemos. Lo único que igno- 
ra es la ambigua ciencia del sofisma, la tortuosa retórica, y el 
hueco y vago verbosear de los que visten la clámide del filó- 
sofo para arrastrar á las turbas con las superficiales seduc- 
ciones de sus paradojas. El lenguaje que emplea en sus libros 
tiene 1 a diáfana cristalinidad de las aguas corrientes. Y como 
la patria por la cual suspira su alma— patria lejana en el 
espacio y en el tiempo — es la Grecia elegante, espiritual y re- 
finada de los joníos, pienso que este helénico ensoñador que 
pasea entre nosotros las tristezas ideales de su exilio, pudie- 
ra repetir con un poeta que él evoca en una de las pá- 
ginas más expresivas y suge rentes de su último libro: “Lá 
par tout ott lleurissent l’olivier pále et le cyprés, ornement pro- 
íond sur le bien de Pin finí— lá inon ame déslre vivre toujours 
saos fin”. 


Los descarríos imaginativos que engendraran los alambi- 
camientos y las amftbologias de I03 decadentes faltos de cer- 
teras orientaciones, están excluidos de los u Nuevos ensayos”. 
Nin Frías populariza entre los doctos el evangelio de la bon* 



17 


dad cristiana, y entre las muchedumbres ignaras el evangelio 
de la ciencia práctica. Lo que se derrama en su obra, es su 
corazón inflamado en generoso 5 encendimientos. Las flores de 
esa primavera de su alma no tienen la efímera frescura de las 
rosas del poeta, ni la frágil y decrépita palidez de los lirias 
de Meleagro. Estas llevan eu si mismas la magnífica primicia 
del fruto. Desdeñan la hojarasca y se vuelven al azul sólo para 
buscar el amparo de los soles prolifieos. Y si á veces— en al- 
gunas páginas poderosamente evocadoras — dan la impresión 
fugitiva de un perlume ó se dejan platear por un poético rayo 
de luna, es porque detrás del pensador replegado en su austero 
ensimismamiento, gusta á ratos de asomar el poeta para son- 
reír á todas las cosas bellas de que hablan sus libros; á los 
cielos cerúleos, á los campos espasmados,á las selvas penumbro- 
sas, á las cúspides augustas, á la brisa y el arroyo de las 
parábolas, á todo lo que es altitud, Naturaleza libre, vida 
en actividad . . . 


La fina lo atiza consagrada á María Eugenia Yaz Fe- 
rreira tiene el hechizo soberananamente sugestivo de su sin- 
ceridad justiciera. A travéj de los bellos decires en que 
abundan esas páginas primiciales, se. atisba el alma de bon- 
dad y de complejidad que pitagórica tan sutilmente en las 
rimas jo van tes de “Invicta”. “Un sano” y “Triunfal”. La 
femiuilidad de elección que vibra en esa apolonida victo- 
riosa tiene en el libro un marco digno de sus bizarrías 
intelectuales. La que triunfa en esas páginas es la mujer 
apta para la creación mental, para la labor silenciosa, pa; a 
la meditación perseverante. Y Niu Frías parece prendado 
de todas esas selectas virtudes que auspician la esperanza 
en el advenimiento de las supermujerís. 

Yo, que he sentido la vibración de esa apasionada alma 
femenina, y que me he inclinado sobre el maravilloso enco- 

2 



18 

logio de sus rimas, como sobre una cisterna ofrecida á las 
voracidades del desierto, alabo la mano que lia sabido po- 
ner nn laurel de Dalfos en tomo de esa, trente bruñida 
por el pensamiento y ennoblecida por la cavilación- 

He querido, decir que ese discreto encomio á la más 
olímpica de nuestras intelectuales, es de lo más florido, y 
fino, y hondo, que contiene la obra—. 


Del “Ensayo sobre la muerte’*, conocía de antemano r 
los primeros capítulos. ¡La muerte! ¡La muerte execrada 
por María Bashhirtseff, divinizada por Rodenbaeh, bende- 
cida por Meterlinck! ¡La muerte y stt alma proteica, su su- 
prema alma de frialdad impasible y de renunciamiento nir- 
vá n i col ¡La muerte lenta, tranquila, promis ora, especiante 
convulsa, artera, solapada, las mil formas de la muerte que 
maniata el espirita, que inmoviliza los músculos, que cierra 
ios ojos corporales á las contemplaciones exteriores! ¡La 
muerte, el gran desengaño, el genio inspirador, el mus age- 
tes de la filosofía, según la desoladora concepción shop e li- 
li auri ana!—. 

Y bien: en e^te libro tan dulce, el mismo pavor izan te 
misterio de la muerte, -parece suavizado por yo no sé qpé- 
consoladora teoría metafísica que decora los derroteros de 
la eternidad con una luz de amanecer- No es el desmenu- 
zamiento de la materia, la extinción irredimible, el acabamiento 
progresivo, la gangrena tentacular, el inevitable término: es 
el comienzo de una meteinp sicosis de ultratumba que va 
del átomo al astro, de la oruga á la estrella, del pistilo 
á la flor. El libro no tiene así la apariencia de una san- 
grienta gemmonia. Los que mueren en él lo hacen estoica- 
mente, serenamente, esperanzosamente, desasiéndose de sus 
ataduras carnales para nimbarse de inmortalidad, en una 
jubilosa migración al azul!.... La apoteosis los saluda desde 



19 

§1 umbral de las noches sin auroras. ... El Cosmos pro- 
bara para ellos sus palios triunfales.... Asi mueren Goethe, 
Onyau , Tennyson, Platón, Marco Aurelio, llenan..., 

Y todas expiran como el Juliano idealizado por Merej- 
kouskí, invocando al padre Helios, con una salutación á 
los soles futuros, en la dulcedumbre beatífica de una ago- 
nía sín epilepsia y sin torturas, exclamando como el pacifico 
maestro: “¡La mort! Jfan av.ús faini et soif, et jo Palm lis!” 

Y además de esas páginas, hermosas por la austeridad 
del pensamiento, ya que no por la impoluta proateuuia de 
la dicción, hay otras que delatan la fertilidad de ese espí- 
ritu que se empina tanto y con tan inusitada gallardía so- 
bre la niveladora me dio cr acia. Este escritor piensa bizarra 
y hondamente, y pudiera decirse de él lo que Rubén Darío 
dijo del robusto y contemplativo Unanumo: “En su manera 
no hay ímpetus, no hay relámpagos. Tranquila lleva la pluma 
como quien ara.” Deja el Coliseo por el Pórtico. Platón le 
dió el secreto de lucubrar amablemente para vestir de rea- 
lidad las más generosas utopias. Y es que en el fondo de toda? 
sos predicciones, ed espíritu ático y cristalino que hay en 
él, pone un aroma de elocuencia antigua, como la de aque- 
llos virtuoso i helenos que pasearon por las orillas de los 
ríos sagrados el mirto de sus coronas, el fascinante simplkismo 
de sus filosofías , . . 

Entre los nuevos literatos autóctonos, Nin Frías repre- 
senta la aptitud reflexiva y la meditación laboriosa. El oropel 
no está hecho para esa pluma evangélica que hace consistir 
lo esencial de la obra literaria en el yacimiento de doctri- 
na y del bien que contenga. A veces, lo que algunos de los pe- 
riodos de sus “Nuevos Ensayos” descubren, es la- ingenuidad 
de un alma que ha acostumbrado su visión á ahondar en los 
abismos de la profecía. Desde la cima délos más preclaros 
pensares, esa voz barmoniosa que canta su canto liímnico á la 
celeste esperanza, vaticina el triunfo de la especie, sobre las 



20 


contingencias del espacio y del tiempo, por el perseverante 
cultivo de la personalidad que se abre, — quimérica flor de ma- 
ravilla en un miraje de Arcadia, — á las secretas solicitaciones 
de la virtud. — De ahí el hálito sano y como aromoso que ema- 
na de esas páginas; oreo de brisa de primavera en un campo 
en germinación. De ahí, también, la sugestionante eficacia de 
esa doctrina que no se sustenta en vagas teorizaciones, sino 
que busca con firmeza, en las realidades positivas, la tierra 
vegetal apta á las procreaciones proficuas. 

Acaso resida en eso el indiscernible encanto de ese estilo, 
que si carece á veces de estremecimientos, de ondulación, 
de matiz, de impoluta “castidad”; si nunca se afana por hallar 
los electos de luz de la hipérbole; sino siempre vela la idea 
con gayas alegorías; si de ordinario se desnaturaliza con ex- 
presiones ajenas al léxico ó con construcciones que fuerzan el 
límite de la sintíxis: si no puede reputarse modelo de atilda- 
miento, ni arquetipo de aticismo; si no es, en fin, de tina pro* 
cer pureza filológica, en cambio lleva en sí el sello infalsi- 
ficabie de una bien equilibrada organización cerebral. Es ver- 
dad que ese estilo “musicaliza” poco, pero sugiere mucho; y 
talvez uo fuera una equivocada definición del estilo la que di- 
jese de él que es el decisivo desdoble de la manera personal 
que tiende al surgimiento de ideas ó á la evocación de imá- 
genes. 

Francisco Alberto $ chinea 
U FA Dia ” Setiembre 10 de 1904. 


De Federico Schülz [llamas 

Señor Alberto Nin Frías. 

Querido amigo: Esta carta es una vieja deuda que por fin 
saldo, después de una concienzuda lectura de tu última obra 



21 


— Leyéndote he pensado en machas cosas graves, aún que no 
exentas de ese deleite que proporciona la “lumiére de l 7 esprit ,; 
y he sentido una sana alegría al ver, el modo sobrio pero ele- 
vado y sugestivo de tratar asuntos que tan de cerca tocan á 
la felicidad del g*énero humano. 

Al mismo tiempo he podido notar el progreso que se opera 
en tu espíritu; más empuje y brio cuanto más asciendes en la 
escala del saber y déla meditación. Observo más unidad de mi- 
ras, mas concordancia en las ideas y una tendencia marcada á 
moralizar i n i e lee lúa Usan do . 

Hacer de la belleza, de la verdad, dei bien, del trabajo y 
del estudio, el ideal de una vida, es concebir al hombre como 
debiera ser, como lo será en el porvenir. 

No puedo intentar un análisis en tus ensayos; sólo te haré 
conocer impresiones, y aún cuando no siempre estoy de acuerdo 
con tus ideas, te declaro que tu libro es fruto de maduras re- 
flexiones y sentimientos en alto grado altruistas; es un libro sa- 
no, viril, alentador, que fortifica, distinguiéndose, de casi la 
totalidad de las obras filosóficas contemporáneas, en que in- 
funde y predica el entusiasmo, la íé en una palabra, el optimis- 
mo. Son páginas qne hablan al corazón y á la inteligencia: he 
aquí su mérito positivo. 

En nuestro pais, como en otras partes, donde la indi- 
ferencia religiosa y la impetuosidad de las pasiones políticas 
como también la falta de confianza en si mismo, el desconocí, 
miento del esfuerzo individual, son niales que pesan sobre la 
juventud, tu libro es útil; habrá quienes lo aprecien en lo que 
vale y quienes recojan tus ideas para estudiarlas. 

Tu eres un escritor sincero — y la sinceridad, como dice 
Carlyle, es una de las cualidades más valiosas del escritor. Hay 
también mucho en til libro de autobiografía; pero esta circuns- 
tancia no lo hace desmerecer, al contrario, le da más atractivo 
y más valer desde el punto de vista educativo. Los que se 
forman, los jóvenes encontrarán en tí un guia provechoso 



22 


para educar su espíritu en las mejores fuentes; aprenderán ii 
amar lo bueno, sentirán ser aguijoneados por el acicate del 
trabajo, y las dulces satisfacciones del deber cumplido y los 
serenos goces del trabajo intelectual, contribuirán á hacerles 
felices» 


* 

# * 


De todos tus ensayos los que mas he gustado han sido: el 
ensayo sobre “Da Raza Latina, el Catolicismo y el Protestan- 
tismo”, el ensayo sobre u La Vida y la Civilización Inglesa” 
y el ensayo sobre “La Muerte”. Este es de una serenidad an- 
tigua y lo encuentro de lo más hernioso que sobre la miste- 
riosa transformación de nuestro ser se ba escrito y he leido; 
aquéllos por ser asuntos que me complazco en conocer y so- 
bre los cuales estoy, como te lo he anunciado, escribiendo un 


ensayo. 

La Raza Latina es teína siempre interesante; sé que co- 
noces toáoslos problemas que á ella se refieren; encuentro 
bien defendida ia raza de los ataques á su tan hablada como 
inexacta decadencia. Los partidarios á “outrance” de la civili- 
zación ungió sajona toman por decadencia el estado actual de 
pis naciones latinas y sus derivadas. En realidad es una deca- 
dencia aparente, porque esas naciones están pasando por un 
periodo de evolución, de descomposición, y sin embargo, t<r 
dos los días sil * más viejos representantes asombran al mundo 
con iniciativas vigorosas en el terreno científico, como en el 
artitisco é industrial. Esta objeción que hay que presentar á 
los partidarios del anglo-sajonismo, es mas evidente, más com- 
pleta, cuando se establece un paralelo entre unos y otros paí- 
ses de las dos razas clásicas; se ve que no existe superioridad 
absoluta de la una sobre la otra, por que simá3 descuellan las 
naciones anglosajonas por su incansable acción, sus riquezas, 



sus instituciones sabias, su sistema de educación en enseñar al 
Individuo como se lucha mejor y con éxito, las latinas tienen 
casi exclusivamente el monopolio dei arte y del pensamiento 
filosófico, dominando á la par que las primeras el campo 
científico. 

Creo, además, que la decadencia de una raza, de un pue- 
blo, no se debe solo á la religión que protesa. Para estudiar el 
progreso ó la decadencia hay que tener en cuenta otros factores. 
Las naciones como los organismos están sometidas á las leyes 
cíclicas — y además á causas que dependen de la voluntad lili* 
mana, de sus condiciones de moralidad é inteligencia, como ser 
la inmoralidad de costumbres, el alcoholismo, la guerra, la igno- 
rancia y la miseria, etc. males que el hombre se encarga de 
crear y propagar. 

Sin necesidad de enumerar todos los factores que directa 
ó indirectamente favorecen ú obstruyen el progreso de un pueblo 
para el caso que nos ocupa debemos tener en cuenta dos: clima 
y religión. En efecto, los pueblos del Norte tienen sobre los 
del Medio-dia la ventaja de ser más activos, más reflexivos por 
razón de clima y temperamento. 

Las dotes imaginativas son casi exclusivamente de las 
zonas del Medio-día, como Francia, Italia, España, etc. Las 
instituciones, las leyes de los pueblos del Norte, llevan el sello 
de un temperamento activo y conservador, de un espíritu refle- 
xivo.—Una moral menos compleja, más fácil de comprender é 
inculcar es la que rige la vida de los individuos nórdicos. Su 
religión, en vez de ahogar la iniciativa y la libertad del indi- 
viduo, la encamina y estimula. 

Respecto á los países de origen latino, si no es posible 
cambiar el clima, se puede moderar los efectos de este sobre el 
¿ndividuo, la encamina y estimula. 

Una buena educación moral y uua religión sencilla 
pueden cambiar radicalmente el carácter y las costumbres 



24 


de un pueblo, al cambiar su temperamento. Una religión que 
enseñe á ser bueno, por que sí, no por temor aun castigo 
postumo ni por interés de una recompensa allá en ultra tumba; 
á ser útil á sí mismo y á los demás; que conserve dentro de 
todas las obligaciones la libertad interior , la de la conciencia, 
que enseñe que todo progreso individual y social tiene su origen 
en la inteligencia y en el trabajo del hombre — es una religión 
lógica, natural, en armonía con las ideas y necesidades de la 
vida contemporánea. 


¿Es este el programa del protestantismo liberal? — -Si lo 
es, deseamos que todos los pueblos latinos y de Hispano— Amé- 
rica lo practiquen, porque así obtendrán la emancipación de 
la inteligencia y la felicidad. 


Aún para los espíritus más retractarlos á la metafísica, hay 
que preferir el espíritu religioso á la indiferencia religiosa. Sin 
embargo, no puedo contigo atribuir los inventos de los países 
protestantes, y su éxito en la industria, á la sola influencia de 
la religión reformada. Hay que buscar la causa en su talento* 
La reflexión, el carácter y la perseverancia, no siempre son e[ 
resultado de un sistema de educar: casi siempre se revelan en 
el individuo espontáneamente. 


Estoy de acuerdo contigo en que mucho tendrían que 
ganar las naciones de América con la práctica de la 
doctrina evangélica. —El respeto al hogar y el amor al 
trabajo, serian entonces virtudes palpables, reales, exten- 
didas por todas las clases. La Biblia vendría á establecer 
un equilibrio entre las ideas religiosas; pues lo común 
aquí, en América, es que un individuo sea: ó indiferente 
á toda idea religiosa ó fanático al extremo, con ese fa- 
natismo rancio, basado en la costumbre y en la más cra- 
sa ignorancia, sea cualesquiera la clase social que por él 
se encuentre dominada. 


Las demás partes de tu libro merecerían otro tanto 



como lo que llevo escrito; pero debes contentarte con esta 
reseña de impresiones y de ideas. 

Tuyo atfmOj amigo. 

Federico Schulz Llamas. 


Del filosofo argentina Dr. Carlos Baires 

Buenos Aires, Octubre 24 de 1904. — Señor don Alberto 
Nin Frías, —Distinguido y apreciado señor; Le agradezco 
muy especialmente que me haya procurado el placer de la 
lectura de sus obras “Ensayos” y “Nuevos Ensayos...” Am- 
bas revelan mi espirita entusiasta por el bien y la belleza 
que las hace acreedoras al voto de todas las conciencias. 

Jíe buscado en sus estudios la doctrina fundamental 
que guía su pensamiento á través de la reflexión fragmen- 
taria que exige cada uno de I 03 temas tratados por usted 
en los dos volúmenes, y he creído hallar en usted un con- 
septo doblemente positivo de la vida, aliado á la idea de 
Dios y á una moral fundada en la energía. Es usted un es- 
píritu fuertemente afirmativo y sus ideales tienden á impo- 
nerse mas bien que por procesos de discusión y de crítica 
contradictoria, por el desarrollo de principios generalmente 
admitidos gracias á la influencia de los pensadores predi- 
lectos de usted que constituyen en parte, los ejes de la mem 
talidad contemporánea. Usted los conoce á fondo, los ha 
meditado con amor y los comprende, lo que desde luego, exí„ 
ge cualidades intelectuales nada comunes. 

De aquí la indudable tendencia s ele etica pues no ad- 
mito en usted las ingenuidades de una exhub erante y pom- 
posa erudición cuya debilidad repugna, seguramente, á un es. 
pirita fuerte como el suyo que lo lleva á relacionar nombres 



de diversos países y de tan diferente alma como Gruyau y 
Benar, por ejemplo. 

Noto en sus escritos el sello de su admiración justificada 
y la tendencia hacia una armonización, que no considero im* 
posible, dentro de una aspiración superior de humanidad, en- 
tre los grandes filósofos que cita de preferencia, sí es que 
realmente va usted en busca de una completa y fecunda ley 
de pensamiento y de acción extraídas de las hondas vias 
trazadas por aquellos genios directores. 

He notado que usted no solo es deista sino religioso con 
tendencias militantes, lo cual concuerda con su inclinación 
dogmática ya señalada. Ahora bien, la crítica no se acomoda 
fácilmente con el concepto de Dios como idea fuera aun 
dentro del protestantismo liberal. Sabe usted que la idea de 
Dios es inintegible para la filosofía crítica contemporánea que, 
expresa ó tácitamente, la relega, como último término de to- 
da metafísica, al agnosticismo. Dada esta situación ¿como 
atribuir á un concepto cualquiera de la primera causa un 
valor intelectual determinante ¿informativo de la conducta? 
Salvo que, pasando sobre la crítica y desconociendo el 
agnosticismo resultante, se admita la fé como fuente válida 
de conocimiento y de afirmación con lo cual saldríamos del 
protestantismo ó del racionalismo científico, como usted quie- 
re para ingresar al misticismo y aceptar los derechos de 
una intuición natural, casi como una razón pura adaptada, 
las necesidades de una afirmación transcendental, fuera de 
toda consideración empírica y de sentido común: — los pueblos 
fuertes y religiosos, por ejemplo. — Hay en esto el simple 
enunciado de estas dificultades un problema filosófico sil* 
perior insoluble para cualquier selectismo por flexible que sea. 
Le apunto el formidable obstáculo por si se decide usted á 
abordar sistemáticamente la cuestión de fondo que anda dis- 
persa entre las convicciones sueltas que andan por sus 
escritos. 



27 


Simpatizo pro i asi .1 anísate con su talento orientado hacia 
la consideración real de las cosas y preocupado de aplicar á 
la vida las grandes conquistas intelectuales modernas. 

Para ustedla filosofa y el arta no procurarían nociones 
solo destinadas á satisfacer las necesidades de una exigente 
voluptuosidad mental sino tactores susceptibles de perfeccionar 
el mundo moral medíante fórmulas de relación ó de transi- 
ción entre la pura doctrina y sus aplicaciones y adaptacio- 
nes en el terreno de los hechos. 

Si me he detenido algo acerca de su deísmo y religio- 
sidad es por que me parece que tal vez no se halle usted, 
lejos de admitir que en tal sentimiento puede encontrarse esa 
fórmula. En todo caso esta idea ú es que se halla de veras 
en el fondo de su pensamiento significaría una concepción 
de la divinidad que usted debiera desarrollar orgánica y ló- 
gicamente en sistema para atribuirle eficacia y un carácter 
observable para el análisis y la crítica. No dudo que usted 
ha de ver en esta rápida pero sería contribución filosófica 
el aprecio en que tengo su talento y el interés que me mere- 
cen sus estudios y aspiraciones. 

Lo felicito con perfecta cordialidad por el elevado ob- 
jetivo á que consagra sus esfuerzos y me digo de usted, con 
particular consideración y simpatía intelectual, su colega y 
aítmo amigo.— Carlos Baires. 


Del escritor y poeta Manuel Nuñez Requeiro 

El escritor Alberto Nin Frías — Un estudioso que ha 

VIAJADO — Un AMIGO DE LOS DIOSES — El PENSADOR Y SU 

obra— Ensayos de crítica — Eminencias que le alien- 
tan — Autógrafos — Entusiasmo por Taine — El albol 
—La obra de mañana. 



28 


(1) Voy ha hablaros con verdadero placer de un escritor 
joven, de sus cinco lustros: que en ’a Argentina es poco 
conocido, que lo es mucho entre grandes pensadores del 
Viejo Mundo, y que goza buena fama en esta República, 
á la cual el, para gloria de ella, pertenece. 

Llámase Alberto Nin Frías, de fisonomía franca y agra- 
dable, que expresa á veces hondos afectos á la meditación 
filosófica y quieta de los ermitaños de la Tebaida; de co- 
razón harto sensible; ebrio de entusiasmos nobles; de alma 
soñadora y risueñamente amante de la poesía: de espíritu 
robusto, metódico é investigador, que desdeña el vano mis- 
ticismo de los claustros, aunque adora mucho el silencio de 
la vida apacible del Batilo de las églogas. Hay en la vida 
de este viril escritcñ’ un hermoso principio para augurar un 
término feliz á su jornada. Ha viajado mucho desde niño. 
Vivió algunos años en Inglaterra, donde aprendió k amar 
á Shakespeare, á Jorge Elliot, á Dickens; viajó por Italia, y 
se hizo adorador del arte de Giotto, de Miguel Angel, de 
Leonardo; recorrió Suiza, en donde pudo visitar á la célebre 
Ginebra; conoció á Berna, y llegó k leer á su muy amado 
Taine, en la propia biblioteca de Bruselas. 

Como el confiesa, sus delicias fueron siempre los libros. 
De mente impresionable y nacido para amar lo bello, era muy 
joven aun cuando en cierto dia viviendo muy cerca de la her- 
mosa bahia de Ñapóles, y después de haber devorado una no- 
vela de Dumas y algunos trozos de Shakespeare, se le dió 
por escribir un drama: “Guillermo Tell”. El escritor Nin 
Frías comenzaba á pagar honroso tributo á su vocación. 

Entonces fue cuando, enamorado de Edna Lyal, descu- 
biió á “Dónavan”, y lo amó; leyó con entusiasmo á La- 
martine á Tennyson, á Sudermann, á Reclus, á Taine, á Ma- 
caulay, á Spencer, á Buckle y á otros pensadores electos, y 

t X i Publicado en “La República” Rosario (República Argentina), 14 de 
Enero 1904, luego en <4 La Razón” 21 Enero- 



29 


entrevio la luminosa cumbre del Olimpo poblada de dioses 
que le honraban con el dictado de amigo. Sus principales fuen- 
tes fueron la Historia y la Literatura: su mejor filosofía la 
aprendió en el vigoroso y helénico Taine. Ha amado siempre 
la Grecia, y puede decirse que su corazón es un pedazo de la 
Iliada de Homero. Tiene estrecha amistad con Patrocles; par- 
ticipa de los ardores de Aquilea, y como un atalaya grave 
y taciturno, se pasea por las ruinas del Parthenon, lloran- 
do la gloria de su Minerva y el esplendor de los antiguos 
helenos. 

Por eso Nin Frías ama mucho al Uruguay, que es su 
patria, que él compara á la Grecia, por la inteligencia de 
sus hijos y por la belleza de su cielo, por ía lujosa ma- 
jestad de sus montes, por sus innumerables arroyos, por sus 
fragosas selvas, sus prados deliciosos,, sus orillas y sus 
ríos. Es un adorador ciego de la naturaleza; por eso ve en 
el Uruguay & la Arcardia, y goza indeciblemente leyendo á 
Reclus, cuando este sabio pasea sonriendo á orillas de un 
arroyo ó se detiene en el valle para ver lucir al sol la mon- 
taña coronada de nieve. 

Nin Frías no hace versos; ama entrañablemente la prosa; 
ae deleita en leer á un numero de poetas escogidos; adora la 
elegante sencillez griega; pero, con todo, no es solo un pro- 
sador diáfano, sutil, discreto; es también un pensador de cri- 
terio elevado, erudit», de mucha ciencia, de dialéctica robusta, 
y, además, un poeta en las narraciones, en la pintura de los 
afectos, en los entusiasmos que á cada instante le arroban 
el corazón y lo ponen de hinojos á los pies del Eterno con 
una plegaria en los labios. Nin Frías es místico en cuanto á 
que es religioso, Evangélico, partidario de la Reforma, bien 
que él, menos que ninguno, convierte la religión en un ato- 
lladero de mistificaciones de fanatismo, de puerilidades. Por 
ejemplo: nos habla de la leyenda del Diablo, y rechaza to- 
do dogmatismo teológico. Es piadoso, modesto y humilde, por 



30 


que no puede prescindir de serlo, amando á Dios, á Cristo, ai 
Evangelio venerando la Biblia, oponiendo á las doctrinas 
del ít o onanismo, negándose á eonmulgar en los altares de 
los dioses falsos. 


* 

* 

Nuestro joven escritor lia publicado ya dos libros. El 
primero, de trescientas diez páginas, aparecido en 1902, se 
titula: “Ensayos de crítica é Historia y Otros escritos”: el 
segundo, que vió la luz en 1904, y que consta de dos- 
cientas sesenta páginas, lleva el nombre de “Nuevos en- 
sayos de critica”. En la primera obra se ocupa preferente- 
mente de Taine, que es su filósofo predilecto, á quien inciensa 
á cada instante, siéndole difícil desprenderse de él: basta 
cierto punto se siente su esclavo y le sigue con apasiona- 
miento, con alguna ceguedad. Nos bace un ensayo sobre una 
“Sociedad Cervantes” para propagar la cultura y la lengua 
española, asunto importante digno de ser considerado por 
los hombres de letras; nos habla sobre “El Catolicismo y la 
Historia de España”; sobre el "Ariel” de José E. Rodó; so- 
bre la paz y la guerra en el Uruguay actual; nos ofrece 
algunas críticas dramáticas, algunos bellos trozos elegiacos 
“in memoriam”; unos hermosos pensamientos que ocupan unas 
cuarenta páginas; unos pocos cuentos, algunos temas escri- 
tos en prosa verdaderamente poética, y una buena parte de- 
dicada á la filosofía de la Historia de España. 

“Nuevos ensayos de crítica” es un volumen de diferentes 
estudios: sobre la poetisa María Eugenia Vaz Ferreira; sobre 
la muerte; sobre "El Arroyo de Reclus; sobre la raza la- 
tina, el catolicismo y el protestantismo; sobre la “la impu- 
reza” de Nin y Silva; sobre la revolución del Ib de Marzo 
de 1903 y la paz pública; sobre la civilización y la vida in- 
gesa; sobre un libro del doctor A, Floro Costa; sobre los li- 
bros que el autor lia leído; sobre Zola; sobre el teatro na- 



31 

cÍOTialy líi comedíale Florencio Sánchez; sobreun poeta argenti- 
no, Pedro Naon; al íinal hay opiniones sobre el autor y su último 
libro, etc. 

Ambas obras han merecido de verdaderas eminencias los 
mejores augurios para el joven escritor. La critica lia estado 
unánime en reconocerle cualidades de escvitorgalanoy pensador 
de nota. Se ha revelado con estos libros toda una esperanza que 
promete á lo futuro laudables conquistas en la dorada mies del 
pensamiento. Nin Frías nos ha hecho ver cartas autógrafas de 
Elíseo Reclus, de Miguel de Unamuno, de la viuda de Taine, del 
secretario de Eerbet Spencer, y multitud de celebridales ame- 
ricanas. Miguel de Unamuno dedica á su primer libro nn estudio 
de unas cinco páginas, haciendo de el un precioso y con cien su do 
elogio. Dice de su autor que lo es, “entre los escritores que 
apuntan, uno de los mas simpáticos y atractivos. 7 ’ 

Ultimamente, en carta particular, le expresaba á Nin 
Frías: "deseo Ver su libro en la colección Sempere”. El pro- 
fesor Amédée de Margene, de París, en contestación al estu- 
dio de Nin Frías sobre Taine, á pesar de ser católico declara- 
do, tiene para su adversario en el dogma, frases de verdadero 
cariño. Guillermo Bernad, ocupándose de él, en tm hermoso 
artículo aparecido en “Le Polybiblion” de París, dice entre 
otras cosas, lo siguiente que reproducimos del francés; "ha 
escrito su libro día á día, sin plan determinado, pero siem- 
pre con una noble aspiración hacia la verdad y la bondad 
i leal... Que nuestro digno y valiente amigo no se desani- 
me... Es nn pvostestante sincero, admirador entusiasta de 
Taine ... La Europa lo atrae; la Francia lo encanta; la so- 
ciedad contemporánea, con su espíritu independiente y libre- 
pensador, parece seducirlo”. Alrededor de cincuenta y más ar- 
tículos, entre los que puede incluirse una hermosa poesía 
que tiene bastante sabor griego, del poeta Julio Herrera y 
Reissig, han sido dedicados al talento de Nin Frías cou mo- 
tivo de su primera obra. La seguuda, que es en algunos con 



cepios mas robusta, está mereciendo también notas de buena 
aprobación de parte da los mismos y de otras autoridades 
en el campo de la crítica. 

Ahora prepara para publicar en breve un nuevo libro: 
“El Arbol 1 ’ dedicado á la niñez. Conocemos algo de él. Es 
una hermosa leyenda de nuestros prados, el fruto vigoroso 
d c u n a msnte que piensa, de u n alm a que su 3 fin, d e u u co ra- 
zón que ama macho á la untarais sa, que siente delirios de 
artista por todo lo que liay de bello en la creación. Es un 
pa*eo largo, serpenteóse, risueño, bajo las copas floridas de 
los bosques, á orillas de murmurantes hilos de aguas crista- 
linas; una poética excursión á las regiones de Flora, que 
nos liará cobrar amor por esos reyezuelos del campo que ba- 
ten palmas al son del viento en homenaje al Hacedor de los 
mundos. Será un libro de páginas dulces y sencillas, que 
nos pondrá en continua comunicación con la naturaleza; que 
nos hará más amantes del terrino, en las que lo mismo el 
niño como el hombre hallarán motivos para bendecir la ma- 
gnífica obra de lo creado. Nin Frías parece que concibió este 
libro después de haber leido a El Arroyo” y “La Montaña” 
de Reclus, que es también uno de sus maestros preferibles. 

En esta patria, los buenos intelectuales esperan que Al- 
berto Nin Frías no defraudará los deseos que se tienen de 
verlo triunfar gloriosamente en las principales naciones del 
mundo civilizado. Hará obra fecunda, provechosa, sana. Tie- 
ne talento y «aptitudes de luchador. Ama la ciencia y la in- 
vestiga sin cansarse, con gozo, con ebriedad. Es un vidente 
que mira siempre hacia lo futuro, que se desvela por encon- 
trar remedio al malestar délos pneblos que sufren. Mira á 
España con amor, y se 3 Íente apesadumbrado al ver su desgra- 
cia. Adora la luz y quiere que la ignorancia cese. Es un 
ferviente sacerdote del amor, que aspira á que todos los 
hombres se bañen en las aguas lústrales de la ciencia. Ama 
la religión, porque sabe que de ella proceden las inspirado- 



lies mas piadosas. , Y, finalmente, es un trabajador que se e*_ 
tuerza en inquirir la verdad en todas las fuentes doquiera 
suponga poder encontrarla. El triunfo le espera. 


Del joven poeta teandro Airarte Uícíoria 

Entre la juventud privilegiada de nuestro pais descue- 
lla un joven de gran corazón é inteligencia, que vive para 
el bien, admirando á Atenas y escribiendo páginas primo- 
rosas que encantan é instruyen. 

Muchos le llamamos “El Ateniense” y á. la verdad 
tísica é íntelectualmente el encierra en si mucho de los precla- 
ros hijos de aquellas Atenas que deslumhraba á la antigüedad 
con sus poetas, sus oradores y sus artistas incomparables: 

EL ESTUDIO DE MI AMIGO: 

Sob recogido penetré en tu estancia. 

En aquella mansión tranquila y puta. 

Como los castos sueños de la infancia, 

Nuñez de Arce. 


Es una habitación encantadora, 

Como su habitador alegre y sana, 

Pues el rey de los mundos acostumbra 
Muchas horas al día visitarla. 

Desde el balcón purpúreo del ocaso 
La Venus sublimada 
En figura de estrella la saluda 
Cuando tocan á rezo las campanas. 

Absorta y pensativa, 

De la noche, la reina solitaria 
No sé porque recelo 


Sol>re ella extiende su senil al de plata. 
Y cual los trovadores 
De las edades clásicas, 

XTn plátano feliz á todas horas 
Murmura una canción á. su ventana; 

Es como el nido de las aves, tibia, 
Como la alcoba de una virgen, santa. 


Agrandando los ojos se detienen 
Al pasar ante ella las muchachas, 

Las princesas del barrio, 

Las que siempre han sonado cosas blancas 
Y con su gracia, cual Moisés divino 
Al golpe de su vara, 

Hacen brotar de boca de los mozos 
Torrentes de alabanza. 

Respirando su ambiente me sublimo, 

I)c flores aromada,— 

Me parece que aspiro los perfumes 
Del campo y las montanas; 

Me parece que piso los umbralen 
Del reino de las Hadas! 


Como las rosas frescas 
Se afirman en el seno de la amada, 
Natural homenaje que el amado 
Rinde al ritmo amoroso de la entraba; 
Como cuelgan los opimos racimos 
En la vid pampanosa de la granja, 

Y los rizos suaves 
En la frente viril de las aldeanas. 



De sus muros risueños y benditos 
Cuelgan bellas estampas 
Y artísticos primores 
Con tintes del ocaso y la alborada. 

Per eso es que mi amigo no está solo 
Cuando estudia ó derramo 
Sobre el blanco papel que se estremece 
Cien concepciones mágicas 
Mi amigo no está solo cuando escribe, 
Los genios le acompañan 
Colgados en imagen de los muros 
Alegres de la estancia; 

Los genios soberanos qué á su mesa 
De roble se adelantan 
Y le besan la frente y como á un hijo 
Predilecto le abrazan! 


Como el rosal bendito que se dobla 
Al beso de las auras 
Preñado de pimpollos en la joven 
Primavera rosada; 

En un rincón severo y opalino 

Un armario se alza 

Joyel hermoso que en su seno encierra 
Las obras de más fama, 

Y que á mi me deslumbra como el astro 

Deslumbra en la mañana, 

Y le cuenta á mi amigo las miserias 

Y el llanto de las razas 
El vértigo del mundo, la incurable 
Debilidad humana! 



as 


I>e un antiguo étágerc de roble- y mármol 
Cuán bellos se levantan. 

El busto de Narciso, que trasciende 
Idealidades clásicas; 

Gd adiado ves robustos que le cuentan 
Del circo, las hazañas; 

Encantador mancebo que una espina 
Del bello pié se arranca; 

Los retratos de todos los amigos 
Que la» horas, oyéndole; se pasan 

Y sobre todo espléndidos jarrones 
Con Crisantemcs blancas, 

Las predilectas ñores de mi amigo, 

Qué todas las mañanas 
Las renueva con lujo de alegría 

Y hasta casi les habla! 

Oh, que dulce y suave, que celeste 
De mi amigo la estancia, 

Llena de paz y amor y desbordando 
De música sagrada, 

Que su mano de un órgano severo 
Piadosamente arranca 
Para ahuyentar las penas que á menudo 
Lo agobian y lo embargan: 
Porque mi amigo siii’re lo que sufre 
El que de veras ama, 

Porque mi amigo tiene inmensa y honda* 
Como el océano el alma! 


En el divino seno 
Da esa mágica estancia, 

Su pensamiento juega cual los ni ños. 
Ora sube, ora baja 



37 


íSi quiere un esplendor remonta el vuelo 

Así, como las águilas 

Si quiere obscuridades se detiene 
En las cosas humanas. 

Por eso es que, lo aplauden de muy lejos 
A mi amigo del alma, 

El que tiene por Grecia los amores 
Que tiene por el Cristo y por la Patria 
Y le gritan cien bocas extranjeras; 

¡Avanza más! ¡avanza! 

De Sanfin Carlos Rossi 

NU ti VOS UNSA VOS DE CRÍTICA 

Un mirlo "blanco 

Ha llegado basto mi— con uno amable dedicatoria— esta 
nueva obra de Alberto Nia Frías, 

En un conjunto heterogéneo de estudios literarios, filo- 
sóficos, sociólogos, religiosos; todos interesantes y educadores» 
Discípulo aventajado de Taine, Nía Frías tiene la «caracte- 
rística de su inmortal maestro: es un observador profundo, y 
casi siempre exacto, de los hombres y las cosas. 

Observador profundo, y ¡cosa rara! es oriental . . . Por 
eso su obra resalta coa más tonalidad, porque aparece en 
•un ambiente cerrado á la refleccion y al estudio de los pro" 
¡blemas graves, por lo mismo que es formado por la superfi- 
cialidad de lOvS estudios y los extravíos de la moral. Nin 
es un crítico vigoroso á la vez que un sentimiento exquisi- 
to: como pensador, suele ser poeta; como poeta es siempre 
pensador. 

Rodó, que es también pensador y poeta, dice modesta- 



38 


mente que si 61 tuviera autoridad para indicar autores ejem- 
plares, lo indicarla como tai. 

Yaz Ferreira, el más bello talento de la juventud uru- 
guaya, lo felicita por el orden elevado á que dirije sus ideas, 
y el austero Miguel de IJnamimo, que conoce á fondo la 
sociología de i£ estos pagos”, como los llama, califica á Nin 
Frías de “mirlo blanco”. Y no puede dejar de serlo quien 
exclama severamente ¡De tañeos á pensar ! en un momento en 
que, como el actual, nuestras mejores inteligencias se encuen- 
tran — unas, dedicadas al servicio de sus ideas políticas, y 
otras, al más banal de llenarlas tarjetas postales de nues- 
tras hermosas. 


Forma el primer capítulo de los Nttevot Ensayos una 
acertada crítica de las poesías de María Eugenia Yaz Fe- 
rreira. 

Sorprende la aptitud de Nin Frías para la crítica litera- 
ria: su facultad de observador profundo, se muestra enton- 
ces en todo su apogeo y ninguna belleza recóndita, ningún 
.giro simbólico, ni el más simple detalle que puede revelar 
al poeta ó interesar al lector, se escapa á la mirada sagaz de 
crítico clarovidente. E> tan sagaz y tan clarovidente que to- 
dos cuantos lo lean — aún ce! ai qm ne e imprcnd pas y admirarán 
y sentirán como ól siento y admira. Asi en el capítulo que nos 
ocupa. l)e ese ensayo se destaca coa perfiles enérgicos y ras- 
gos acentuados, la vigorosa personalidad de María Eugenia 
Yaz Ferreira, esa gentil poetisa que — ¿despreocupada ó 
huraña? — tan reservados tiene sus versos para el público . . . 
Eli este estudio, como en todo i los análogos, Nin manifies- 
ta su intensa admiración y simpatía por la literatura ingle- 
sa, por cuyas huellas quisiera encaminar oi talento sano 
de la poetisa uruguaya. 



Y á continuación toca el más sugestivo — y solemne — 
de los temas filosóficos. Ensayo sobre la muerte se titula el 
segundo capitulo de la obra. Nin une en estas páginas su 
luminoso espíritu de creyente á una encantadora poesía de 
ultratumba, y es en estas páginas donde se nos revela hete- 
rogéneo: filósofo optimista, transmite su optimismo con entu- 
siasmo; poeta sentimental, sabe en algunos párrafos — la 
muerto de Juliano, la de Taino, la de Huyan, la de Chénier— 
evocar suavemente á la Melancolía, mi diosa taciturna. 

Unamv.no dice que la faz más atrayente de este escritor 
multiforme, es su taz religiosa. Porque Nin Frías no se con- 
tenta con ser un moralista retórico; de los que tanto abun- 
dan en esta tierra: quiere ser moralista práctico, y sirve de 
ejemplo. Ya en su anterior libro, sus primeros ensayos se ma- 
nifiesta protestante convencido, y su* creencias religiosas no 
son una digestión de la fé; ha llegado á ellas después de un 
esfuerzo de 4 anos, habiendo estudiado y asimilado magistral- 
mente á los “divinos 1 ’, Taine, Renán, Ruskin, Recias, Buckie, 
etc. Yo creo que esto constituye el secreto del triunfo de 
Nin Frías, y que es este sentir sano y este pensar elevado lo 
que le proporciona lauros y aplausos. Tiene el, valor de sus 
ideas y la proclama calurosamente. ¿Con que entusiasmo, casi 
-obsesión recomienda continuamente la literatura inglesa, en 
que encuentra su molde este latino que es también helenista! 
¡Como le es simpática la civilización sajona, donde reconoce 
sus principios, y que el conoce dos veces á fondo; por haber vi- 
vido en ella y porque la lia vivido en el severo Hipólito! 

Sus páginas sobre Catolicismo y Protestantismo son de 
mano maestra; magistralmente reparte lauros y deslinda res- 
ponsabilidades, apoyándose en la historia y en la obser- 
vación. 

Su angiicaiiisino no le hace olvidar su patria. La ama 
.intensamente y sabe honrarla. 

Los Nuevos Ensayos tienen un estudio sobre la revo- 



40 

lición fetal del pasado Marzo, donde — al mismo tienpoqiie 
prueba elocuentemente su amor al terruño condena valien- 
temente el extravío y el error, porque, práctico en todo, no 
se conforma con el llanto de amargura de Ovidio, sino que 
ama manejar la fusta de acero de Jo venal. 

Y la honra en sus hombres: Nin Frías, en otro estu- 
dio, rinde homenaje de su admiración al doctor Angel Floro 
Costa, quizá el único profeta— y, por lo mismo, el más de- 
soído — de nuestros pensadores sociólogos. El talento naciente 
de Nin presenta con placer á la juventud uruguaya, el ta- 
lento en el ocaso del doctor Costa, haciendo resaltar la 
taz científica del profundo pensador “La cuestión económica 
en el Rio de la Plata”. 

Y siempre su palabra moral, su pensar elevado, sus 
consejos nobilísimos, su ansia de que la mujer se eduque, 
sus añílelos llenos de simpatía y de vida, porque tienden al 
amor universal. 


rfí 

£ & 

La lectura de “Nuevos ensayos de critica”* es- un re- 

V' 

constituyente del alma. El generoso alan de Nin Frías se 
trasmite en ondas simpáticas al espíritu del lector, que le 
acompaña incondicional mente en sus deseos pro! éticos, 

Rompe la calma inmensa de la noche un sonido pene' 
trante; es el canto característico del gallo. Primeramente 
Vibra aislado, luego va surgiendo de todos puntos, y se ex- 
tiende por la lejanía; se contestan unos á otros, á manera 
de amoroso saludo. Si se encontraran en la arena de un 
reñidero, quizá estos gallos se atacarían con furia basta 
destrozarse; ahora se responden amigablemente, unidos por el 
misterio insondable de la noche. jOli! Cuándo llegará el día 
mi que todos los- corazones palpiten al unisono, y en que 



41 


el .amor una íntimamente á todos los hombres, aún los de 
ideas distintas! 


Ds JULIO HERRERA Y REISSIG 

Torre de los Panoramas. — 'Navegante del Océano Aris- 
tóteles, Alberto Nía Frías.- Me lie sumergido largas y pro- 
fundas horas en vuestra urna de meditación. Soy con vos 
desde que el violoncelo de vuestra gran música espiritual 
me ha embriagado con su nota grave, difusa, humana, hon- 
damente profética. 

Vuestro segundo Evangelio filosófico y estético me ha 
dado de soñar. Los ecos da vuestra enseñanza lírica retum- 
ban en las cuatro paredes de mi soledad. ¡Oh el Pórtico 
del sacerdote celeste, oh la Montaña del rojo Poeta Mártir, 
Saturado del más allá mi corazón reverbera. Y mi cabeza entre 
el polvo suda, agonía y sombra! . . . 

Habéis triunfado una vez más, Alberto: el laurel forma 
parte de Vuestra familia. Diana es de Ja medida de vues- 
tra frente. 

Yo, Schelley de América, según vuestro homenaje, me 
miro al espejo de vuestra alma límpida y sonora que es un 
torrente cuya espuma como una gracia virgen estrella mi 
huraña desolación y enfría mi fiebre. 

Yo soy una cigarra helénica de la amarilla Egloga de 
Theócrito en estos momentos en que vos sois un pájaro mís- 
tico y grave del crepúsculo del Norte, que canta, bajo la 
rotonda inspirada del pensamiento metañsico y religioso, el 
salmo de la obscura harmonía y de la triste Verdad! 

Mareado en las Cordilleras de silenciosa y pensativa pe. 
numbra, yo busco el Valle resonante y claro donde el verso 
gorgea y salta en el rayo joven del sol que ríe y en el 
húmedo prisma de la mañana que llora. 



Vuestra pupila serena levántase bajo las constelaciones 
impenetrables, mientras mi ojos se inclinan, humedecidos 
por el vapor de la tierra sencilla y maternal que late en 
mi corazón. 

Bordoneáis vos: yo escucho. Urano piensa. Pan suspira 
en su flauta de cuatro supiros. Vos sois, maestro, la pará- 
bola de oro y yo, pastor, la horizontal de esmeralda. 

Acoged, amigo de la luz y del silencio, Ciudadano de 
Minerva, y obrero ilustre del gran taller sonoro, el estre- 
mecimiento de mi júbilo por vuestra pré ica, y la flor lio- 
rom de mi emoción franca y dulce, abierta en mi jardín 
panteista en la mañana de vuestra apoteosis. 

Sabed, desde luego, que vuestra g loria es mi gloria y 
en tal concepto un doble abrazo y una doble compenetra- 
ción juren por los dioses inmortales nuestra fraternidad 
exponían ea, en el banquete de la harmonía pitagórica y del 
ánfora sagrada del eterno vino y de la Bella Forma. 

Siempre vuestro 

Julio Herrera y Reissig. 


Ce SEUAREO FLORES 


Mi estimado amigo: 

Necesito decirle alguna cosa de las circunstancias en que 
le escribo én primer lugar se pasan muchos dias (que no cuen- 
to) sin que agarre una pluma, y para poder escribir esta carta 
he tenido que empezar por hacerme un lugar en el escritorio, 
amontonando algunos de los libros que estaban diseminados 
sobre él. Su libro, el que me mandó con el “homenaje de sus 
altas simpatías”, lo tengo á la vista recibí con placer su home- 
naje porque haciéndome Yd. una distinción, también se distin- 
guía Yd. diciéiulome que sus simpatías eran altas. 



42 


Desde que leí sus “Nuevos ensayos de crítica” vi que su 
criterio era sano é ilustrado, artística su imaginación, estudioso 
y reflexivo; que sus sentimientos eran generosos y nobles. Se 
me vienen espontáneamente á la memoria las palabras que me 
dije cuando terminé, regocijado el espíritu, la lectura de sus 
“Nuevos ensayos” la edad madura de Alberto aprenderá de 
su juventud leyendo este libro; y así ha de suceder en efecto 
no solo por la inspiración é intuiciones que hay en él de la ver- 
dad y del arte, sino también por la comprensión y el alecto, con 
que son encarados y estudiados los intelectuales citados en 
dicho libro. Si no me equivoco en mi juicio y no me he de 
equivocar, ha de consagrarme VJ. pues un recuerdo cariñoso 
cuando mi espirita deje al cuerpo que le da vida— material. — 
Y ve Vd. como nuestras simpatías han podido encontrarse 
desde que remontan su vuelo en las mismas alturas! Como no 
hay planetas de luz y de armonía sin el espacio y las leyes que 
los contienen, ni “tiempo” que no mida horas de amor y sa- 
crificio, no hay espirita sin Dios. Y cuando tal afirmación ha- 
cemos hay que poner á la conciencia al abrigo de todo repro- 
che; á la inteligencia de todo subterfugio. Afirmar la existencia 
de Dios y escamotearle á la naturaleza humana la inmortalidad 
del espirita y las demás consecuencias que derivan de esa “pre- 
misa” de ese “principio” es despojar á la criatura de su Crea- 
dor y á la palabra del hombre de su probidad no seria posible 
afirmar inteligentemente nada ni entenderse razonablemente 
sobrenada. Ya recuerdo yo las palabras memorables de Jesús 
aplicadas ásus verdugos: — “ Perdónalos, Señor, porque no saben 
lo que hacen” — Ha de perdonarme el Mac 3 tro á mi también si- 
me atrevo á agregar, á decir: pero esm hombres han debido sa- 
ber lo que hacían, — porque obraban mal y sacaban venta- 
jas de su mala acción: tenían, pues, por móvil y fin 
dañar al prójimo, desconociendo ó violando, en su culpable 
egoísmo, la ley de la humana solidaridad y los principios de 
moral sobre los cuales descansa la eterna justicia. 



44 


El desarrollo progresivo de las sociedades, encomendada 
á la libertad y á la ciencia, reserva á acuella ley y á esos 
principios el triunfo real y definitivo sobre todos los fanatismo? 
y preocupaciones de secta y de raza . . . ¡Que lejos de este triun- 
fo manifiestan á nuestro país los “partidos orientales! . . . ” 


D3 «¿1 Atalaya» Septiembre S/1806 

Publicamos con agrado el retrato de nuestro buen 
Compañero de tareas, consecuente redactor de 4 El Atalaya” 
Alberto Nin Frías y conjuntamente dos opiniones distingui- 
das sobre la actuación literaria de este escritor nacional 
que á pesar de sus cortos años ha. logrado uno de los 
primeros puestos entre los intelectuales del país. 

Nuestros lectores conocen mucho á Nin Frías, porque 
“El Atalaya” rara vez aparece sin una publicación suya 
y siempre son sus escritos de un temperamento especial, 
fínico entre nosotros, como con razón dice Unamuno. 

Nin Frías se inclina á ser espiritual en todas sus 
producciones, pone en su pluma además de sus brillantes 
giros de la forma, los gajos más hermosos de su alma 
que no sabe pensar mal y que sólo se mueve en busca del 
ideal cristiano. Filosofo y sabio desecha las vanidades del 
inundo y predica el bien, arrostrado quizá más de una crí- 
tica injusta que no comprende el verdadero mérito de la 
labor á que se haya entregado. 

"Hacia Oristo por eL alma, lo bello y la ciencia es 
nn lema que Nui Frías usa con gusto. En esas tres pala- 
bras se encierra todo su secreto, nos explican la fama de 
su pluma al paso que enseñan la táctica, á seguirse en 
la eterna lucha de la vida. 



45 


Eel pastor JUAN Me. CAETHY 

Colonia Valúense 

“Hoy recibí la prenda valiosa “Nuevos Ensayos de 
Critica”, que Vd. se ha dignado de enviarme, aunque per- 
sonalmente me es desconocido. Sin embargo, aunque no le 
he visto cava á cara, por medio de sus producciones lite- 
rarias, hace tiempo que le he conocido, y admirado profun- 
damente por el espíritu verdaderamente cristiano que veo 
manifiesto en todos sus escritos. 

Cuando abrí “Nuevos Ensayos” la primera cosa que 
leí tné “Seamos justos y serenos, latinos y germanos son eu - 
ropeo3, y ante todo hombres, miembros de la familia hu- 
mana Pero cuida de no fomentar odios, porque el 

odio solo conduce al malestar moral, por mas justo y 
sincero que sea, como en el caso que nos ocupa”, p. 102. 

Aqui caben dos nobles pensamientos; sentimientos que 
solo puedan ser expresados por mi hombre verdadero. 

Le agradezco de todo corazón el envió de su libro; lo 
aseguro que se lo tendré como á un tesoro; porque la lec- 
tura del mismo me ha de elevar á mí, así por la gracia de 
Dios, podré ser un instrumento humilde para elevar á los 
demás al derredor mió. 

¡Ojalá! que Dios le conceda muchos años de vida, para 
que este noble país pueda recibir el beneficio de sus pro- 
ducciones literarias, que están destinadas para ennoblecer, 
y exaltar á toda persona que las estudie. ¡Pluguiera Dios 
que tuviera la Banda Oriental otros mil escritores tal como 
v r d! Entonces, sí, no tardaría el día cuando* con alegría ve- 
ríamos aparecer en el horizonte la estrella radiante y glo- 
riosa del Protestantismo puro y sencillo, para bendecir, y 
dar prosperidad á esta nación de nuestra adopción.” 




He leído con especial interés su nueva producción, y 
aunque deprovisto de autoridad para ello, me permito ma- 
nifestar á Vd. la felicísima impresión que lian causado en 
mi ánimo, el noble espíritu que inspiran sus páginas, la al- 
tura de las ideas que reflejan, el proposite altruista que 
acusan y la erudición oportuna que se irradia de cada uno 
de los temas tratados. 


Su libro cae en nuestro pobre ambiente intelectual, á 
semejanza de una lluvia, benéfica, está tan en vareado de oxí- 
geno. — Vd. traza una senda útil, en vez del camino extra- 
viado que otros escritores nacionales siguen, en el cual pre- 
tenden creer y hacer creer que se encuentran la Belleza y 
la Verdad, como si á estas se las encontrara envueltas en en- 
tinismos rimbombantes, en estilos incoherentes, en extravíos 
de ia imaginación, en el epicicio de una crítica acerba y 
despiadada ó, por el contrario, envuelta de dulzura de miel 
y humo de incensario. 

Nace nuestra juventud ya enfermiza y todavía viene en 
aumento de su dolencia una pretendida literatura que busca 
su fuente originaria en las excitaciones febriles del absinihe 
y en las desgraciadas escenas de la vida prostibular! 

Espero y deseo vivamente que su pensamiento sea de- 
bidamente comprendido y apreciado y que su empresa 
resulte fructífera y reaccionaria de las equivocadas tenden- 
cias actuales. (Hago salvedad en lo relativo á ideas reli- 
giosas, pues, punto es este, acerca del cual es harto difícil 
inclinar la balanza.) 

Si un escritor siente compensación á su trabajo in- 
telectual y moral, cuando con el acento de la sinceridad se 
le dice!; su obra me lia hedió pensar y sentir y como 



47 


resultancia de ambas cosas mi espíritu ha gozado una emoción 
feliz!— en lo que á este modesto lector suyo respeta, le 
expresa á Yd. que tal le lia acontecido con la suya. 


De la Ilustración Sttd Americana. 

Buenos Aires. 

. . ; Yin Drías, aunque joven, es hombre de pensamiento, 
y en sus ideas, cualquiera que ellas sean, pone un sello de 
sinceridad que cautiva. 


J)e la escritora y profesora normalista 

CASILDA RODRIGUEZ VARELA 

Acabo de leer con mucho placer y verdadero interés 
su libro “El Arbol”. 

“Posee Yd. un don especial para escribir, mi distin- 
guido amigo. No solo habla á la inteligencia, sino que toca 
ai alma, presentándole los cuadros mas bellos y sublimes 
de la naturaleza, á la que Vd. ama y sabe hacer amar. 
Y como para comprender mejor una obra cualquiera, es 
menester amarla primero, creo que su trabajo es de gran 
mérito y en mi sentir, muy necesario entre nosotros. Los 
beneficios que se reciben de los árboles, no aparecen á to- 
dos los ojos, es preciso para descubrirlos, la mirada obser- 
vadora de una mente privilegiada y para propagarlos, ha- 
cerlos conocer al pueblo. Por eso su obra, debiera ocupar 
un lugar preferente, en nuestras bibliotecas escolares, al 
lado de los libros de Smiles y Speneer, difundirse por todos 
los ámbitos de 1 a República, penetrar hasta la última 
choza. 



Cuando el niño y el hombre, vean en el árbol mi ami- 
go, cuando sepan apreciar todos los benéficos resultados 
materiales y morales que de él se reciben y que Vd. expo- 
ne en una forma tan sencilla y atractiva, entonces la cam- 
paña uruguaya, casi desprovista de árboles en su mayoría, 
por la indiferencia ó ignorancia de sus habitantes, sufrirá 
una admirable transformación. Será toda ella, un edén. 

La suerte del campesino cambiará y la nación entera 
habrá alcanzado nn grado superior de civilización. 

El árbol, con sus productos, atrae el comercio, éste, 
exige caminos, y en los caminos, corren las ideas civiliza- 
doras, El comercio enriquece los caminos civiliza. ¡Amar 
los árboles! ¡Amar la naturaleza! ¡Ay cuanto encierran estas 
palabras. La mano que cuide un árbol, una planta, una flor, 
no se cer.ará jamás á las súplicas del pobre ó á las nece- 
sidades del amigo y estrechará con sincero afecto la. que le 
tienda el estranjero . . . ” 


De u La República” de Santa Fé. (Rep. Argentina) 

“Alberto Nin Frías . . . este simpático escritor de vasta 
inteligencia, que como Acevedo Díaz siente la necesidad de 
anglonizarnos un poquito, por haber vivido largo tiempo 
la vida inglesa cuando su padre el Doctor Alberto Nin 
como ministro plenipotenciario en Londres hiciera para su 
país lo que pocos plenipotenciarios han hecho en el extran- 
gero, nos dará U E1 Arbol”, interesante libro dedicado á la 
niñez y que honrará al joven é ilustrado excursionistas de 
las regiones de Flora. . . El entusiasmo amoroso legítimo 
que Nin Frías siente por el árbol, tiene su explicación más 
elocuente en su constante deseo de ir á meditar y soñar 
en los umbríos bosques del Giot Park en Colon ... ” 

Enero 31-1905 



49 

Dó la Revista ¿cuela Uruguaya” 

La persona de Niu viene destacándose en nuestro mun- 
do intelectual con acentuaciones originales, de perfiles alta- 
mente simpáticos! Corazón sano, inteligencia despejada, apli- 
cación al estudio, atan de erudición, aspiraciones generosas, 
tales son sus rasgos salientes; cualidades que le han dado 
ya relieve característico y que sin duda alguna, le preparan 
un porvenir envidiable. Los señores profesores apreciarán 
en cuanto valen sus escritos y de ellos obtendrán venta- 
ja para su labor. 

Año I, Núm. 2 


De EMILIO CASTELAR y C031AN 

Lima, 11 de Junio de 1906 

Señor don Alberto Niu Frías. — Montevideo. — Mi muy 
distinguido compañero y amigo:— Abro gustoso los brazos 
de rai alma para recibir el afecto de usted, tan ingenua y 
bondadosamente ofrecido. Al leer sus Nuevos ensayos de 
crítica, he experimentado la más intensa y la más refinada 
de las sensaciones artísticas, pues en esos inspirados artí- 
culos lie hallado elevadas concepciones de un esplritualismo 
sugestivo y verdaderos y sanos principios de una Estética 
de resurrección, que atrae en grado sumo, desde la primera 
lectura. Su 3 ideas son de amor, de paz, de concordia, de 
fraternidad; ellas revelan que el espirita de usted es exqui- 
sitamente sensible y que su mirada penetrante y viva alcanza, 
dentro de la humanidad doliente de hoy, á puntos de refor- 
ma que solo les es dable percibir á los cerebros clarivL 
dentcs. Porque usted comprende la Belleza de la obra agena, 
sin distingos escolásticos y sin preconceptos de escuela, es 



usted un crítico de sereno criterio y de amplia conciencia; 
porque usted siente el dolor humano y recorre con sus ner- 
vios dúctiles toda la escala del sufrimiento, sorprendiendo 
gestos de angustia y gritos de desamparo y de pena, es us- 
ted un artista, un hábil observador que no falsea la realidad? 
sino que, por el contrario, se deleita pintándola en toda su 
plenitud, más negra que azul, más triste que alegre (así es 
todo lo que nos rodea) — pero siempre agitándose dentro de 
un ambiente de verdad que cautiva. Mas usted, á pesar de 
haber llegado al fondo de las miserias de la vida, condir 
cido de la mano por su espíritu analítico, no es un taciturno, 
usa voluntad enferma que se doblega, un corazón herido 
que se dedica única y exclusivamente á entonar elegías. 
Nada de eso:— usted es un apóstol de la Nueva- Civilización, 
dentro de cuyas ontrauas se ha de formar y de cuyo vien- 
tre ha de salir victoriosa la Humanidad de mañana, bajo 
la brillantez de una aurora social, religiosa, política y ar- 
tística, que anunciará á las gentes todas el reinado dei 
Super- Hombre. Es usted, además un luchador de energías 
trascendentes. El apostolado es verdad que importa guerra, 
y guerra cruda; pero hay apóstoles que no luchan, que se 
conforman solamente con sembrar ideas y no se ocupan 
absolutamente de desarrollar acción (le ninguna especie; y 
usted predica sus Evangelios con todo entusiasmo, y luego, 
baja á confluí lirse con sus oj^entes, con sus discípulos, con 
sus conf rades, para combatir con ellos, alentándolos en la 
marcha y dirigiendo el asalto colocado á la cabeza de la 
vanguardia. Esa manera de ser de usted es la que á mí 
más me seduce más me acerca á sus doctrinas y á su per- 
sona. Yo no creo en los teóricos. Me parece que la ruina 
y la desmoralización escandalosas de mi país á ellos se 
deben, porque, muchas veces, bajo la capa de un metatísico 
se esconde un gran farsante, y so pretesto de que no ha 
llegado aún el momento histórico de la Reforma, numerosos 



51 


individuos be visto que lian delinquido del modo más villa- 
no y han enlodado sus blancas túnicas de apóstoles. Los 
hombres á lo Zola me entusiasman; los que siguen las agua s 
del famoso canónigo Llórente, secretario que fué del Santo 
to Oficio, no los comprendo, ó si los llego á comprender» 
me causan asco sus actos y todas sus teorías. La vida es 
acción; el hombre que no se mueve es para la sociedad un 
funesto parásito; y el pueblo que gime en la pasividad de 
8 as cobardías es un pueblo fósil. Los peruanos so. nos, por 
desgracia, esencialmente teóricos; y tantas teorías nos lian 
metido en la cabeza nuestros sabios (?) maestros, que no 
sabemos qué partido tomar en una situación dala ni qué 
ruta es la que debemos seguir para obtener tal ó cual co- 
sa: y, á la postre de un desengaño, nos con declamar, como 
un saca-muelas ambulante, que el destino nos lia sido ad- 
verso y que fuerzas ocultas y desconocidas nos han traído 
el desastre. Permítame usted y disculpe esta confidencia de 
hermano que le hago, y le apellido con orgullo hermano 
mío, porque yo creo suficiente el rápido intercambio de dos 
ideas congéneres para que dos almas se comprendan y dos 
inteligencias se liguen para siempre, así como el encuentro 
inesperado y súbito de dos miradas simpáticas es causa de 

<pie dos corazones se confundan para toda la vida 

La delicadeza de sus sentimientos la pone usted de 
manifiesto en la Dedicatoria de su libro. Hay allí una 
frescura moral que seduce. El modo como usted comprende 
el rol de la mujer en la vida moderna es altamente 
consolador para esa hermosa mitad del género humano. 
Nada de relegaciones vulgares ni de exclusivismos irritantes: 
la mujer es apta para muchas cosas y á ella debe la 
humanidad no pocas virtudes. Su alma es pura poesía; — la 
eminente poetisa María Eugenia Yaz Kerreira, — que usted 
estudia, es una prueba de mi aserto; su cerebro es capaz 
de concebir grandes pensamientos de libertad y de desen- 



t rallar bellas teorías de emancipación: — Pilar Herrera de 
Arteaga es otra inteligencia poderosa que ratifica mi enun- 
ciado; y su voluntad puede llegar á la potencia máxima de 
la nuestra: la Michel, la mujer de -Dreyfns, la esposa de 
€urie ? todas estas célebres mujeres prueban que no van 
descaminados los que como usted quieren que un femtnisno 
bien entendido triunfe en la época presente, como punto de 
partida de la futura implantación en todo el mundo de las 
ideas fraternales é igualitarias del inmortal Halileo. La mu- 
jer uruguaya es única en América; y no crea usted que 
es mi propósito halagar su vanidad nacional, mi querido 
amigo, fuera de que en un oriental yo concibo ese orgullo 
de la tierra, que en otros hispano-americanos me causa risa. 
Bajo el punto de vista físico, siempre he oído hablar con 
marcada complacencia á los viajeros de la hermosura in- 
comparable de la oriental, de su figura arrogante y de sus 
grandes y profundos ojos soñadores- Moralmente, sus rasgos 
de nobleza lian hecho en toda ocasión que yo vuelva mis 
ojos investigadores Inicia esa mujer ideal, perfecta dentro 
del hogar, el lióme de las apologías de usted, y más per- 
fecta aún en la calle, ejerciendo su influencia en la sociedad 
culta, cultísima de Montevideo, cuyo fuego sagrado ella ali- 
menta con el fervor de una iniciada. Literariamente, son 
muchas las mujeres uruguayas que lian llamado la atención 
en los ateneos y que lian sido saludadas, al aparecer en el 
escenario artístico, por los aplausos de la Crítica. Yo conoz- 
co á Cristina Otaegui, valiente escritora y notable propa- 
gandista, que actualmente pasea su aburrimiento por las 
calles polvorientas de nuestra aldea taciturna. Por desgra- 
cia, nada espléndido ha podido ofrecerle esta Lima de los 
Virreyes que en algo disminuya la mala impresión que se 
llevará de nuestra indiferencia y pasividad indígenas* Be 
manera, que en su país, ese emporio de civilización y de 
alta cultura que ha sido justamente llamado la nueva Atenas, 



el leminisiio tiene que producir los mejores resultados, tan- 
to sociales como políticos y artísticos; y por edlo, usted 
sostiene, con sobrado poder perceptivo, que la mujer puede 
hacer mucho por el engrandecimiento de la colectividad de 
que forma parte. 

Mucho me lie extendido 3^ creo haberle molestado ya 
bastante. No tengo yo la culpa: sus Ensayos de critica me 
han entusiasmado. Mándeme usted todos sus libros, pues 
tengo vehemente deseo de conocerlos. Póngame en relación 
con algunos jóvenes periodistas; y dispense usted el atrevi- 
miento: ardo en anhelos de estar en contacto con el brillan, 
te núcleo de los hábiles batalladores diarios de allá, atenien- 
ses de buena cepa que tanto enaltecen el nombre de su 
Patria, asi, con P mayúscula, porque lo vale. 

Huyo afmo. amigo y S. S. Q. L. B. L. M. 

Emilio Castelar y Cobian 


Del Sr. BENJAMIN BOURSE 

“ . . , (Jada vez que leo una producción suya me con- 
venzo más y más (y cuente que 3 r o hacia tiempo que estaba 
convencido) de la gran belleza ds su alma. Es envidiable 
la manera elevada en que Vd. comprende la vida hasta en 
sus mas mínimos detalles. No tendría Vd. necesidad de con- 
fesar su admiración, más, su adhesión á todo lo helénico: — 
se le conoce en la forma de sus sentimientos, en lo elevado 
de sus miras. Quiera Dios que su apostolado en la juventud 
comenzado por Vd. con tanto amor, tenga en todo su ex- 
tensión, todo el éxito que merece; y que repercutan sus 
ideas é ideales sanos no solo entre aquella, sino también en 
los hombres maduros de entre nuestros compatriotas que 
necesitan la infusión de la doctrina que Vd. predica sí he- 



54 

mos de ver á nuestro bello país en el lugar que la natu- 
raleza le lia querido asignar. 

El relato de heroísmo de Wiiliam Mac Laugliliu es 
muy conmovedor; — pero mas que eso, es el justo recono- 
cimiento, por parte de un alma grande, de la grandeza de 
otra ...” 


DE jIN GG:i CAí^OTdNI 
(Director de “El Uruguay” de Paysandú) 

“ . . . Con el placer inmenso que experimenta el espí- 
ritu humano á la llegada de algún amigo deseado, he re- 
cibido su libro Ensayos, que, amigo mió es, y algo más 
Maestro, por las purísimas enseñanzas que difunde, por el 
sello de autoridad, noblemente elevado que lo distingue y 
por el espíritu de ideal tolerancia que en él campea y que 
lo hace simpático, de una respetuosa simpatía, aun á aque- 
llos que pretieren otros derroteros en esta marcha ascen- 
dente de los elegidos en busca de la Perfección. Por esto 
y por la sinceridad que se trasparenta en las opiniones 
que vierte, es que su obra so ha impuesto á las mentes 
sanamente inspiradas, aún á aquellas, repito que difieren 
de su modo de sentir y de pensar . . . . ” 


Del castizo escritor y novelista 

M. NCÑEZ REQUEIRO 

“ . . . Alberto Nin Frías, su prédica de bondad es muy 
artística, muy amena, dulce é insinuante. Como gran bonda- 
doso reclina constantemente su cabeza sobre el ser o de Jesús. 
Pero bieu creo que Niu Frias si desease ser más guerre- 



jtü lo seria más eficazmente. No carece del bagaje necesa- 
ria. Excesivamente delicado en la pelea, evita siempre la ci- 
rurjia las supremas acciones: es hábil médico, pero no se 
aviene á ser excelente cirujano. Respecto profundamente sn 
escuela, sus tendencias de amor silencioso que busca la quie- 
tud de las selvas, que huye de las regiones de la tempestad. 
Su preceptisuio es sano; todo en él es robusto; puede ser 
atleta, pero no gusta salir á las llanuras olímpicas. I)e él 
prometo ocuparme extensamente en mi nuevo libro que prepa- 
ro Escritores y Poetas Americanos ’\ 


Del delicado poeta argentino 

PEDRO P. NAÓN. 

...De regreso de Córdoba.... me encuentro con el ina- 
preciable obsequio de su libro “Ensayos de Critica é His- 
toria”, verdadera revelación para mi de su vigorosa y acen- 
tuada personalidad naciente. 

Lo he leído con friución, reducido por la delicadeza é 
ingenuidad del espíritu que lo anima como por la madurez 
y altura del pensamiento que lo sustenta. 

Ya era su amigo, ahora soy su admirador, felicitándo- 
me de la manera más íntima de que en medio de esta 
inmensa suma de la inteligencia y del alma empiecen á 
florecer nuevas palmeras que reconstruyan al arte los vie- 
jos arcos triunfales. ...” 


Del profesor de filosofía 

VICTOR de BOLLARD. 


“Acabo de. leer su libro ‘‘Nuevos Ensayos”: la impre- 



si ón que dicha lectura me lia causado, es una de aque- 
llas, que semejantes á las señales grabadas en la corteza 
de joven árbol, ni el tiempo llaga á borrar. 

La juventud moderna desgraciadamente dedicada solo 
al interés material de sn propia vida, poco ó nada se ocu- 
pa de los grandes problemas, ó si lo hace es con la sar- 
do nica sonrisa en los labios de quién se digna ocuparse 
de un asunto que no merece mayor atención Yd. jove.i aun 
lia tenido el valor de sus propias ideas, pensamientos y 
creencias, airón tó los problemas sociales como el médico 
debe afrontar la mas peligrosa de las enfermedades para 
estudiarla á fondo; cristiano, tuvo el valor de declararlo: pen- 
sador tuvo el valor de hacer conocer sus ideas, aunque 
estas pudiesen ser contrarios á la mayoría embargada por 
las pasiones partidarias. 

Su libro, sóame permitido, decirlo es verdadero en la 
esencia y en la forma; bien dijo, la poetisa M. E. Vnz— 
Ferreíra: en Vd. hay e). consorcio, corazón y cerebro. 

]Ojalá la juventud Uruguaya se inspirase en los grandes 
principios de lo bello, de lo justo y de lo noble que tras- 
lucen de la lectura de sus “Nuevos Ensayos”! 

¡Ha hecho Vd. una obra meritoria !' 5 


Del poeta 

EUGENIO DÍAZ ROMERO 

Secretario del Museo de Bellas Artes do Buenos Aires 
“ Me ha sorprendido la erudición de buena ley de 
que Vd. hace gala á cada momento, erudición que no ne- 
cesita acumular nombre tras nombre para manifestarse sino 
que se desprende de la .profunda penetración de sus juicios. 
La educación europea que Vd. ha recibido, ha sido sin du- 
da, el factor que ha obrado más eficientemente en el desa- 



57 


rrollo de sa inteligencia. — El conocimiento que Vd. demues- 
tra de la historia, de la literatura, ds la filosofía, así como 
también lo selecto y apropiado de sus predilecciones artís- 
ticas confirman la existencia de sus afirmaciones en lo que 
de arte y á las cosas del espirita se refiere. 

La admiración entusiasta que Vd. tiene por el autor de 
í( los Orígenes de la Frarcia Contemporánea ’ \ á quien Vd.de 
paso, conoce á fondo ha impreso á su estilo un sello de verdad 
y de concisión sorprendentes , que no excluye la elegancia, 
puesto que si ha existido un estilista entre los pensadores 
franceses, éste ha sido Hipólito Taine! 


De la Sociedad POSITIVISTA de Guatemala (A. C.) 


i* 


Las idas son fuerzas cuya virtualidad funde los sentí 
mientes humanos, á despecho de las distancias que pueden 
separar á los hombres. Por eso me siento identificado con 
Vd. y siento que le quiero de veras, que le admiro y gozo en 
esta admiración, desde que vi su nombre como de la idea 
que debiera ya ocupar la actividad de todos los Américano3 ; 
la unión para la que el infatigable Coronel Madueño ha le- 
vantado su hermosa tribuna de “El Mundo Latino”. 

.... El propósito es grande; pero no es tan fácil reali- 
zarlo . . . 

.... ¿Es acaso imposible para el sentimiento generoso 
del Nuevo Mundo? 

Ya Vd. habrá advertido que en Guatemala no sólo hay 
función ando una Junta Nacional Correspondiente de la “Gran 
Asociación de El Mundo Latino”, sino que aun se ha esta- 
blecido una Biblioteca Latino Americana, como para servir 
y sirve realmente de medio do unión moral é intelectual 
entre las sociedades científicas. 



Parees, pues, que esta república se ha distinguido en 
el esfuerzo de nuestra contra te mización. 

Y ese Pueblo— cuya valiosa historia como la de toda 
la América del Sur conozco á fondo y por eso me complaz- 
co en admirarle, ese Pueblo que, aunque pequeño, geográfi- 
camente hablando, es ya grande por sus aspiraciones y avan- 
ces en el campo indeterminable del progreso, no debe retardar 
su paso en los trabajos de la unificación á que me refiero. 

En la próxima sesión de la Junta Nacional voy á propo- 
ner: que á todos los socios de Junta Hispano-Americanas 
les declaremos Socios Corresponsales de ésta, con la mira 
de que nos unifiquemos en todo el Continente. 

F . Conircras, presidente. 

1. Diciembre 1935. 


Del Dr. CELEDONIO NIN v SILVA 

Profesor dei Liceo Valdense 

“...Las pocas páginas que he recorrido de sus “Nue- 
vos Ensayos de Crítica 5 ' las he encontrado saturadas de 

amor y llenas de profundos pensamientos 

Soy profesor de Gramática Castellana y para formar el 
gusto literario de mis alumnos, les recomiendo la lectura 
de buenos autores ó hago leer en clase, trozos selectos 
de éstas. El viernes pasado hice leer á los que cursan 3er 
año algunas páginas de sus impresiones sobre “El Arroyo” 
de Keclus, para que mis alumnos tengan en su obra un 
modelo para sus composiciones, y para que la juventud 
del autor del libro les sirva de estimulo para trabajos 
más y mejor 



59 


Del Reverendo VENANCIO ACHURRE 

J. M: E; Paraná R. A. 

“...Muellísimas gracias por su hermosa obra literaria... 
Esta clase de literatura es la que nosotros los latinos ne- 
cesitamos, como Vd. bien lo expresa en su “Ensayo sobre 
la raza latina” su libro es lo mejor que lie leído. 


Del l)r. JORGE DAMA ÑOR ICH 

Juez Federal. 

Rep. Argentina. 

Me lia interesado la lectura de sil nuevo libro, notan- 
do novedad, información y consideraciones útiles y tras- 
cendentales; es la obra de un trabajados inteligente y en- 
tusiasta. Me ha sugerido más de un paseo saludable por 
diversas regiones del espíritu. 

Las buenas idea-s son como las buenas compañeras que 
confortan al esposo al darle los buenos di as. 


Del novelista 

CARLOS REYLES. 

“Le agradezco sinceramente el envío de sus “Ensayos” 
que be leído con sumo placer, admirando muy de veras su 
inteligencia briosa y á la vez reflexiva y el encendido amor 
que Vd. demuestra por los nobles pensamientos, las formas 
bellas y las cosas buenas. 

Todo ello me trae á la memoria la Edad dichosa en 
que, lleno también yo del airoso ardor juvenil devoraba 
los textos, creía sin asombro de duda en sus graves prome- 
sas y pretendía como Vd. absorberme el mundo á la luz de 
mi humilde lámpara .de estudiante siempre encendida 



t>0 


El evocar las saudades de cuando uuo era mejor, no 
es acaso el más pequeño mérito de sus páginas, pero á mi 
entender lo más sugestivo de ellas y lo que más revela la 
belleza de su alma suave y sonriente, es la hermosura que 
Vd. le presta á los libros versos y cosas que ni remota- 
mente lo tienen 


De «EL ESTANDARTE EVANGELICO” 

11. Aires, tomo XXI li, N. 2C> 

“ . . . Hará cinco años ó más que su espirítu religioso 
y pronunciadamente evangélico, le atrajo á los centros 
evangélicos de Montevideo en donde halló amigos y admi- 
radores de su idealismo puro y noble. Su especial don es el 
escribir, y sus vastos conocimientos de las literaturas inglesa, 
española, francesa y italiana, hacen que sus producciones 
literarias sean siempre edificantes. 

Es amante de la literatura religiosa inglesa. No es 
orador, ó más bien dicho creemos que no lo quiere ser! se 
concreta con satisfacción á sus trabajos literarios. Es sin 
embargo un causear de orden superior; recordamos algu- 
nas conversaciones sobre temas religiosos é intelectuales que 
nos han dejado gratas impresiones. Conversa en inglés con 
perfección y gran facilidad ¡parece inglés! También conoce 
el trances, aloman é italiano. Además de ser buen escritor 
y amante de la buena literatura, lo es también del canto y 
de la música sagrada . . . . ” 


l)e MIGUEL de UNAMUNO 
Rector de la Universidad de Salamanca. 

“Se nos ha dicho y repetido— y yo lo lie dicho y repe- 



61 

tilo por mi parte — que debemos europeizamos. Me desligo, 
europeizarnos no, que Europa nos es pequeña, unlversalizar' 
nos mas bien, y para ello españolizarnos aún más. Cada día 
ahonda y se enraiza en mi más la convicción de que al hombre 
universal y eterno hay que ir á s asarlo del seno del hombre 
local y pasajero, que cnanto más de su temporada y más de 
su pago se es, es uno más de los tiempos y de los países to- 
dos, que no por vía de remoción y exclusión de diferencias, 
sino por inclusión y fusión de ellas escomo se llegará al hom- 
bre común. A la hermandad celeste que nos una y abarque á 
todos hemos de llegar á través de los abismos terrenales de 
nuestro ser, Y véle ahí por qué la patria es hoy por hoy el 
único ideal concreto en que quepa tomen carne lo i ideales 
económicos, religiosos y de cultura, siempre más abstractos 
que ella, la patria, es el majadero de los ideales humanos 
todos. Y aquí el culto á la patria; cuando por acaso existe, 
viene á ser ó supersticioso ó fanático. No se lo rendimos 
tal cual les es debido, á sus santos; y sino comparad el que 
se da á Shakespeare en Inglaterra ó á Goethe en Alemania 
con lo que aquí le pasa al bueno de Corvantes, cuya obra 
perjuradora, la Biblia Nacional, debiera ser nuestro brevia- 
rio patriótico y materia de meditación frecuente. Un america- 
no de sepa apañóla, el uruguayo Nin Frías, nos muestra el 
camino de su propicio de una Suciedad Cervantes.” 

De un discurso promiciado ants el rey en Cartagena. 


De la Sn. DOLORES MARTINEZ 

He saboreado sus páginas con el mayor interés;— Hay 
detalles de notable escritos. 

Su critica filosófica literaria es de alto vuelto. 

Muchos de los jovenes intelectuales Uruguayos de 
esta generación no podrán producir algo mejor. 



Con verdadero agradecimiento al envió de su intere- 
sante libro le saluda con la mayor consideración y estima. 

Dolores Martínez 

DSIt PR0T1S0R OaSSTSS ARAUJO 

{De la ESCUELA. NORMAL) 

No sabe Vd cuánto agradezco el ejemplar de sus u Nue 4 
vos Ensayos de crítica”, pues su lectura me ha proporcio- 
nado la inefable dicha de aquilatar su talento, apreciar sus 
sentimientos y envidiar su estilo; es decir, que lie aprendi- 
do y be gozado con sus “Ensayos’* lo que no siempre po- 
demos eontesar de todas las obras que leemos. 

La suya me lia dejado una impresión extraña y grata 
á la vez! extraña por su tendencia, genuinamente científica 
á Ja par que saturado de cierto misticismo cristiano que 
no se observa por Lo regular en los libros corrientes de su 
género, á lo menos dentro Ja literatura española; y grata 
porque á través de sus renglones se descubre el crítico 
bondadoso, el escritor ingenuo, el publicista ennoblecido por 
su propio esfuerzo con el timbre del saber y la tolerancia. 
Con razón lia adoptado Vd. por lema en las artísticas ta- 
pas de su libro: “Elevaos y elevad á los demás.” 


Del Dr. MARIANO SOLER 


Agradece intimamente al distinguido escritor Alberto 
Fin Frías su deferente atención, y hace votos porque llegue 
al ideal de la idea religiosa. ¿Se detendrá en el camino? 
No lo creo, v sería ¿oloroso para quién mucho lo estima, y 
aplaude su “La vida del estudiante y la morar’ 



Del Dt. CARLOS BAIRES 


(República Argentina) 


He leído con placer sil conferencia acerca de u La vida 
del estudiante y la moral” le agradezco el cavío de esta 
nueva producción suya, en armonía coa el espirita de las 
anteriores. 


Ya. ha relacionado muy bien el régimen educativo moral 
de las universidades de Estados Unidos con el temperamento 
lleno de elevación y conformidad evangélica de Guillermo 
Laiicaster Mac Laughlin. que lo llevó á sacrificar su exis- 
tencia por salvar la de sus semejantes. La vida y la muerte 
del joven héroe merecieron el elogio que Yd. le ha tribu- 
tado, con el respeto y ía unción de quien sabe comprender 
estas grandes almas y trasmiten á los demás su piadosa 
admiración. Ha procedido Yd. con alto criterio al presentar 
e.;e ejemplo ante un auditorio de estudiantes que habrán 
recibido esa buena en sen unza con emoción semejante á la 
sinceridad que á Yd. inspiró esa bella página. 1 


Del Sr. Pastor OTTO A. GOS3IVEILER. 


ii 


. . Sin creerme competente para poder apreciar de - 
bolamente su valor literario, no puedo sin embargo menos 
que admirar la firmeza con que Yd. ha abordado el tema 
sosteniéndolo desde el principio hasta el fin. 

Añadir á una preparación altamente intelectual un espí- 
ritu intensamente moral, es sin nuda el sueño dorado de 
aquellos qne saben apreciar debidamente lo más noble que 
tenemos el alma iniperedeiv. 

Con tan sólido principio de una sana moral (mal Vil. lo 
la realizado quedan echadas las bases seguras de un carao- 



64 


ter intachable. Dios quiera que skis esfuerzos moralizadores 
en la primer fuente de educación uacioual t mga el éxito que 
merece! 

Que llegue pronto el dia en que se aprecie á la par 
del saber, la pureza del alma que Yd, lia descrito admira- 
blemente en su “Vida del Estudiante y la morar’! sobre 
t£ El Arbol” del mismo autor. 


De la Sta LEONOR HORTICAIT 
Directora de la Escuela Normal de Maestras. 

“Fíe leído su libro, tratando de no olvidar, al sabe 
rear su belleza que él lia sido escrito para la niñez uru- 
guaya; es decir; que he procurado apreciar su valor pe- 
dagógico, del cual la belleza no es sino uno de los elementos 
constitutivos. 

Fruto de esa lectura e i la convicción en que lie queda- 
do de q*\e W E1 Árbol” llenará el objeto para que lia sido 
escrito. 


Lecciones de Anatomía vegetal, de Fisiología, de Greo- 
graña, botánica, ludíanse expuestas en ocho breves capítulos, 
en forma amena, novedosa. Ellas proporcionan interesantes 
detalles sobre la vida de esos vegetales que el niño destru- 
ye porque no se le ha enseñado á amarlos y que el hombre 
aniquile porque la codicia pone una venda á su inteligencia. 
Pero, más interesantes aun que esas lecciones científicas, son 
las enseñanzas morales que el niño ha de encontrar en cada 
párrafo del libro, porque constituyen su esencia. Cuando iir 
vitado por su maestro — reflexione el niño sobre las senten- 
cias morales que á profusión se encuentran en esas páginas; 
hallará en cada una de ellas, aunque vestida con distinto 
ropaje, uno de los principios de justicia y caridad que 
constituyen la base de la educación moral que recibe en el 



65 

hogar y en la escuela; tendrá así nuevas pruebas de la ver- 
dad de esos principios, con tos que ellos echarán una raíz 
más en su corazón y darán un fruto más en su inteligencia. 

Cuando el alumno llegue á saborear, en los párrafos 
traducidos por Vd. la incomparable descripción que de la 
vida de un vegetal hace H. W, Warrcn, admirará ese nur 
ravilloso poder vital, más fuerte que cualquier otra fuerza > 
admirará una vez más la inteligencia del hombre capaz de 
descubrir las leyes inmutables que rigen la vida del Uni- 
verso, pero recibirá, al mismo tiempo, una nueva lección de 
humildad, porque, una vez más, tendrá que reconocer su pro 1 - 
Pia pequenez 


Be G-. A. Zuüirla , el autor de la novela* “Alegre*. 

“ Acabo de leer sus Ensayos de critica literaria y lit ) i 
va” y francamente no acabo de salir del estupor que me 
causa el ver que Vd. en su temprana edad lia alcanzado 
un punto á donde no alcanzan muchos, con muchos mas 
níios .... Me admira ... su pasmosa erudición* y por eso lie 
laido con mas placer que nunca estudios de este género. Y lo 
que me hace mas simpática su obra [á nosotros, los católicos 
de veras) es la sinceridad que respiran sus ideas, el amor 
4 la verdad, el empeño tenaz que pone Vd. en llegar á ella 
sin prejuicios, sin sectarismos, aunque á mi ver siga Vd. ca- 
mino extraviado. ¿Recuerda Vd el ego sitm via v evitas ct vita? 

Por allí, por allí va el camino que lleva á la ver- 
dad y á la vida . He leído en la Revista de 

Historia, Derecho etc, de Zeballos una carta de Miguel de 
(Jnarauno dirigida á Vd. y lo felicito cordialmente. Su gloría 
y su nombre andan ya muy lejos y á su edad esto es in 
dicio de méritos sólidos, que le reconozco, y que me agra 

5 



66 


da le reconozcan todos. Al fin y al cabo Vd. es casi com- 
patriota mió, y si se siguiera el pensamiento de Unamuno 
que quiere hacer de las repúblicas americanas una sola, 
su gloria es nuestra gloria. 

Santa Fé, de 18 Junio 1906. 


EL GENEEAL MAX SILLA 

Ex Ministro Plenipotenciario de la Argentina en París 
Berlín, etc. 

El ilustrado y original escritor, general Lucio V. Man- 
silla ha favorecido con tina carta que implica elevado con- 
cepto y superior encomio, al joven compatriota, ilustrado 
literato Alberto Nin Frías, comentador y pasionista de Sha- 
kespeare á los 15 años, que escribe con verdadera pasión de 
estudioso y con singular independencia de criterio: 

“El Siglo'' de 1901 

Berlín, Octubre 31 de 1901. — Señor don Alberto Nin 
Frias. — Joven cofrade: Llamándole á usted así lio creo 
equivocarme. 

Julio Simón decía: en el descenso, no soy más que un 
joven que se aburre dentro de un viejo caparazón. 

Aunque ahí, en nuestra América, envejecen tan pronto, 
tengo barruntos de que debe pasarlo á usted otra cosa. 

¿En que me fundo? 

¿En que hace usted máximas escribiendo pensamientos, 
aforismos, impresiones y juicios literarios para la “Vida Mo- 
derna?” 

No! 

Seria más bien pava inducirme á pensar de contrario mo- 
do — siendo cosa sabida que es muy raro llegar á la edad del 
King Lear sin alguna dosis de experiencia, más ó menos inútil.,.. 



67 

Y léyéndolo á Vd. lo hallo devorado por ese atan in* 
cesante por conocer, que está cantando que aun se tienen 
que ver muchas cosas, — y bien — para poder decir con certe 
za y convicción inconmovible: por ahi... ese es el camino, 
no otro. 

Sea de ello lo que fuere y hallándome yo, quizá, en el 
caso del Rey Lear, á quien el bufón (suelen no estar de 
mas) quería darle de palos por haber envejecido antes de 
tener experiencia, sírvase usted aceptar en muestra de sim- 
patía por su talento, ese retrato de Httskm, del cual lo 

% 

noto á usted admirador. Yo también lo soy, habiéndome 
enseñado algunas cosas útiles, me parece. ¡Qué palabra tan 
socorrida, como dicen vulgarmente en esa: “cosas”.! 

A veces significa nada. 

Sea usted feliz, idealista, creyente y póngale de cuan- 
do en cuando velas á la Virgen para que en ambas ori- 
llas del Plata se vean ciertos milagros, entre otros que la 
justicia resplandezca como el sol oriental — Lucio Victoria 
Mansilla . 


De la Tribuna Popular 

Mucho bueno se dice en “La Lectura” de Madrid so- 
bre este libro, y mucho mejor se dirá el día en que se 
aprecie en todo su positivo valer el empeño enorme de 
este cerebro nuevo, reeien nacido á la vida, que sin des- 
ligarse del ambiente malsano que lo rodea, tiene suficiente 
confianza en el porvenir para entregarse por puro amor 
al arte , al estudio árido de asuntos tan hondos como los 
que desfilan por los capítulos de su libro. 



From HERBERT SPEHCER 


With Mr, Herbert Speitcer’s thanks to Sr. Nin Frías fov 
the copy ot bis “Ensayos de Crítica é Historia”, and 
íor the expression oí syinpathy coutained in the mscriptiqiu - 

Brighton, 12th June 1903. 


From the 1‘amous graphologist JAMES COATES. 

(Odenbeg House, Ardbeg, Rothesay, Escosia) 

“As to your handwriting I draw the following outline as^ 
to character etc... 

Yon ha ve a refined and liiglily nervcms org anisa tion. Yon 
are températe and thougtfal all that in your living. 

The tendency oí the mind is- reftned,. ideal, imaginativa 
poetical and sympathetic. With breadtli of views, ot human 
interets beyond a narrow patrio tism, and religious concep- 
tions, going ont for the geod and the trae and the beautitui 
in all peoples and tongues throghout the World with war* 
mest desi ves for the elevation, preservation and the ad vanee 
on the Unes ot true progresa ot your own people. There is 
an ascendency which in dicates aspiratimis ot a high and yet> 
simple order. To thinkaright and to do good is your reli. 
gion. Yon are impulsivo. a quick thínker and speaker. 
Opened minrled and given to be fairily free in the expression 
of opinionSy in a part ot world, where ifc is not always 
jndicions to say what orce .thinks if snch thonghte are oppo- 
sed to the dominant party in religión or politics. Yon are 
a hopeful man, geneivus and rather inclined to think ot 
the better quaiities in your feilowmen and to make dueallowan- 
ce íor their limitations. Can wisely pnt “New thought” 



69 


principies hito practice and help others to smih and will 
their way out of self and out of troubles, Althoug'h yon 
llave a kindly nature, you also possess a strengtli of cha- 
racter, a sense of worth and usefulness, not generally sus- 
pected. You are int.uitive, a good reader of character yonr 
self, and one not readily imposed upon. Are zealous of 
succes and not afraid of work. I just wish you were á little 
stronger and things were a little more settled in your part 
of the world. You have strong literary tas tes, conld ar- 
chieve something in journalism, but will aim at higher work 
you will try to mould the thoughts ofmei» to ennoblement, 
if possible. Like most hopeful men, of active and sanguino 
disposition, you ofteu suffer from bitter dissapointments.” 


From the Rev. GEORGE P. HOWARD 
Presi ding Eider Methodist E. Church. Uruguay'' District 

Montevideo, 28 th June 1904 

I wish to add a just word of approval and praise of your 
volume “Ensayos de Crítica é Historia” and it gives me 
great pleasure to say liow heartily I concur with your 
views on the several subjects so ably treated on in this 
volume. The cliapter wliich deais witli the problem of the 
marvellous developement ot the United States and the lessons 
therein eontained for onr beloved South American States, as 
well as the cliapter on a La Paz” y la “Guerra Civil” 
sliould be pondered by every Oriental. — Every thinking per- 
son will valué tlie social and reí igions inerit of your wri- 
tings. .1 hope to read more of them, and will look forward 



70 

to your future eííorts 011 belialf of Religión and poütical 
líber ty and desi re God’s gracious blessing to rest on your 
pen Avitli my best desires íor succes, believe me always. 

Gko. P. Howard 


u ... 1 believe yon liave pnt forth a really lielpíul book and 
it should be read by all our young people, If we only bad 
scliool librarles as we bave in our English Sunday sehools I 
would recommend that a copy ol your book to be placed amongst 
the desirable books íor sack a eollection. Success my bro- 
tber in all your eííorts! I bave no doubt like all selí ab- 
negatíng autliors you have many things tbat discourage yon.’' 

Geo. P. Howard 


Prona the renowned preacher Rev. JOHN F. THOMSON, 
ofthe M. E. Church Temperly, Sep. 11-1902 

“Returuing írom one oí my tripa into the Interior ot 
the Province, I found your higiily pmed gift “Ensayos 
de Critica é Historia ” 

I am delighted with it. It is refresliing to see a young 
man oí talent devoting himselt to that kind oí literature. 
The mere íact oí your selection oí that gtrme^ is to me a 
prooí of genius, and intellectuel piulan tliropy. You will, 
ií you persevere, have your reward. You will not only 
give a “lift-up” to your fellow-men, but your work and 
y our ñame wili sur vi ve, when waggondoads and stup loads 



oí so called popular aovéis will have been religated to the 
basura- heaps, 

Gro forward, and may Heaven inspire yon witli eons" 
tancy in your glorious work. What a splendid thing it is 
to possess the endowment for it!” 


Du Professeur VICTOR GJRAUD 

Université de Fribourg. (Suisse) 

14 Juin 1903 

Je ne m’excuserai pas — car tres probablement vous me 
trouveriez inexcusable — d’avoir tant tardé k vous accuser 
réception et k vous remercier du livre que vous m’avez íait 
l’honneur de nFenvoyer, et des trop aimables ligues que j’y 
ai trouvées á moa adresse. Done veuillez me pardonner toufc 
simplement et causons. 

J’anrais voulu vous parler de votre livre en toute con- 
naissance de cause. Mais, hélas, je ne lis l’espagnol ccmme- 
vous lisez et écrivez le franqais et tout ceux que j’ai pu 
y entrevoir, c/est qu’en effet vous étiez un disciple fervent 
de Taine que vous Faimiez beaucoup, et que vous en par- 
liez souvent. Ce livre auquél vous étes si indulgent, va étre 
traduit en allemand, et il a íailli l’étre en espagnol (je re- 
grette vivement que la combinaison n’est pas aboutti): tou- 
tes ces simpathies qui me sont venues de l’étranger et que ; 
bien entendí!, par dessus son historien, allaient surtout au 
maítre dont je m’étais íait le biographe, me donne une non- 
velle preuve de la proíonde inñuence que Taine, en dehors 
de Frunce, comme en Frailee, a ex cercó o. Je íFai pu, et je 
le regrette, etudier son iufluence que dans ma propre pa- 
trie. Si quelque jour, Monsieui , vous nons retraciez celle 
qiril a exercte en Es pague, et dans les pays de langue 



72 


espagitole, vous hous rendriez un réel Service, et j T osé es- 
perer que vous ne me laiseriez pas ignorer votre étude, 
Én ] 'atiendan t, le livre que vous m’avez adressé tr ouvera 
sa¡ place toute naturelíe dans la proehaine édition de ma 
Bibliogr apiñe Critique de Taine . Je vous Temer cié done de 
m'avoir envoyé; je vous remercie de votre sympatliie si es- 
pontanée et si diamante . . . . ,T 


De GUILLAUME BERNARD 

Critique des livres écritg en espagnol á la Revite Biblio- 
graphique de Frailee (Le Polybiblion). 

Avant de vous envoyer nion artiele, nécesairement un peu 
court, que le Polybiblion va publier sur votre important 
ouvrage a Ensayos de Crítica é Historia.. j'éprouve' le 
désir, auquel je succombe volontiers. de vous dire toute nía 
pensée. C’est ce que je vais faire en franjáis, puisque vous 
áiuiez mon pays et sa langne. 

Je trouve dans votre livre bien des choses, les unes 
deja connues et publiées par vous en brocliures — j T ai eu 
Phouireur de vous en remercier en temps voiilu et de vous 
donner alors mon humble appréeiation— , les a u tres, nou- 
velles pour moi, et ces derniéres sont á mes yeux les plus 
importantes; pavee que je drois y découvrir toute votre per- 
sone intellectuelte, toute votre philosoyhie et chacune des 
vos nobles aspira tions. Un véritable aun ■< est point flatteur: 
je vais essayer de vous traiter en ami, franchement, lova- 
lement, avec l’estime aíTectuese que vous m'inspirez. 

Taine et pour vous comme une surte de divirúté; se 
idées cadrent tellement avec les v otres, qtril vous appai- 
aít comme le maítre et le gmde des esprits modernes. 
M, Amédée de Margerie, qui a été mon proírsseur pendant 



deux ¡mués a eu l’occa-sion de vous exprimer á ce su- 
jet son sentimenfc antorisé. II aura i t pn ajonter que 
Taíne est déjá presque oublié parmi nous. En somme, 
il n’a point creé d’école; il ne fut point novateur et 
son génie incontestable est un des ceux qui brillent un 
moment, qui séduisseut par lenrs beaux cotes, inais dont 
les traces lumineuses sont de coarte durée. Je n’msisterai 
point lá-dessus. 

Ensuite vous étes protestan t, et protes tan t á votre ía- 
gon, c’est-á-dire qu’á en juger par l’idéal que vous vous 
faites de la religión, “la fé como la religión son verdades 
relativas, siendo solo absoluto el sentimiento religioso que 
én último término es el deseo de vivir noblemente, de hacer 
bien al prójimo, siendo todas nuestras acciones movidas por 
úna razón superior, (pag. 299).” 

Cette maniere de conceveir la religión est si vague 
si peu définie, qir'on pourrait étre religieux sans avoir la 
meindre religión. Ou bien il y a des véñtés surnaturelles, 
un Dieu, une inmortalité, une révélation...., ou bien ríen de 
tout cela n’existe: daus cette derniére hypotliése, tente re- 
ligión est mensonge, ou, si vous jiréférez, superstition; rnais 
si Ton admet la Divinité an-dessus de nous. il íaut néces- 
Sairement conclure qu’il y a un lien entre Elle et THu- 
manité. Or ce lien réciproque constitue la religión, avec ses 
dogmes, les droits de Dieu et les devoirs de l'homme. Et 
comme la vérité est une, il n’y a pas a se soustraire á 
cette conclusión fatale: une religión existe, je dois la connai- 
tre et en pratiquer les préeeptes.... Mais, clier ami, no% 
entrons ici dans la con tro verse religieuse, et vous savez 
que je respecte ti op vos opinions, pour essayer de les com- 
batiré. Je vous considere comme un esprit élevé, de bonne 
foí, et votre protes tantisme ne crée pas un abíme devant leque* 
je ni’arréte. Vous m’avez offerí- votre amitié, j’y ai répondu 
en vous otírant la mienne. 11, es ton s unís sans nous froisser 



74 


J’écris ábátons rompas, comme on dit vulgairement en Frail- 
ee, et je passe san» transition á un autre point de votre livre. 

Yous avez une liste des 100 meilleurs livres: ils sont 
dans votre bibliothéque et je vous télicite du choix éclaí- 
ré que vous avez íait parmi les innombrables productions 
littéraires et philosophiques du monde. Je ne dirai ríen 
des ouvrages indiens, grecs, latins, anglais, allemands et es- 
pagnois. Ca m’étonne sealement que vous regardiez la Vie 
de Jes lid, de Renán, comme un modéle, á moins que ne 
soit un modéle de pamphlet écrit en excellent frangais.' 
Personne n’oseraifc affirmer aujourd'hui que Renán eoimai- 
ssait son sujet, Fhist.oire, Pexégétique et méme sérieusement 
les langues hebra’íque et syriaque, encore moins les cout li- 
mes de l’Orient, j’ai fait de3 études compáreos et, je croís, 
avoir été, suf ti samen t approfondies la question, Renán est pres- 
que toujours seul de son avis lorsqu’il interprete Phistoire 
evangélique d’une fagon rationaliste, et chacune de ses erreurs 
a été péremptoirement réfutée: s’il a eu de la vogue, c’est 
parce que ses attaques soi-disant scientifiques contre PE- 
glise ont été bruyaimnent expío itées par Fimpiété moderne. 
J’aimerais mieux vous voir lire la Yie de Jésus par Louis 
Veuillot. D’ailleurs, vous donnez peu de place á notre belle 
littérature franqaise du XVII iéme siécle. Puisque vous adme- 
ttez Eschyle, Sophocle et Euripide en Gréce, ponrquoi ne 
pas taire mention de Corneille le sublime et de Hacine le 
pathétique, qui leur sont bien comparables? Parmi nos 
meilleurs prosateurs, vous avez oublié, Descartes, La- 
roclieíoucault, Madame de Sévigné, Bossuet, Labruyére, 
Saint Simón etc, etc, etc. Notre liistoire et notre 
Zangue n’existent pas sans ces hommes supérieurs. Et 
encore, je ne vous cite que quelques noms du XVII iéme 
siécle. 


En Espagne, jo suis partiouliérement beureux de vous voir 
citar les (Euvres Menendez y F clavo, m m ami distingue et 



le premier de ses coutemporains. Ne connaissez-vous pas les 
3 volumes de La Literatura española en el siglo XIX, Don 
Francisco Blanco (jarcia? (voilá que la langue espagnole 
revient sous ma plume malgré moi. Veuillez m’excuser de 
cet oubli, je reprenda en frangais) C’est dans le dernier 
volume de cet ouvrage que j’ai appris a eoimaitre la litté- 
rature de l’Uruguay, avec ses noms de Bartolomé Hidalgo, 
Francisco Acuña Figueroa, Adolfo Berro, Alejandro Marga- 
dnos Cervantes, Juan Carlos Gómez, et surtout votre gran 
Juan Zorrilla de San Martin, autaur du Tabaré, . , . ” 


De <v EL ATALAYA” 

“ * . . Los que hemos escuchado á Nin Frías, comprendimos 
una vez más su gran amor hacia la Helad e antigua, hacia la 
tierra bendita que desde hace treinta siglos espande su luz y 
su gloria sobre toda la humanidad y sobre todas las civilizacio- 
nes, como un inmenso sol cuyo ocaso no ha aparecido aun. 

Hemos visto hermanados dos sentimientos, dos religiones, 
dos amores en ese trabajo que tan bien pinta al autor. 

Allí están grabados su carino hacia la hermosura del arte, 
hacia la filosofía, hacia la virtud, y su cariño hacia la persona 
de Cristo, cuando entre los hombres era hombre también y hacia 
la doctrina que desde entonces dejó como herencia á la humani- 
dad. 

El intento de Nin Frias ha sido recordar á los jóvenes so- 
bre todo, el rasgo de heroísmo, precioso ejemplo de amor, de 
un amor capaz de grandes sacrificios, de aquel niño casi, hijo 
de un pastor evangélico, Gruillermo Lancaster Mac Laughlin, 
que sin acordarse siquiera del peligro, iba y venía entre las 
llamas y los escombros de un teatro incendiado, salvando á sus 



76 

hermanos, hasta que mal herido y cubierto por las ruinas cayó 
imposibilitado de proseguir su tarea y cayó para morir. 

Nada tenemos que añadir que adorne más la trente de aquel 
pequeño soldado á lo expresado por esta conferencia y á la co- 
rona que anteriormente á ella mil voces se han .encargado de 
tejerle, pero si queremos inclinarnos con respeto y amor pro- 
fundos ante la tumba de nuestro hermano Mac Laughlin mien- 
tras pasa murmurando en nuestra alma un cántico que ensalza 
su heroísmo. 

Montevideo , Año Yh l Súm. 261. 


Del General bucio U. IHIansiUa 

U E1 joven escritor uruguayo, cuyo último libro mencio- 
né en mis plumadas anteriores, me ha puestean un aprieto. 

Como así siendo notoria la consideración y estima que 
por Vd. tiene, pensará el lector. 

Es muy sencillo. Por los términos con que me ha con- 
signado su último libro u Nuevos ensayos de Crítica”. 

Dice así: “al cariñoso amigo cuyo recuerdo estará siem- 
pre ligado á los primeros encantos del debut de mi espíritu 
en las letras”. 

Así, pues, aun creyendo deber ser severo en la crítica, de 
lo que ya lo es,— no podría serlo. Me reata, y no poco, la 
simpatía afectuosa. Alo cual tengo que agregar que en buena 
conciencia literaria, — hallo, que Alberto Nin Frías ha reali- 
zado su ideal. 

Pensó “llegar ó no llegar”, como si dijéramos “ser ó no 
ser”. Ha llegado y es. Y lo es habiéndose apartado de los li- 
teratos plusquain-modernistas para su bien. 

Hacer la crítica de una critica, se me figura una albarda 
sobre otra albarda. 




De manera que á la tarea minuciosa de señalar perfecciones 
ó imperfecciones,— prefiero declarar redondamente que estq 
escidtor americano del Sur posee lo que se necesita para 
escribir bien “una facilidad natural y una dificultad adquirida”* 

Según mi sentir, hay en él abismos de sensibilidad, de 
donde manan recursos purísimos,— que solo pueden engrande- 
cer el alma del escritor. 

Dice él,— que mucho de lo que ha encontrado aproba- 
ción en sus escritos es el trato del amor fraternal. 


Luego ya tiene trazado el rumbo. Higa esa senda. EstápeP 
turnada. No puede faltarle el estímulo constante que es aplauso* 

Agregaré un consejo: no se prodigue tanto. Es decir, 
modere sus trasp one;. 

Y sí, como dice el hombre de la calle, no puede con- 
sigo mismo, por aquello de genio y figura hasta la sepultura, 
tiempo tendrá para declarar, y no en el monólogo silencioso, 
íntimo del retiro en la soledad, — sino “coram populo” como el 
conde Eobert de Moste ¡quien, en el prefacio de la nueva edi- 
ción revista y corregida de sus numerosas y selectas produc- 
ciones, tan llenas de su ecléctica y peculiar personalidad. 

Cuando yo ei’a joven, escribe él, he escrito muchas piezas 
que componen estos poemas. La mirada con que los reveo, gana 
en claridad lo que ha perdido en amenidad. Del error, que es á 
la vez un mérito en la juventud, provienen la prodigalidad desús 
dones, de sus cualidades y de sus defectos mezclados. Silos 
míos fueron la exuberancia y la complicación natural, en estos 
libros han hallado vasto campo. Era menester poner remedio en 
ello, sin privar la obra de su carácter. Espero haberlo conseguido. 

Hago mía una palabra final suya “le choix n’est que de 
l’áge mure”, — y aquí pongo punto redondo á este brevísimo 
mensaje de un espíritu cordial.” 


En “El Diario 


de Buenos Aires” 8 de Diciembre 19TJ; 


en “La Tribuna Popular” Diciembre, 1906. 




INDICE 


Elisée Réclus 

üenuelle H. Taine 

Angelo de Cmbernatis 

Dra. M. Práxedes Muñoz 

Miguel de Un amano 

“El Siglo” de Montevideo 

“El Día” de Montevideo 

“La Nación” de Buenos Aires 

“La Prensa” de Buenos Aires 

Revista Positiva de México 

María Eugenia Vaz Fer reira 

Francisco Alberto Schinca 

Federico Sclmlz Llamas 

l)r. Carlos Baires 

Manuel Nuñez Requeiro 

Leandro \rrarte Victoria 

Santin Carlos Ros si 

Julia Herrera y Reissig 

Eduardo Flores 

“El Atalaya” de Montevideo 

Rev. Juan Me. Carty 

Alejandro Lamas 

Casilda Rodríguez Varela 

“La República” de Santa Fé.Rep. Argentina 

Emilio Castelar y Cobian 

Benjamín Bourse 


Pagina 

3 

3 

4 

5 
5 
8 
9 
9 

10 

10 

11 

15 

20 

25 

27 

33 

37 

41 

42 

44 

45 
48 

47 

48 
41 ! 
53 



Í2ÍDÍCE PAGlHA 

Angel Carotini 54 

Manuel Nuftez Reqneiro 54 

Pedro P. Naón 55 

Víctor de Bollará 55 

Eugenio Díaz Romero 56 

Sociedad Positivista de Guatemala 5? 

Celedonio Nin y Silva 58 

Rev. Venancio Agnirre 59 

I)r* Jorge Damanorich 59 

Carlos Revles 59 

“El Estandarte Evangélico'* de Buenos Aii'es 60 

Miguel de Unamuno 60 

Sra. Dolores Martínez 61 

Prof. Orestes Araujo 62 

Dr. Mariano Soler 62 

Dr. Carlos B ai res 63 

Rcv. Otto A. Gossweilef 63 

Sta. Leonor Korticaa 64 

G. A. Zuviría 65 

El General Mansilla * 66 

La Tribuna Popular 67 

Herbert Spencer 68 

James Coates 68 

Rev. G. P. Koward 69 

John E. Thomson 70 

Prof. Víctor Giraiul 71 

Guillanme Bernard 72 

El Atalaya 75 

General Lucio V. Mansilla 76